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Vida más allá de la Tierra

Todo lo que ocurre en el cosmos apasiona al hombre. Nos llega la noticia del descubrimiento del planeta más parecido a la Tierra localizado hasta ahora. Ha sido bautizado como Kepler-22b y se encuentra a seiscientos años luz, orbitando alrededor de una estrella similar al Sol, y con posibilidades de agua en su superficie.

Un día es la posibilidad de vida más allá de nuestro planeta, otro el de la polémica sobre si las partículas subatómicas llamadas neutrinos pueden, o no, desplazarse más rápido que la velocidad de la luz y por lo tanto poner en cuestión la teoría de la relatividad de Albert Einstein, quien asentó un principio fundamental de la física modera: nada se puede desplazar más rápido que la velocidad de la luz.

El proceso de revisión científica es tan antiguo como permanente. Un gran astrónomo, Hans Kienle, escribió en el pasado siglo: “Al igual que Copérnico retiró a la Tierra del centro del cosmos y la relegó a una órbita alrededor del Sol, en este siglo el Sol –insignificante estrella enana entre miles de millones de estrellas de distinta luminosidad y color- fue transportado desde el centro del sistema estelar a una zona marginal. Para salvar al menos en parte las antiguas ideas, durante un tiempo se buscó un “sistema estelar local” dentro del gran sistema de la Vía Láctea, en el cual se incluiría el Sol. Pero este sistema es sólo una nube estelar suelta, irregular, similar a la que observamos en las regiones poco pobladas de la Vía Láctea”. Diagnóstico histórico espeluznante.

Habrá que colocar a Kepler-22b entre los más de quinientos planetas que orbitan alrededor de estrellas más allá del sistema solar y esperar que nos llegue algún día la confirmación de la existencia de agua – la fuente de la vida- en su superficie.

Con telescopios cada vez más potentes, como el especial Kepler de la NASA, que tiene tres años, instalados algunos de ellos en satélites artificiales, el hombre ha montado una vigilia permanente de las estrellas buscando dentro de la Vía Láctea planetas habitables como el nuestro. Las agencias de información han adelantado parte del estudio que se va a publicar en “The Astrophysical Journal” sobre Kepler-22b: tiene un tamaño aproximadamente 2,4 veces el radio de la Tierra y lo consideran como el primer hallazgo de un mundo potencialmente habitable que orbita alrededor de una estrella parecida al Sol.

Golo Mann, prestigioso historiador alemán, hijo de Thomas Mann, calificó a la astronomía como la menos humana de todas las ciencias, porque reduce a “casi nada” la existencia del hombre en el tiempo y en el espacio. Y valoraba el objeto de la ciencia astronómica, es decir, el conocimiento cada vez más nítido del mundo como proceso evolutivo, en el que nunca ha cesado de realizarse la creación.

La posibilidad de otros planetas habitados, como el que encarna Kepler-22b, forma parte de los sueños de la Humanidad, encarnados en la literatura y en el cine y que responden a una especie de solidaridad cósmica. Parece como si quisiéramos asegurarnos algún que otro valle de lágrimas.
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