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Crítica de arte

Chagall: color y optimismo

martes 14 de febrero de 2012, 21:13h
La larga vida de la que pudo disfrutar Marc Chagall, muerto a los 98 años en 1985, debió de nutrirlo de cantidad de experiencias que enriquecieron su obra, a lo que también tuvo que contribuir sobremanera su contacto con diferentes corrientes artísticas. Pese a verse imbuido por su tiempo, su trabajos rezuman un estilo propio basado en la expresividad y el colorido del que emana optimismo. El Museo Thyssen ofrece hasta el 20 de mayo la oportunidad de contemplar la primera gran retrospectiva del artista que se organiza en España.
En la Historia del Arte, bien es sabido que las dos guerras mundiales supusieron un antes y un después en el modo de concebir la pieza artística. La llegada de las vanguardias del siglo XX supuso la irrupción de una corriente ajena a lo académico que proponía una manera diferente de relacionarse con la obra de arte, que dejaba de plantearse como un encargo para adoptar una mayor consideración intelectual.

Marc Chagall, pintor bielorruso fallecido a los 98 años, fue uno de los artistas que vivió y desarrolló su trayectoria artística por aquellos años influido por las corrientes artísticas de cada una de las etapas comprendidas entre 1887, año de su nacimiento, y 1985, fecha de su fallecimiento. Aquel contacto con el Impresionismo, el Dadaísmo, el Surrealísmo y el Cubismo, entre otros estilos, tuvo un impacto en su obra, como también lo hizo sus propias experiencias vitales, marcadas por dos matrimonios, uno con su amada Bella y otro con su asistente Virginia, así como por la persecución de los judíos, creencia que profesaba y que le condujo irremediablemente al exilio en París y Berlín.

La rareza que caracteriza a Chagall tiene que ver con que logró desvincularse de toda corriente, pese a haberse visto influido por ellas. Lo consiguió mediante un estilo expresivo y colorista, que no hace sino despertar el optimismo de quien contempla sus trabajos. Así lo sentirá el visitante que se acerque a contemplar su obra en la exposición que ha organizado el Museo Thyssen hasta el 20 de mayo con el aliciente de tratarse de la primera retrospectiva del artista en España.

Pero no es la única institución en participar, ya que la Fundación Caja Madrid acoge una segunda parte de la exposición, en la que se pueden ver sus trabajos realizados entre 1948 hasta 1985, mientras que las datadas entre 1909 y 1947 las acoge el Thyssen. En total, han sido reunidas 165 piezas procedentes de centros de arte como el Pompidou de París o de colecciones particulares como la de la familia del artista.

La variedad de temas que maneja Chagall en su ideario artístico contrasta con elementos y figuras comunes en muchas de sus obras. Así ocurre con la cantidad de ellas en las que es posible distinguir paisajes salpicados por casas con cubiertas a dos aguas, vacas que sobrevuelan la escena, seres alados o figuras de hombres y mujeres en primer plano en tamaño reducido respecto al resto de la escena. En definitiva, un universo imaginativo que no deja lugar a dudas sobre su interés por representar un mundo en el que todo es posible.

En el apartado del recorrido titulado Rusia: fuentes y tradiciones destacan dos visiones de una misma persona, su esposa Bella, en Bella en el puente, lienzo en el que la dibuja de pie casi en equilibrio sobre un puente, y Las fresas o Bella e Ida en la mesa, en la que la representa sentada a la mesa en una postura poco natural acompañada por la hija de ambos, quien adopta un actitud hierática. Tanto en una obra como en otra resulta evidente el poco interés de Chagall por ser fiel a la perspectiva.

En Desnudo rojo levantado, Los tres y medio. El poeta y La habitación amarilla, un jarrón, una botella y una mesa, respectivamente, están a punto de caerse invitando a imaginar que los seres representados acaban de experimentar, por así decirlo, un temblor de tierras. En estas pinturas ya comienza a evidenciarse su rica paleta cromática, lo mismo que en A Rusia, a los asnos y a los demás, en la que, además, hay una connotación surrealista evidente.

En la sala dedicada a Lo sagrado y la poesía es posible cerciorarse de su interés por experimentar con diferentes técnicas y medios artísticos. Lo demuestran los gouaches sobre papel en los que dibuja dos desnudos con posturas anatómicamente antinaturales, así como el óleo sobre cartón Vendedor de periódicos, en el que deja parte de este soporte visible para sacar partido de sus características y añadir valor a la obra.

En la titulada Sueño y realidad, el recorrido propuesto por el Thyssen permite toparse con dos autorretratos del artista bien diferentes. Mientras en Autorretrato delante de la casa, el pintor se dibuja a sí mismo de frente, pulcramente vestido, con nariz aguileña y cabellos dorados ondulados, en Yo, Marc Chagall, el autorretrato con ‘tefilin', para el que utiliza acuarela, pastel y gouache sobre papel adherido a cartón, parece querer representarse con un significado más psicológico que físico con dos estrellas de David casi imperceptibles, entre otros elementos que lo acompañan.

Otro ejemplo de lo ya dicho sobre el modo en el que este artista se sirvió de los materiales de los que dispuso para elaborar sus trabajos es Sobrevolando Vitebsk, para cuya ejecución utilizó lápiz, tinta china, gouache, acuarela, grafito y lápices de colores sobre cartón. También lo es la serie de grabados Almas muertas, en la que se sirvió del aguafuerte sobre papel para llevar a cabo la técnica de impresión, y la titulada Jean de la Fontaine. Fábulas, compuesta por aguafuertes retocados con gouache para aportarles color.

Antes de contemplar las obras enmarcadas en el tema La Biblia y Palestina, en torno al que han sido reunidos trabajos de temática religiosa como dos inspirados en la ciudad de Jerusalén, el recorrido hace fijar la atención del visitante en dos lienzos destacados: Desnudo sobre Vitebsk y La novia de las dos caras , que comparten la visión que inspira la mujer en el artista, en uno mediante un desnudo y, en otro, a través una figura femenina con dos cabezas como si de un alter-ego se tratara.

El último apartado de la primera parte de esta exposición, titulado Lo sobrenatural, ayuda al visitante a configurar su idea sobre la esencia de este peculiar artista, poseedor de un universo fantástico difícil de catalogar, en el que no faltan mujeres con cabeza de gallina o farolas con piernas, entre otros insólitos personajes y escenas. En definitiva, una exposición que se presenta en la oferta cultural como todo un descubrimiento, aunque sólo sea porque logra despertar los sentidos y la imaginación de quien se adentra en sus salas.

Información sobre la exposición:

Fechas: del 14 de febrero al 20 de mayo

Horario del Thyssen: de martes a domingo de 10:00 a 19:00 horas, sábados de 10:00 a 23:00 horas.

Horario de la Fundación Caja Madrid: de martes a domingo de 10:00 a 20:00 horas. Lunes cerrado.

Precio: entrada general 9 euros y reducida, 6 euros. La entrada a la segunda parte de la exposición, en la Fundación Caja Madrid, es gratuita.
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