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La reforma educativa, ¿ahora en serio?

jueves 09 de febrero de 2012, 21:34h
Habría que comenzar por preguntarse qué tipo de ministro de educación va a ser José Ignacio Wert, si de los de “pasaba por aquí y nos ha tocado el ministerio”; ilustres ejemplos hemos padecido como el mismo Rajoy o, antes, Solana o Rubacalba, o de los que han sido designados para llevar a cabo una política definida en razón de su formación, vocación, disposición y trayectoria profesional. El tiempo dirá. A juzgar por las declaraciones que hizo la semana pasada en la Comisión de Educación del Congreso viene con un plan cuyas líneas generales estaban en el programa electoral del PP.

Dedicó la mayor parte de su intervención a hacer un balance más bien desastroso de las enseñanzas no universitarias y de la urgencia de reformarlas. Dio una pista relevante de su visión de los problemas al subrayar con cifras que el problema no es de dineros públicos, lo que me parece acertado y valiente. No, la cuestión está en las materias que se estudian y cómo se concibe el proceso de aprendizaje desde que las asignaturas que el estudiante tiene que cursar hasta cómo se evalúa el resultado de las mismas. Ese complejo proceso compuesto de muchos fragmentos y en el que intervienen muchas personas suele tener una, digamos, “inspiración” general, una orientación que termina por contaminar todo el proceso. La Logse nació bajo la inspiración de la “motivación” y el supuesto de que el alumno debe aprender espontáneamente en gracia a no se sabe bien qué disposición amable a enfrentarse a los números, a los conceptos generales, a los mapas o las estructuras sintácticas. Cuando esta inclinación no aparece, ¡ay!, estamos perdidos.

El ministro Wert ha dejado claro que se trata de partir de una nueva inspiración general: la del esfuerzo, asumiendo la variable de que aprender cosas cuesta trabajo. Anunció el proyecto de reformar la estructura de la Educación Secundaria Obligatoria –por cierto que podría aprovechar la disposición reformista y cambiar también el nombre haciendo desaparecer ese desagradable término, “secundario”, que en castellano tiene el significado de segundón, término que, vistos los informes Pisa, ha resultado profético. En efecto, podría nombrarse el nuevo ciclo de tres años como de “segunda enseñanza”--. Pero yendo a lo que más importa, que no son las palabras sino las cosas, se anuncia la reforma del bachillerato ampliándolo a tres años. La duda que se despeja ahora es por dónde se hace la ampliación. Me parece un acierto que se haga por abajo, quitándole un año a la ESO. El bachillerato es el nivel de enseñanza en que al no ser “obligatoria” el sistema de evaluación puede aplicarse con rigor y discriminar a los estudiantes que desean estudiar de los que prefieren no hacerlo. Los catorce años como edad para empezar a estudiar “en serio” es sin duda más apropiada que los quince. La diferencia de un año en cuanto a la adquisición de hábitos de lectura, disciplina mental, etc., puede resultar decisiva.

Sin duda que este fue el anuncio estrella, aunque ya era conocido porque Rajoy lo había presentado como tema importante en su campaña electoral. Sin embargo es curioso que no fue el punto de su intervención que suscitó mayor atención. Algunos medios de comunicación subrayaron el anuncio de la desaparición de la asignatura “Educación para la ciudadanía” que Zapatero introdujo en los currícula de la ESO y su sustitución por otra que va a contener solo temas relacionados con la constitución española de 1978 y los valores y proyectos políticos que compartimos con Europa. Está bien, pero debería decirse que esto ya se hacía antes de que se enturbiasen las aguas de las ideas cívico-políticas en las aulas. Había una vez una asignatura que se llamaba “Etica” que impartíamos los profesores de Filosofía en 4º de la Eso (dos horas) y cuyo programa era una cosa bastante juiciosa en que los alumnos estudiaban las ideas políticas de nuestro entorno democrático, los derechos humanos y aquellas tradiciones filosóficas que habían hecho posible unas y otros. No es cosa de darle consejos a quien tiene a su disposición tantos buenos consejeros pero no estaría nada mal que se aprovechase la ampliación del bachillerato para desdoblar la asignatura de “Filosofía y ciudadanía” que ahora se imparte en 1º de bachillerato en dos, dejando los contenidos, de ciencia política para segundo y los temas de antropología, psicología, lógica, reflexiones sobre ciencia y técnica, con una fuerte orientación metodológica, para el nuevo primero, eso sí, ajustada al nivel de dificultad que sea adecuado a la edad del alumno.

No me queda espacio para comentar otras medidas y promesas que anunció el ministro. Pero no quiero dejar sin comentar una que parecía hacerle especial ilusión y que tiene, a mi juicio, esa carga utópica que suele hacer daño en los procesos de enseñanza. Me refiero al proyecto de bilingüismo español/inglés. Como desiderátum es inmejorable. Pero con los mimbres con que trabajamos, y que el ministro conoce perfectamente porque citó recurrentemente “Pisa” y otros informes, me temo que muchos de nuestros estudiantes van a seguir fracasando, sólo que ahora fracasarán en dos idiomas.

José Lasaga

José Lasaga

Doctor en Filosofía

José Lasaga Medina es Catedrático de Filosofía.

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