www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Tras el Congreso

Juan José Solozábal
martes 07 de febrero de 2012, 22:14h
Muchos hemos respirado aliviados ante la victoria por la mínima de Alfredo Pérez Rubalcaba en el Congreso de Sevilla. No sabemos si el PSOE va a ser capaz de la labor de recuperación que le queda por delante, pero hubiese sido un fiasco que el zapaterismo más estridente, representado sin duda por Carme Chacón, se hubiese impuesto a la hora de la sucesión del anterior Secretario General Rodríguez Zapatero.

Creo que es errado pensar que en una democracia una institución tan vital en ella como son los partidos políticos pueden escamotear la responsabilidad, y la verdad es que en el PSOE no se ha querido exigir la responsabilidad política a quien debería dar cuentas de la derrota tan estrepitosa que el Gobierno del partido ha sufrido en las últimas elecciones. Se ha preferido no entrar en detalles, dando por buena una explicación tan general como falsa, la crisis, “una racha mala”, un mal tiempo contra el que nada se ha podido hacer, salvo ofrecer medidas de contención y aguante. Parece anómalo este comportamiento, sin cobertura en una democracia. No es razonable que en un sistema en el que los ciudadanos están acostumbrados a la discusión de los asuntos públicos y a la confrontación política, a la crítica de los gobernantes, pueda aceptarse que el PSOE decida pasar de puntillas sobre una etapa de gobierno que ha llevado a la decepción a millones de votantes, que han preferido a otras fuerzas políticas o engrosar la abstención.

Ha podido pensarse que en una situación como la actual, en la hora de la derrota, sin un tiempo para que surgieran nuevos líderes y con las importantes elecciones andaluzas en perspectiva, no es precisamente el momento para ejercicios de catarsis o vuelcos arriesgados, que sin duda conllevaría el cuestionamiento del modelo de Zapatero. Y podría parecer como contradictorio que los dos contendientes a la secretaría general presentasen como programas de su partido una rectificación esencial de una línea política que tanto Rubalcaba como Chacón habían servido en el gabinete del anterior Presidente como ministros.

Me parece con todo que el PSOE no tendrá futuro sin corregir buena parte de lo que ha sido el periodo de Rodríguez Zapatero. Esto sin duda implica, ante todo, recuperar una solvencia y firmeza ideológicas que se echaron en falta durante el período anterior. Los cambios de política, pasando del keinesianismo a una política económica super conservadora ; la seducción por objetivos novedosos y efímeros, así en el terreno de la moral social; la obsesión por resolver contenciosos pendientes de la noche a la mañana y sin el necesario consenso, como la reforma constitucional o la profundización del desarrollo autonómico, quizás no han manifestado tanto una voluntad de atender a las necesidades cambiantes, consustancial a toda actuación política, cuanto una actuación vacilante sin unas referencias ideológicas de firmeza y convicción suficientes. Quedarán con todo, además de sus modos impecables, cosas importantes de la política del Presidente a su favor que no le podrán ser negadas, así por ejemplo, su empeño decidido contra la discriminación originada por prejuicios sociales y una línea de actuación en el problema vasco, esencialmente acertada, que considero, si lo puedo expresar en paradoja cervantina, a la vez prudente y valiente.

Siempre he creído que Rodríguez Zapatero era más que un socialdemócrata, un progresista radical. El problema finalmente de Rodríguez Zapatero era de credibilidad, difícil de lograr cuando no están claras las referencias en que asentar la conducta propia. Pues el Presidente solía actuar según una señas que no eran, para muchos, las reconocibles tradicionalmente en la izquierda española. Esta, llamémosla así, inconsecuencia ideológica, lastraba poderosamente la iniciativa política del Presidente y agravaba su responsabilidad en los momentos del fracaso de su gestión.

Veo entonces dos tareas fundamentales inexcusables en el horizonte de rectificación del PSOE. En el terreno ideológico, el partido debe dedicarse a la recuperación de la tradición pablista e institucionista de su historia. En otro orden de cosas, creo también mejorable el comportamiento institucional del partido, facilitando, en lo que de él dependa, el nombramiento de las personas más aptas e independientes en los cargos públicos del sistema constitucional. Estoy seguro que la consecuencia ideológica y la lealtad institucional plenamente recuperadas convertirán al PSOE renovado en lo que la izquierda moderada de este País reclama y el sistema democrático necesita.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios