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Rodríguez Zapatero: ese político intelectual se va

domingo 13 de noviembre de 2011, 20:06h
Era mi intención escribir un artículo para “El Imparcial” sobre la campaña electoral del 20-N. Hasta el último momento he estado dudando entre un texto en el que se hiciera una reflexión general, otro en el que se recogiera lo más sustancial de los días pasados, o bien, tercera posibilidad, un artículo centrado en un único aspecto, el más llamativo. Al final me he inclinado por esta última opción. Y, entre los dos elementos finalistas, después de una difícil selección, he dejado uno a un lado. Permítanme, sin embargo, que lo cite: la flagrante ausencia de la política exterior en el cara a cara entre Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy. Casi no se habló de Europa, ni tampoco de América Latina. Me pareció un pésimo signo, en un debate no brillante, pero que mostró a un Mariano Rajoy más convincente y seguro que su oponente. Debo decir que la ausencia de referencias a nuestros vecinos y al mundo me sorprendió más en el líder del PP que en el del PSOE.

Los gobiernos socialistas –los zapateristas, que no los de la época de Felipe González- han sido un desastre por lo que a la política exterior se refiere y siempre la han tratado como algo sin importancia. En cambio, Rajoy formó parte de unos gobiernos, entre 1996 y 2004, en los que se hizo un ingente esfuerzo para situar España en el mundo y, además, cuenta hoy en su formación con personas de primer nivel en este terreno, de Jorge Moragas a Gustavo de Arístegui.

Lo más destacable –llamativo, como decía más arriba, o alucinante, si se quiere- de la campaña electoral, a la espera de lo que nos depare esta última semana, ha sido un artículo de opinión que vio la luz en el diario “El País” a principios de noviembre. Si existiera un galardón que premiara al artículo más ridículo publicado durante estas precampaña y campaña electorales, el ganador sería, sin duda, Suso del Toro y su texto “Ese chico de León se va”. Ese chico de León no es otro que José Luis Rodríguez Zapatero, un gran político, un gran intelectual, un gran estadista, según nos cuenta su más seguro adorador. El artículo no solamente es ridículo sino que roza la bobería. El señor Zapatero es definido como “un regeneracionista español puro”, caracterizado por “su individualismo, ascetismo, reserva o sus buenas maneras”. Se trata, sostiene Del Toro, de un personaje con “fuertes convicciones”, un gobernante “valiente y audaz” en la primera legislatura, cuya “visión entusiasta militante de España le impidió reconocer los signos que aparecían”. Metáforas al margen, lo que supongo que quiere maquillar el escritor gallego es que fue incapaz, a pesar de todos los indicios y los avisos, de darse cuenta de que una fuerte crisis estaba enseñoreándose de España y ni la quiso reconocer, ni fue capaz de hacerle frente. Y así estamos.

Asegura también el articulista que, desde Suárez, “ningún presidente de Gobierno fue tan atacado”. Dos matices importantes se imponen aquí: en primer lugar, Zapatero ha sido el peor presidente del Gobierno desde la restauración de la democracia, lo que le ha valido lógicamente muchísimas críticas; en segundo lugar, no ha recibido más ataques de los que, en su momento, sufrió José María Aznar –piensen en todos los insultos vertidos contra él en la época de la guerra de Irak-, pero parece que insultar a un “progre” es más grave que hacer lo mismo con alguien de derechas. En nuestro país insultar a los políticos, por razones en las que ahora no puedo entrar, se ha convertido en otro deporte público.

Como quiera que sea, la guinda del pastel es una afirmación que puede ser calificada de abracadabrante: Rodríguez Zapatero “es un intelectual, pero un político intelectual que solo reconoce la autoridad que nace del voto”. Definir al actual presidente del gobierno de España como un intelectual no es únicamente un insulto a los intelectuales, sino un simple y llano insulto a la inteligencia. Por muchos esfuerzos que haga Suso del Toro, su amigo Zapatero no va a pasar a la historia ni como un gran político, ni como un gran intelectual, ni tampoco como un gran o pequeño político intelectual. Los socialistas, como estamos viendo día tras otro, no desean acordarse de él en campaña. Y los demás, más que hartos, esperan perderle de vista y no encontrarse nunca más con alguien como él y su tropa de pajines, aídos y compañía al frente de España. No se necesita a un político intelectual o a alguien que pretenda serlo. Lo que nos falta ahora, por encima de todo, es un buen político.

Jordi Canal

Historiador

JORDI CANAL es doctor en Historia y profesor en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París

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