www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Los Reyes Magos (II)

sábado 07 de enero de 2012, 18:58h
Escribió el profesor Jesús González Requena en un libro psicoanalítico sobre los Reyes Magos, que el rito exige de los padres una renuncia narcisista, “la de aceptar no ser ellos los protagonistas de los regalos”. Ellos ejercen el poder de regalar y a ellos el niño hubiera debido el agradecimiento. Pero, generosamente, motivan con su discurso que el niño admire, quiera y desee a unos personajes interpuestos que cobran una importancia inusitada, los Reyes Magos. El deseo de los padres se desvía presentándose como deseo cumplido de los hijos, del mismo modo que el futuro de éstos se querría incitado y aprobado por los padres con la aparente libre voluntad de los hijos.

Ese mito del futuro de las generaciones que vemos peligrar en los períodos de crisis y, por ello, necesitamos asegurar los ritos navideños, se desarrolla anualmente en un período exactamente medido. Durante dos semanas va creciendo la ilusión de unos y de otros; de los chicos ?que acaban protagonizando la fiesta, porque son el futuro? y de los mayores ?que pasan a convertirse, por arte de birlibirloque de una tradición familiar, en espectadores, cuando habrían podido ser actores. Si se instala en el hogar un belén o nacimiento, las figuritas de los Reyes Magos van avanzando día tras día hacia el portal, donde el niño Jesús puede no colocarse hasta la misma noche del 24 de diciembre. El belén no es, pues, una construcción escultórica fijada, sino la narración del mito originario, el discurso imprescindible (complementario o no) para que la nueva mitificación se construya. Y en períodos de crisis, decía, sentimos el peligro cernirse sobre el futuro de los hijos y, por eso, necesitamos reforzar el rito, insistir en los gestos que nos aporten, por referencia al mito, la tranquilidad que esperamos siempre encontrar al volver al hogar cada día, después del trabajo, y contemplar las figuras, siempre aparentemente frágiles, de los niños.

De ahí también la necesaria escenificación de la mañana de reyes. La distribución de los regalos por los muebles o junto a la ventana, las copitas de anís que los viajeros bebieron para quitarse el frío y que el hijo descubre levemente blanquecinas, los zapatos que sirvieron para ordenar la escena. Incluso la entrada de la familia unida en la habitación para que cada uno de sus miembros vaya siendo protagonista de la sorpresa y espectáculo para la pequeña comunidad.

Si con papá Noel la ilusión radica en el regalo, con los Reyes Magos se apoya en ellos. Más que regalar, los Reyes Magos se regalan. Los Reyes Magos son el propio regalo. De ahí, como luego veremos, la libertad, la igualdad y la solidaridad que esta fiesta contiene.

De la amplísima iconografía existente a lo largo de la historia de la pintura sobre los Reyes Magos, quisiera destacar el cuadro del sevillano Diego Velázquez. Vemos en su primer plano, y adorando al niño, un mago que no viste como rey, sino como hombre vulgar, normal si se prefiere, con una capa de burdo paño. Incluso es posible encontrar de nuevo esa capa marrón en el cuadro que conocemos como Los borrachos, o en alguno de los filósofos, bufones o pobres gentes del pueblo que el pintor gustaba retratar. Y me place destacarlo porque Velázquez comprendió bien que lo fundamental del rito no radicaba en el valor económico del presente, del regalo, sino en su significación. Los Reyes Magos no regalan dineros, sino significantes.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios