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Cuando los terroristas no se sienten derrotados

martes 31 de enero de 2012, 21:42h
Fuera del ámbito policial al menos, nadie sabe tanto sobre los entresijos de ETA e interpreta mejor su trayectoria en tanto que organización terrorista como el periodista Florencio Domínguez Iribarren, director de Vasco Press. El pasado sábado, con motivo de unos coloquios organizados en Madrid por el Máster en Estudios sobre Terrorismo que ofrece la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), recordó a todos los asistentes que la decisión de renunciar a la violencia, anunciada por los etarras el pasado mes de octubre cerró un ciclo, el de la derrota operativa de ETA que, por razones internas y externas a la misma, se había prolongado durante diez años. Una derrota operativa debida a la eficacia contraterrorista de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Pero Florencio Domínguez Iribarren también puso de manifiesto que el proceso de negociación entre delegados del Gobierno y dirigentes de ETA, desarrollado a partir de 2005, hizo que los terroristas percibieran unas expectativas políticas que neutralizaron el propio reconocimiento tanto de su debilidad interna como de los conflictos de intereses en el seno del nacionalismo vasco radical cuya consecuencia fue, a lo largo de 2011, que la organización terrorista aceptase abandonar el liderazgo del mismo en favor de Batasuna. En última instancia, el resultado de todo ello es que los etarras no se sienten derrotados, menos aún políticamente, e incluso han logrado introducir una agenda del final del terrorismo en la que de habla de los presos de ETA pero no de las víctimas de ETA.

Y es que el relato sobre el final del terrorismo es fundamental, como subrayó el profesor Antonio Elorza en el aludido encuentro, puesto que desde los sectores de la sociedad vasca en los cuales ha existido una subcultura de la violencia, amparada en la suerte de Síndrome de Estocolmo que ha afectado y afecta a otros segmentos de aquella población, se pretende una inversión de valores y la idealización postrera del terrorismo etnonacionalista. En estas condiciones, aplicar la teoría de juegos al comportamiento de los presos etarras, propuesta en dicho foro por el profesor Mikel Buesa, irremediablemente se resuelve en la sumisión individual al dictado del colectivo. Contrarrestar el relato de quienes han sido los terroristas y sus cómplices es un desafío para la democracia española.

Sin olvidar, en línea con advertido en esa misma reunión interdisciplinar dos prestigiosos profesionales de la lucha contra el terrorismo, Carlos López Lillo, inspector del Cuerpo Nacional de Policía, y César López, capitán de la Guardia Civil, que ETA no sólo no ha desaparecido, tampoco como amenaza, sino que mantiene entre treinta y cuarenta militantes disponibles, al igual que la logística de su actual estructura organizativa, confirmando que incluso se está reforzando a la espera de acontecimientos políticos. En este contexto, que ETA o alguna facción de dicha organización terrorista vuelva a optar por el uso de las armas es algo que se considera más o menos improbable, pero que ninguno de cuantos expertos intervinieron en el mencionado debate se atrevió a descartar en absoluto.
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Fernando Reinares es Catedrático en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rey Juan Carlos.
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