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Podemos salir de la crisis y salir fortalecidos

lunes 19 de diciembre de 2011, 21:20h
Fe, esperanza y caridad son las virtudes teologales. Pero no se preocupen no hablaré de ellas. No soy yo el más indicado para hablar de virtudes, y menos teologales. Soy una duda con patas y además doctores tiene la Iglesia. Pero, quizás sí pueda decirles algo de la esperanza desde una vertiente no trascendental sino psicológica. Para sobrevivir el ser humano tiene unas cuantas necesidades físicas tales como, respirar, beber o comer; pero el hombre precisa para vivir de verdad la vida satisfacer otro tipo de necesidades. Necesitamos creer en algo o en alguien, necesitamos amar y ser amados. Son necesidades que van más allá de lo meramente físico, necesidades metafísicas, y ahí está también la esperanza.

Aunque para algunos la esperanza es un mal, una trampa para la felicidad, algo muy negativo para el psiquismo. Vean si no. En el Mahabbarata, el libro de la espiritualidad hindú, se puede leer: “Sólo es feliz el que ha perdido toda esperanza, pues la esperanza es la mayor tortura y la desesperación la mayor felicidad”. Nietzsche, un filósofo tan influyente como desesperado, decía: “La esperanza es, en verdad, el peor de los males, porque prolonga las torturas de los hombres”. Hay quienes piensan que son bienaventurados los que nada esperan, porque nunca sufrirán desengaños. Para otros, sin embargo, la esperanza es un bien, y así se advierte en Unamuno cuando afirma: “Espera, que sólo el que espera vive”. Y para Tales de Mileto, el primero de los filósofos: “La esperanza es el único bien común a todos los hombres; los que todo lo han perdido la poseen aún”. Es la misma idea que expresa otro clásico griego, Teócrito, con su famosa frase: “Mientras hay vida hay esperanza”.

Resulta contradictorio posiciones tan dispares, pero es que ocultan detrás concepciones muy distintas de lo que es la esperanza. La esperanza es algo negativo si supone pasividad y resignación. Pero la esperanza será un bien positivo si supone una actitud activa y luchadora, si trae implicación y compromiso por un ideal. La esperanza será negativa si supone, fundamentalmente, tener anhelos por satisfacer deseos y llenar carencias, rodeándose de riquezas. Pero será positiva si tiene mucho más que ver con el ser que con el tener, si es afán de autorrealización. La esperanza será negativa y será una trampa que nos aleja de la felicidad si nos lleva a una temporalidad predominante de futuro, porque nos alejará de vivir el presente y disfrutar de las pequeñas y grandes cosas que tenemos en el aquí y ahora. Pero será positiva si es motor para alcanzar un horizonte, para desarrollar un proyecto de vida.

Corren tiempos de crisis en los que vamos a necesitar mucha esperanza. Las crisis tienen un gran poder transformador para los individuos y las sociedades. Lo que no me mata me fortalece, decía Nietzsche. Podemos salir de la crisis y salir fortalecidos. Para ello hay que cultivar una esperanza realista que no niegue los problemas y las dificultades y que centre su atención en las fuerzas y en el potencial de superación. Y necesitamos líderes capaces de transmitir todo esto.

En la Psicología actual encontramos un concepto relacionado con la esperanza y que está de moda, es la “resiliencia”. Del latín “resilio” que significa rebotar. Es un término originario de la ingeniería que hace referencia a la capacidad de un material para volver a su forma inicial, una vez sometido a una presión que lo deforma. La resiliencia psicológica es la capacidad para sobreponerse a situaciones traumáticas, para resurgir de la adversidad y recuperarse. Personas con gran resiliencia son también aquellas que a pesar de haber nacido y crecido en condiciones deplorables se desarrollan psicológicamente sanos y superan circunstancias muy estresantes. Las personas con alta resiliencia tienen confianza en sí mismos, no temen a los cambios y no ven las crisis como amenazas o como obstáculos insalvables sino como oportunidades de crecimiento. Son decididos, capaces de ver en perspectiva y de apoyarse en los demás. En última instancia practican el optimismo y la esperanza.

Pero, ¿cómo se consigue ser así? Con la resiliencia parece ocurrir lo que con otras facultades donde hay interacción entre lo genético y lo adquirido. En parte se nace y en parte se aprende. La cuestión es: ¿Será Rajoy resiliente?
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