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RESEÑA

Isaac Rosa: La mano invisible

domingo 15 de enero de 2012, 13:13h
Isaac Rosa: La mano invisible. Seix Barral. Barcelona, 2011. 381 páginas. 19,50 €

El filósofo y político escocés Adam Smith acuñó la metáfora de la mano invisible a mediados del siglo XVIII para aludir a la capacidad autorreguladora que atribuía al libre mercado. En la obra de Isaac Rosa, los personajes intuyen también la presencia de una mano invisible, una organización desconocida que les ha contratado para que desempeñen los trabajos que hasta el momento han realizado en su vida laboral: albañil, costurera, empleado de cadena de montaje, administrativo, etc. Nada fuera de lo común, salvo por ciertos detalles que convierten la experiencia laboral de los trabajadores en un fenómeno de masas, de origen y consecuencias desconocidas para todos.

De los trabajadores que presenta Rosa en su novela ignoramos el nombre, la situación familiar y toda preocupación más allá de las directamente relacionadas con la rutina diaria de su puesto. Solo sabemos que, por razones desconocidas, un grupo de trabajadores de diferentes sectores ha sido contratado para desempeñar su labor en una nave industrial con el fin de entretener a los cientos de espectadores que cada día acuden en masa a contemplar cómo un albañil construye una pared para luego derribarla y volver a empezar, una costurera borda metros y metros de tela que acabarán en la basura o una teleoperadora realiza encuestas telefónicas cuyos resultados no integrarán ningún fichero ni tendrán más valor que el de dar realismo a la labor de la empleada de cara al auditorio. ¿Es esto trabajar? Si no hay producción destinada a la sociedad, ¿hay trabajo o solo representación del trabajo? En cualquier caso, representar un papel, ¿no es también un trabajo?

Estas cuestiones, y otras muchas, rondan la cabeza del mecánico mientras desmonta coches o del albañil mientras coloca un ladrillo tras otro. Todos son conscientes de que se les paga por realizar las mismas tareas que en anteriores empleos –bordar, levantar paredes, pasar documentos a ordenador, etc. – pero sienten que hay ciertas diferencias que cada uno explica según su experiencia y su visión del trabajo. A través de los testimonios de cada uno de ellos sabemos que la iniciativa de reunir a varios trabajadores en un polígono industrial con el fin de que unos espectadores los contemplen ha causado sensación en la sociedad: en los medios de comunicación, expertos del mundo académico y profesional debaten sobre qué está ocurriendo exactamente en el que es prácticamente el único escenario de la novela y en el que, para mayor misterio, están prohibidas las cámaras y los periodistas.

En la mayoría de novelas, el trabajo, la ocupación laboral de los personajes resulta un aspecto más de sus vidas; se presenta como un elemento adicional en la caracterización del personaje. En La mano invisible, los personajes solo trabajan, y mientras lo hacen reflexionan sobre las características de su puesto, su experiencia laboral y los sentimientos que les provoca su condición de costurera, informático o limpiadora. Isaac Rosa nos acerca de manera natural a los pensamientos más profundos de los trabajadores, mediante el empleo del conocido como estilo indirecto libre –aquel en el que se insertan en la voz del narrador enunciados propios de un personaje– que el autor maneja durante toda la narración con maestría y que contribuye a provocar cierta incomodidad en el lector ante las características –políticas, laborales, humanas, en definitiva– de la sociedad actual.


Por Lorena Valera Villalba

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