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Crisis: cuando el deber ser se tambalea

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
En momentos de crisis se dice que la creatividad se dispara, la imaginación y todas sus formas se activan de una manera especial en las que todos los ciudadanos se convierten en artistas, pillos y supervivientes esforzados. De las grandes crisis surgen grandes inventos y nuevas formas. Este es un lugar común.

Pero en el día a día se observa por las calles como el deber ser que regía nuestra sociedad se ha desvanecido y es diana de todas las críticas. El centro de la diana al que todos tendíamos como un rebaño más o menos ordenado ha sido atacado frontalmente cuando los poderes públicos no han podido defender la arquitectura social que lo seguía y lo intentaba alcanzar con todas sus fuerzas, poniendo sus vidas bajo su servicio.

Las reglas que derivaban de ese deber ser por consiguiente también han perdido su legitimidad: sin fin, sin telos, no hay medios buenos ni malo. Se rompe la vara de medir, se difumina el horizonte ético que regulaba la vida colectiva y que se extendía a las vidas privadas.

¿Y entonces qué? Entonces resulta que los individuos se vuelven a mirar en el espejo y se ven diferentes. Miran a los que les rodean y ven nuevas facetas, nuevas inquietudes que antes pasaban más que desapercibidas: eran inexistentes.

La falta de legitimidad de los poderes públicos ante la obscena manifestación del poder financiero ha requebrajado mucho proyectos vitales, proyectos empresariales, pero, por retomar el lugar común, es quizá también la oportunidad de crear otro horizonte ético basado más bien en lo común y no en lo privado: basado en la solidaridad, en la comunidad, en la ética que es igual para todos en toda situación y no en el dogma al servicio de las finanzas que crea una mascarada de bienes y males que solo benefician que siga el juego en el que unos juegan y los otros creen jugar pero en esa partida, se la juegan.

El deber ser del liberalismo económico se ha demostrado profundamente egoísta, insolidario, injusto y generador de todas las desigualdades. Después de 30 años en que parecía que la clase media había superado la contradicción entre clases opresoras y oprimidas como si fuera el final de la lucha dialéctica en una especie de pacto social entre capitalismo y comunismo, hoy vuelven los antagonismos y se descubre la jugarreta.

Es el momento de generar nuevos 'deber-ser' y establecer un nuevo tablero para un nuevo juego donde la democracia no esté en juego, para que la justicia social no esté amenazada y para que todos juguemos en igualdad de condiciones, con igual información e igual libertad. Mientras tanto solo perpetuamos la representación de una alucinación que nos hace perder el tiempo, perder la vida.

El escultor en madera Jorge Palacios me envió esta cita como felicitación del año nuevo. Todo un himno: “No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis donde nacen la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar 'superado'”. Albert Einstein
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