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Sarkozy en España y en Francia

domingo 27 de noviembre de 2011, 20:26h
Esta semana el Rey de España, Juan Carlos I, ha concedido al presidente de la República francesa, Nicolas Sarkozy, el Toisón de Oro. Con esta condecoración, la más importante entre las que puede otorgar nuestro Monarca, se ha querido recompensar la colaboración del país vecino en la lucha contra ETA y, en especial, la implicación en este tema del que fuera ministro del Interior, antes que presidente de la República francesa. Aunque en la intervención del actual portavoz del Consejo de ministros español en funciones, José (a) Pepiño Blanco, pareció que se atribuía todos los méritos al Gobierno -como si ya no tuviera suficiente con el panorama nacional que nos ha dejado-, solamente al Rey de España le corresponde conceder esta distinción.

Sarkozy ha tenido un papel fundamental en el combate conjunto, hispano-francés, contra los terroristas y mafiosos de la banda etarra y contra su santuario en el sur del país vecino. No se puede decir lo mismo de todos los ministros del Interior y de todos los presidentes de la República de Francia. Costó bastante esfuerzo convencerles de que España se había convertido en una democracia y que ETA no luchaba por unas supuestas libertades, sino que utilizaba su nombre para matar, extorsionar y acobardar a la ciudadanía. El cambio de actitud se produjo durante el mandato, a ambos lados de los Pirineos, de los socialistas François Mitterrand y Felipe González. Y, en la etapa de gobiernos de José María Aznar, el trabajo conjunto se intensificó muchísimo, estando en la base de la derrota de ETA certificada en los últimos tiempos, bajo nueva gobernación socialista en España. La condecoración a Sarkozy es, en cualquier caso, profundamente merecida.

No ha sido, sin embargo, el único asunto que ha llevado al estadista francés, esta semana, a las páginas de los periódicos. Pasados ya los momentos de su flamante nueva paternidad, fruto de su matrimonio con Carla Bruni, las noticias sobre las elecciones presidenciales del año próximo empiezan a multiplicarse. Tras la presentación más o menos pública del candidato socialista François Hollande, vencedor de las primarias celebradas en su partido, y de Eva Joly, que va a encabezar las listas verdes, Nicolas Sarkozy parece decidido a entrar en campaña, aunque no se haya proclamado todavía candidato. En los últimos días ha aprovechado sus visitas a distintos puntos del territorio francés para lanzar algunos dardos envenenados contra sus oponentes, en especial en el terreno de la energía nuclear. Se lo habían puesto muy fácil los socialistas y los verdes con sus peleas, al poco de firmar una alianza, en torno a este tema la semana pasada. Sarkozy ha defendido las nucleares como fuente de energía principal y los beneficios, en término de empleos y economía, que de ellas se derivan, otorgándose la verdadera representación, frente a sus oponentes, de los intereses de la nación. Su alegato del viernes a favor del progreso y su rechazo a volver al pasado, a la época de la iluminación con bujías, ha sido muy comentado.

A Sarkozy le animan hoy un par de elementos. En primer lugar, el peso mediático de las elecciones internas del Partido Socialista Francés y la popularidad conseguida con ello. Un auténtico efecto de “hollandización”, se sostenía desde las páginas de “Le Figaro Magazine”. Hollande goza de una notable popularidad, a pesar de su reconocida y manifiesta inexperiencia de gobierno y desconocimiento de las relaciones internacionales (“demasiado hexagonal”, se ha afirmado en alguna ocasión). Antes, el salto al ruedo de Marine Le Pen, hija de su polémico padre, al frente del supuestamente renovado Frente Nacional, tuvo efectos, asimismo, de crecimiento de sus expectativas entre la población. También François Bayrou y los centristas preparan su presentación en sociedad. Sarkozy no quiere, en consecuencia, quedarse atrás.

En segundo lugar, el aparente auge en los sondeos de su propia popularidad, muy baja en los últimos tiempos. Algunos han hablado en Francia, en los últimos días, incluso, de “Sarko II”, de una nueva etapa y un retorno con fuerza del Presidente. El sondeo del semanario “Le Point” le otorga un crecimiento de más de 7 puntos. La cota de popularidad sigue siendo baja, pero parece que puede continuar aumentando. Aquellos que le daban ya por perdedor, muerto y enterrado, han visto con sorpresa este renacimiento. Su actividad internacional, tanto en el conflicto de Libia como sobre todo en el galimatías europeo, al lado de la canciller alemana Angela Merkel, tiene buena parte de responsabilidad en este cambio de tendencia. La aproximación a François de Villepin parece descartar, asimismo, la anunciada candidatura de éste tras el proceso Clearstream. Cierto es que no va a ser fácil olvidar los errores clamorosos de la primera etapa de su mandato, pero Nicolas Sarkozy va a batirse hasta el final para seguir en su puesto y para poder desarrollar –esta vez, al parecer, de verdad- las reformas previstas y prometidas.

Jordi Canal

Historiador

JORDI CANAL es doctor en Historia y profesor en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París

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