www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ESTRENO EN EL FESTIVAL DE TEATRO DE MÁLAGA

[i]El suicidio del ángel:[/i] Romeo y Julieta viajan a las entrañas de la locura

Este viernes se ha estrenado en Málaga el montaje teatral El suicidio del ángel, una reflexión sobre las enfermedades contemporáneas, literales y figuradas, que envuelven la relación de amor profundo entre los dos jóvenes protagonistas. La compañía Mu Teatro, dirigida por la surcoreana Eun Kang, adapta el texto de la dramaturga malagueña Aurora Mateos para ofrecer una obra metafórica y sensorial en torno a la aún indescifrable esfera de los trastornos mentales.
Los muros que separan a las personas se construyen con la materia de la enfermedad. Sobre este pilar se cimenta la obra El suicidio del ángel, estrenada este viernes en el malagueño Teatro Echegaray, en el marco del XXIX Festival de Teatro de Málaga.

A cargo de la compañía Mu Teatro, dirigido por la surcoreana Eun Kang sobre un texto de la dramaturga Aurora Mateos, el montaje propone un brillante juego entre la estructura clásica planteamiento-nudo-desenlace y las formas de expresión escénica más contemporáneas para encerrar en un triángulo de amor, tiempo y muerte a los dos jóvenes protagonistas.

Aicha (María Benítez) e Ilan (Pape Labraca). Ella es árabe. Él, judío. Los dos se lamentan ante un muro especialmente preparado para ellos y cuyo elemento atómico no es otro que la enfermedad. Aquélla que enfrenta, desde hace siglos e inmersa en un pozo de sinrazón, a dos culturas y también la que se esparce por las entrañas de Ilan y lo separa poco a poco del mundo y de Aicha.




El suicidio del ángel cuestiona la supuesta libertad actual para amar y ser amados y coge el testigo del Romeo y Julieta shakesperiano para sumergirse en la complejidad de la mente humana. La obra nace fruto “del dolor” de la autora al contemplar en primera fila la crudeza de los trastornos mentales y profundizar en sus raíces, sus consecuencias y, sobre todo, en el modo de vislumbrar cierto entendimiento hacia el enfermo.

Encima del escenario, la esquizofrenia que va haciendo mella en Ilan no se limita a situar al público en el burladero y dejar que mire, sino que lo atrapa, lo sumerge en su mundo y lo obliga a enfrentarse a una realidad amarga, incómoda, con un punto desagradable. Gracias a la impecable puesta en escena bajo la batuta de Kang y el trabajo de unos actores polifacéticos y más que creíbles, el turbio interior del protagonista aflora al espacio en el que se desarrolla la acción.

Mediante juegos de luces, música y efectos sonoros y la correcta interpretación de Simón Ramos y Elena Casanueva, que personifican la enfermedad de Ilan, el montaje alterna la relación de pareja de los protagonistas, en la que el texto y la acción moderada ocupan el primer plano, con los viajes del joven a la más absoluta oscuridad, momentos en los que la expresión corporal, los susurros y el surrealismo se apoderan de la trama.

Este equilibrio entre gestualidad y palabra perfectamente diferenciados pero integrados en un mismo todo armónico es la seña de identidad de Mu Teatro y convierte la aparente complejidad del planteamiento en una sencillez exquisita a la hora de enfrentarse a la historia desde la butaca.

La técnica de Kang incide en los movimientos, en expresar cada palabra del texto mediante la corporeidad y jugando con los escasos objetos que componen la escenografía. Una silla deja de servir como asiento para convertirse en un elemento de presión para el protagonista.

La utilización del espacio también sobresale en la obra, componiendo, con un simple trabajo de luces y un magistral cambio de registro de los actores, diferentes líneas de tiempo y desdoblamientos de la unidad espacial. En ocasiones, pasado y presente comparten tablas. Otras veces, el escenario se secciona y extiende, como si fuera un globo terráqueo dispuesto para su representación en un mapa, dejando a Aicha e Ilan en los extremos. Ellos hablan de forma confidente de punta a punta del escenario, porque aunque lo que se observa es que los separan varios metros, realmente están al lado. O quizás al revés, ellos creen que están cuerpo con cuerpo, pero la distancia entre ambos se cuenta en años luz.


Aurora Mateos, autora del texto, y la directora Eun Kang, tras el estreno este viernes.



El suicidio del ángel compone una metáfora del amor empotrado contra un obstáculo opaco, confuso e irracional, con ese ingrediente de identificación con personajes opuestos, de no instigar a un posicionamiento claro hacia ninguna de las partes que, aunque puede llegar resultar incómodo para el público, marca en buena medida la genialidad de una obra.

La obra supone un sobresaliente ejemplo de cómo un buen texto, bien trabajado, puede llegar al espectador sin grandes presupuestos. El sábado, el Teatro Echegaray acoge la segunda y última función de El suicidio del ángel en la capital malagueña.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Desarrollo Editmaker

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.