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El euro frente al dólar

viernes 02 de diciembre de 2011, 21:17h
El dólar nació con los Estados Unidos hace más de docientos años, mientras el euro nació recién en los años noventa como parte de la integración europea que se inició en 1957 y que hoy recibe el nombre de Unión Europea (UE). Actualmente la UE está integrada por 27 naciones, 17 de las cuales adoptaron el euro como moneda común.

Pero el proceso del cual proviene el euro es mucho más antiguo que los años noventa. Si quisiéramos remontarnos al “trauma histórico” que le dio origen, tendríamos que retroceder a 1914, el año en que estalló la Primera Guerra Mundial. Antes de ella, Europa dominaba el mundo. Como consecuencia de la Primera y de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Europa perdió su hegemonía, que fue a parar a los Estados Unidos. Hoy podríamos decir que las dos guerras mundiales del siglo XX fueron en el fondo los dos capítulos de una “guerra civil europea” que tuvo por protagonistas a Alemania y sus aliados de un lado y a Francia, el Reino Unido y sus aliados (entre ellos, Estados Unidos) del otro.

Hemos hablado del “trauma histórico” que dio origen al euro porque hacia los años cincuenta del siglo XX las principales naciones europeas, al caer en la cuenta de que por sus querellas intestinas habían perdido el centro de la escena mundial, quisieron volver a él mediante un proceso de integración cuyo rasgo más saliente fue, precisamente, la creación del euro como una unidad monetaria continental que, suponían, rivalizaría con el dólar.

La moneda es el espejo donde se mira cada nación. Cuando Europa creó el euro, se miró en él con orgullosa anticipación porque parecía anunciarle su regreso al podio de las naciones. Hasta la crisis económica mundial de 2008, el optimismo de los europeos parecía fundado. Desde el mirador de la Unión Europea parecía razonable anotar, incluso, que Europa había sido anterior a las naciones que la componen y que, según escribió Julián Marías, así como las regiones de Castilla, León y Aragón “se habían salvado en España” en el siglo XV, España “se salvaría en Europa” en el siglo XX porque volvería al regazo materno. Lo mismo había sugerido el maestro de Marías, José Ortega y Gasset, en su “Meditación de Europa”.

Pero también hubo dificultades en la magna empresa de construir a Europa porque sus naciones circulan a velocidades diferentes. Una de ellas, Alemania, cree en el rigor monetario y fiscal. No les ocurre lo mismo a las demás.

Si hemos recordado que el intento por unir a Europa provino de un trauma histórico, sus dos “guerras civiles”, también hay que recordar que el rigor alemán proviene de otro trauma histórico, la pavorosa hiperinflación de 1923 a resultas de la cual se disparó, finalmente, la locura nazi.

Los países que hoy acompañan a Alemania en la Unión Europea no sufrieron este mismo trauma. El contraste entre la severidad monetaria de una nación y la tolerancia monetaria de las demás se refuerza cuando advertimos que los Estados Unidos sufrieron en la crisis mundial de 1930 un trauma inverso al alemán: no ya la “hiperinflación” sino la “hiper-recesión”. Cada país alberga en su memoria un “miedo mayor”. El miedo mayor de los alemanes es la inflación. El miedo mayor de los norteamericanos es la recesión. Por eso al estallar la crisis actual, mientras a Obama no le importó emitir moneda sin límites para evitar que se le cayera la economía, para Merkel continúa siendo inaceptable aflojar la disciplina monetaria.

Pero el poder monetario de Merkel y el de Obama no son comparables. Obama puede emitir dólares y devaluarlos sin temor porque el resto del mundo aún acepta la moneda norteamericana como si fuera su propia moneda de reserva. Por seguir su propia vocación antiinflacionaria, en cambio, Merkel apenas si consigue disciplinar al resto de los europeos, que miran con cierta simpatía la “mano blanda” norteamericana porque a todos ellos les vendría bien esa devaluación que les resulta imposible, apretados como están por el corset del euro.

En tanto que los europeos no consiguen mirarse sin preocupación en el borroso espejo del euro, los norteamericanos se contemplan sin dificultades, al menos por ahora, en el espejo del dólar. Ni aquellos ni éstos han dejado de inquietarse, empero, ante la sombra del gigante chino que se cierne detrás de sus espaldas.

Mariano Grondona

Doctor en Derecho

MARIANO GRONDONA es Abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires

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