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Atacar la corrupción

sábado 17 de diciembre de 2011, 18:54h
Uno de los objetos más queridos de mi estancia en México como corresponsal del Financial Times entre 1978 y 1984 que guardo en mi oficina es un trozo de cobre montado en un bloque transparente con las palabras “La solución somos todos” del entonces presidente, José López Portillo, para conmemorar la inauguración de una mina. Esta eslogan rápidamente se transformó entre la población antes del fin de su mandato en “La corrupción somos todos.”

A juzgar por las noticias en la prensa todos los días, España está llegando a tal extremo. Ni el yerno del Rey, Iñaki Urdangarín, se ha escapado de acusaciones.

La única organización que mide la corrupción cada año es Transparency International, y solo en el sector público. Su ránking de 183 países está basado en unas encuestas que intentan medir los niveles percibidos de corrupción. Por ser una actividad ilegal e escondida, es imposible ser preciso. En el último ránking, publicado este mes, España se mantiene en el puesto 15 de la Unión Europea y en el ránking mundial baja al puesto 31 de 30 en 2010.

Somalia, Corea del Norte y Myanmar (Birmania) son los países más corruptos del mundo y Nueva Zelanda, Dinamarca y Finlandia los menos. Por delante de España hay países europeos, como Alemania, Francia, Reino Unido, Bélgica, Austria o Irlanda, y detrás, como Grecia, Italia o Portugal.

La nota de España (6,2) sobre 10 (siendo el más cercano al 10 el país menos corrupto) está estancada desde hace tres años (6,1 en 2010). La mejor nota de España fue 7,1 en 2004, el primer año del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

“Seguimos viendo escándalos de corrupción y así no puede funcionar la convivencia ciudadana. Este es un momento histórico para que España salga de esta situación y entre en un momento mejor", incidió Antonio Garrigues durante la presentación del informe en la Fundación Ortega-Marañón, de la que es patrono.

No es casual, al menos en Europa, que la ausencia de transparencia y los mayores índices de corrupción se den en los países con más problemas en la crisis de la deuda.
De los cuatro países llamados PIGS (literalmente cerdos en inglés) en el acrónimo peyorativo inventado para Portugal, Italia, Grecia y España (Spain en inglés), España tiene el honor de ser, por los pelos, el menos corrupto en 2011 (las notas respectivas para los otros tres países son 6,1, 3,9 y 3,4).

La corrupción no es una cuestión ideológica: durante los casi ocho años de Zapaterismo los políticos socialistas y del Partido Popular han sido igualmente corruptos. El aumento de la percepción de la corrupción está relacionado con la locura de la construcción, y la razón del declive (muy pequeña desde 2010) se debe probablemente a la paralización de los proyectos urbanísticos.

La corrupción y la falta de transparencia están íntimamente ligadas. España sigue siendo el único país europeo que no tiene una ley de acceso a la información pública. La tienen todos los países europeos y España no puede seguir siendo una excepción. Es un tema de voluntad política y nada más.

Hacen falta otras medidas que urge tomar en tiempos de austeridad. Los españoles estarían mucho más dispuestos a apretarse el cinturón si estuvieran convencidos de la honestidad de la clase política y sus amigos.

El Comité de Dirección de Transparencia Internacional España ha elaborado una lista de reformas, entre las cuales están la creación de un portal nacional de transparencia pública; la exclusión de las listas electorales de los procesados por corrupción; la reforma de la legislación electoral para desbloquear las listas cerradas que presentan los partidos políticos; establecer la obligatoriedad legal de rendición y publicación online de las cuentas de los partidos políticos, incluyendo el detalle de sus cuentas electorales; aprobación de una ley para la protección al denunciante de prácticas corruptas e ilegales, tanto en el ámbito público como en el sector empresarial y respeto efectivo de los principios de mérito y capacidad, y eliminación de la libre designación y el cese discrecional en la Administración pública.

Gran parte de la población ve la clase política como parte del problema y no de la solución de lo malo del país. La asunción de estas reformas mejoraría su imagen mucho y contribuiría a la recuperación económica. ¡Adelante Rajoy!

William Chislett

Escritor

WILLIAM CHISLETT es escritor y colaborador del Real Instituto Elcano

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