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Los errores de Victor Orbán no son solamente un problema húngaro

Izabela Barlinska
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ibarlinskaelimparciales/11/1/11/23
lunes 13 de febrero de 2012, 22:06h
El gobierno húngaro ha recibido múltiples reprimendas de la Unión Europea por no respetar la división clásica entre el poder legislativo, ejecutivo y judicial. El acusado en este caso es el primer ministro Victor Orbán, pero una acusación semejante podría ser dirigida a algunos otros políticos en la Europa del Este, quienes, a pesar de la experiencia del socialismo real, tienen la tendencia a identificar la democracia con el poder del partido del gobierno, que controla todas las instituciones del Estado. De la historia de sus países conocen sobre todo los gobiernos autocráticos y, como en su mayoría siguen estancados en el pasado, perciben el Estado nacional como el poder del partido del gobierno, es decir, de ellos mismos. Así es el caso del partido Fidesz en Hungría, que tiene una abrumadora mayoría de dos tercios en el parlamento, y puede cambiar la constitución sin prestar atención a la oposición.

Ha sido un gran merito de la Unión Europea el de haber contribuido poderosamente a lograr que, a diferencia de lo que ha ocurrido en la Rusia de Putin o pudo ocurrir en la Yugoslavia de Milosevic, el contagio de autoritarismo no haya proliferado en los que fueron los países satélites de la antigua Unión Soviética. Hasta el año 2004, estuvieron sometidos a una severa disciplina como parte del proceso de acceso a la Unión Europea. Luego, llegaron los beneficios económicos por haber sido aceptados como miembros de la misma.

La UE se ha convertido para ellos en una institución normativa. Al entrar en la UE, recibieron subvenciones para su agricultura y el desarrollo de sus infraestructuras, pero al mismo tiempo contrajeron la obligación y el compromiso de respetar y observar los tratados europeos. El acuerdo es muy claro: los países miembros renuncian a una parte de su soberanía nacional a cambio de participar en las decisiones sobre los asuntos de toda la comunidad. Siguen siendo independientes en su política interior, pero ésta es, al mismo tiempo, una parte de la política de la UE y debe ser conforme con los standards acordados por el conjunto.

Parece obvio, pero quizás la lección que todos debemos aprender de Ala cuestión de Hungrí[email protected] es que merece ser recordado más a menudo el hecho que la UE no es solamente una unión económica, sino también, y sobre todo, una comunidad de standards de moral pública y de normas democráticas.

Izabela Barlinska

Politóloga

IZABELA BARLINSKA es Doctora en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid e investigadora asociada de Analistas Socio-Políticos

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