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Más allá de los quejidos: dejemos de criticar

miércoles 21 de diciembre de 2011, 21:41h
Dentro de pocos días nos llega de nuevo la Navidad y algo más tarde la Epifanía. Resulta que los cristianos, y por supuesto los católicos, creemos que en un momento dado de la historia Dios se compadece del egoísmo humano y decide salvarlo y liberarlo de verdad. Ya sabemos que, desde muy antiguo, los rituales de purificación humana atraviesan la cultura mundial. Pero en nuestro caso, añadimos un dato absolutamente desconcertante y misterioso, tanto que sólo es posible admitirlo en fe: la purificación llevada a cabo por Dios consiste en que ese mismo Dios se hace carne humana y en su humanidad adquirida elimina el egoísmo muriendo por amor fraterno.

Nuestro Dios solamente purifica, salva, libera, entregándose a la muerte y muerte de cruz, como dirá años más tarde de esa misma cruz su amigo Pablo. Ésta es la novedad: que no hay intermediarios, que es el mismísimo Dios experto en dolores, en abandonos, en desangramientos, en sepulturas. Ésta es nuestra fe y la fe de la Iglesia a la que nos gloriamos en pertenecer. Aquí. Hoy mismo. En esta España nuestra.

¿Tendrá sentido perder el tiempo en quejidos siempre repetidos precisamente cuando nos llega la Navidad? ¿Seremos capaces de ir de aquí para allá criticando a unos y a otros sin mojarnos nosotros primero en defensa de ese Dios que nace en pobreza, en sencillez, en abandono, en silencio, y precisamente así aparece como Príncipe de la Paz? Ya es hora de salir de este castillo egoísta y mediocre en que nos movemos para acercarnos al auténtico quejido humano, donde escuchamos el quejido divino. Y ahí dar el do de pecho. Y ahí criticarnos a nosotros mismos.
Más allá de los quejidos inútiles, está el quejido de nuestro Dios. En los demás.

Norberto Alcover

Profesor de la Universidad Pontificia de Comillas

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