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CRÍTICA

Martha C. Nussbaum: Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades

domingo 11 de diciembre de 2011, 13:28h
Martha C. Nussbaum: Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades. Traducción de María Victoria Rodil. Buenos Aires/Madrid. Katz. 2011. 199 páginas. 16,50 €
Este libro se ha redactado en un contexto muy distinto del español, pero, en última instancia, apunta a un problema común: la pérdida de nivel en la comunicación social. La diferencia estaría en que Estados Unidos es el país hegemónico que ha conseguido con éxito compensar un sistema de educación secundaria, peor que la de la mayoría de los países europeos, con un sistema universitario que sirve como ejemplo a nivel mundial. En parte, este éxito se debe a la actividad de sus laboratorios, medida por las patentes que aporta, pero también es verdad que en la universidad estadounidense se da un ideal de humanidades que se pueden cultivar en los primeros años de la vida universitaria. Pervive en la sociedad norteamericana la creencia de que la democracia requiere ciudadanos que sepan argumentar y logren que la vida en común tenga una envergadura intelectual. Esto se plasma en un currículum de humanidades que es concebido también como la preparación del futuro ciudadano. La convivencia política no debería ser el resultado de una masa domesticada por los medios de comunicación o la propaganda de los partidos. Al contrario, debe moverse por un proceso de concienciación y de deliberación donde los ciudadanos puedan hacerse cargo no solo de sus propios intereses sino de las posiciones del otro. Independientemente de que los resultados en la política estadounidense sean desiguales desde este punto de vista, el ideal está claramente entronizado en la concepción de la enseñanza superior.

Sin embargo, este ideal se encuentra amenazado por el peso de las ciencias y la realidad del mercado donde las universidades, sobre todo las privadas, tienen que moverse. En verdad, se pueden observar los mismos peligros en Europa, por cuanto la aplicación del proceso de Bolonia se da bajo la conciencia de que el ideal de una Universidad para todos rebasa las posibilidades del erario. La presión no será tan fuerte, pero el impacto del mercado se deja notar y en los próximos años de penuria probablemente aumentará su peso. Al tiempo, tampoco está de más observar que en el sur de Europa la participación en la vida política es muchas veces deficiente y el alegato introduce aportaciones culturales oportunas que se pueden aplicar en los planes de estudio y que tienen que influir a la larga en la marcha de la sociedad.

Sin detenerse especialmente en Europa, la perspectiva de Nussbaum trasciende el contexto estadounidense. Conocedora sobre todo del caso de India, Nussbaum teme que la creciente valoración de la ciencia en Estados Unidos sea paralela a un modelo de educación que entienda que ésta se debe centrar exclusivamente en la mejora del nivel de vida. Por el contrario, entiende que es importante una forma de educación para la democracia. Y esta educación incluye la capacidad de razonar cabalmente, de admitir los derechos de los demás, de juzgar las situaciones críticamente y, a la vez, con madurez y con realismo, de superar los intereses particulares sean de región o de nación, etc. Admito los valores, pero no estoy seguro que se puedan enseñar como asignaturas. Realmente, se tienen que mostrar en las prácticas de la sociedad y ésta muchas veces se comporta de manera muy distinta de lo que afirma que son sus valores.

Sin embargo, creo que es importante la defensa que emprende Nussbaum de la educación universitaria para el hombre medio. Pero en este punto se oculta un malentendido. Todo lo que se recibe de la sociedad emancipa, pero a la vez restringe. Son conocimientos que tienen un fin social y por ello su asunción, independientemente de que de suyo sea interesante, impone la aceptación de una lógica con la que se puede llegar al otro y a la vida común. Eso cuesta un sacrificio. Pero este es necesario. Incluso diría que el desarrollo de una sociedad no se logra a la larga creando una casta de científicos de alto nivel, sino con el ascenso de nivel cultural medio que se aprecia en la lectura y la capacidad de comunicación escrita. Las exigencias de una sociedad moderna son tales que cada vez más vemos que figuras cuyas funciones se habían ejercido de una forma vertical en los años cincuenta o sesenta del siglo pasado (arquitectos, médicos, notarios, altos funcionarios) cada vez más dependen de equipos, cuyas prestaciones dependen de la competencia media de sus integrantes. Aquí, pienso que la amenaza no solo proviene de los intereses del mercado y de la financiación del sistema universitario, sino de una coyuntura donde la cultura oral amenaza con sustituir a la comunicación escrita y donde existe un bajo nivel en las humanidades.

Veo más el peligro que las soluciones. La educación universal es un logro de una civilización ilustrada pero los defectos de aquélla en la actualidad son grandes y solo se combaten en ámbitos donde la transmisión de cultura se pueda hacer de una forma más personalizada. Si bien el sistema apoya la educación de todos, en realidad unos, pero no todos, pueden aplicar las pautas que el sistema comporta. Ciertamente, por encima de la enseñanza está la situación del individuo. Hoy desde luego cuenta con mucha información y el uso que le de a ésta dependerá mucho de él mismo. Se puede concebir una sociedad de excelentes trabajadores que no tengan necesidad de otras culturas, mucho más porque el proceso de complicación del trabajo que cada vez requiere más de la atención del individuo se compensa con formas de simplificación de la vida cotidiana. El libro tiene además el interés de presentar de manera sucinta personalidades que han contribuido a ese modelo de educación liberal que muchas universidades estadounidenses promueven. Sócrates, Rousseau, Winnicott, Tagore, o Dewey son algunas de las figuras que de una forma breve pero ágil pasan a constituir un canon para una educación política del ciudadano democrático.

Finalmente, es importante la perspectiva global que tiene este trabajo de Nussbaum por la que la enseñanza, sea secundaria o superior, debe permitir la comprensión de personas que provienen de otras culturas. Desde luego, el proceso de globalización es imparable y tiende a apoyarse en una nueva cultura común.


Por Jaime de Salas
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