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La carrera hacia el Eliseo (II)

jueves 16 de febrero de 2012, 21:17h
Con la entrada oficial de Nicolas Sarkozy en la carrera presidencial, la campaña presidencial francesa entra en una recta casi final. Casi porque las campañas tienen sus dinámicas y algunos acontecimientos pueden cambiar, sino el conjunto, por lo menos el desarrollo de la campaña. Ya hemos escrito anteriormente que todo parece indicar que Nicolas Sarkozy será derrotado y que François Hollande tiene todas las posibilidades de ser el próximo presidente de la República francesa.

De François Hollande, he señalado en Le Figaro del pasado 8 de febrero, que corre el riesgo de “zapaterisarze”, es decir de limitar su socialismo a algunos cambios cosméticos o simbólicos y de tener que ceñirse a una política económica austera. Le falta, pero es una característica de todos los partidos socialistas europeos, una visión coherente y completa de reforma del sistema económico y social actual. Los socialistas franceses han dejado de ser social-demócratas pero aún no se han reinventado. Hollande merece seguramente ser elegido presidente porque el fracaso de Sarkozy es completo (tanto económico como político). Los socialistas pueden llegar al gobierno porque el fracaso de Sarkozy es el fracaso de su partido y de sus diputados. No hay que olvidar que la UMP (Unión para un Movimiento Popular) de Sarkozy ha perdido todas las elecciones intermediarias (regionales, municipales, al Senado, europeas) lo que ha fragilizado las bases electorales de Sarkozy. Su debilidad actual en los sondeos registra este retroceso profundo de la UMP en toda Francia. Los grandes barones socialistas son ahora mismo grandes electores que han preparado la victoria del candidato Hollande.

Esta alternancia previsible será meramente mecánica. Y aquí está el problema francés. Desde 1981, Francia es el país más inestable en sus orientaciones políticas. ¿A qué se debe esta desorientación? El problema es una profunda crisis de confianza y de auto-estima. La sociedad francesa – según algunos sondeos la más pesimista del mundo – se cree confrontada a unos problemas insuperables. Y nos hemos auto-convencido del carácter anacrónico de nuestro modelo social, de la bomba de relojería que sería la diversidad cultural francesa debida a los grandes flujos migratorios. Algunas cifras económicas reflejan un deterioro relativo de Francia pero muchas otras realidades nos siguen situando en las primeras plazas de la competición internacional.

Necesitamos un “choque de confianza”. Sarkozy no puede proporcionarlo porque ha dividido la sociedad francesa. Y vuelve a la carga. Su pre-declaración de candidatura (una entrevista en Le Figaro magazine este fin de semana) es una estrategia de crispación del debate público con afirmaciones claramente derechistas para reagrupar su campo. ¿Es esta una estrategia presidencial? Pienso que Sarkozy ya ha integrado la derrota y que solo le interesa el control de la derecha francesa después del 6 de mayo. El cálculo es más que arriesgado porque dejará la derecha muy tocada.

Hemos afirmado arriba que el socialismo europeo carece de proyecto político articulado a una reforma económica creíble. Puede ser que la derecha francesa carezca también de proyecto político e ideológico. Estamos en crisis. Estamos desorientados… Las ideologías democráticas están agotándose. Puede ser que 2012 sea, como lo afirma en un libro que acaba de publicar el politólogo Roland Cayrol (Tenez enfin vos promesses. Essai sur les pathologies politiques françaises, Fayard), nuestra última oportunidad…
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