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CRÍTICA

Albert Boadella: El retablo de las maravillas

domingo 19 de febrero de 2012, 18:29h
Albert Boadella: El retablo de las maravillas. Edición de Milagros Sánchez Arnosi. Cátedra. Madrid, 2011. 336 páginas. 10,80 €
La conmemoración el pasado año del cincuenta aniversario de la creación de Els Joglars, convirtiéndose en la compañía teatral europea más longeva, evidenció la escasez de estudios, investigaciones y ediciones críticas de los excepcionales textos del grupo impulsado por Albert Boadella. Sin subsanar plenamente esta inexplicable laguna, las ediciones críticas realizadas por la profesora Milagros Sánchez Arnosi de cuatro textos teatrales de Els Joglars: Controversia del toro y el torero, La cena, En un lugar de Manhattan y El retablo de las maravillas –publicados todos en Cátedra-, con excelentes introducciones explicativas y notas críticas, han paliado una parte importante de esa desafortunada desatención editorial y académica ante uno de los hechos teatrales de más categoría no solo en el ámbito español sino en la escena internacional.

La elección de las obras llevada a cabo por Sánchez Arnosi resulta particularmente significativa al poner de relieve cuestiones fundamentales de la evolución más reciente de la compañía catalana, que se halla inmersa en una continua renovación interna. Refleja ante todo que Els Joglars no representa solo un fenómeno escénico crucial para el teatro español en la segunda mitad del siglo XX, sino que ocupa un lugar igualmente preeminente en la creatividad escénica que se está produciendo en la España actual del siglo XXI: nos equivocaríamos radicalmente si pensásemos que Els Joglars es cosa del pasado y no una realidad viva que aún tiene mucho que aportar a la dramaturgia de la nueva centuria.

Los textos ahora investigados y reeditados constatan un cambio muy revelador: la compañía catalana concibe ahora sus textos en castellano. Es cierto que en el proceso de creación colectiva y ensayos, utilizan indistintamente el catalán y el castellano sin ningún tipo de prejuicio, pero la realización de piezas en español ha facilitado que Albert Boadella y su grupo se distancien de conflictos específicamente catalanes, como los expresados en Ubú president, La increíble historia del Dr. Floit y Mr. Pla o Daaalí, obras en abierto conflicto con lo que Boadella ha denominado “el delirio endogámico” catalán para ensanchar de forma extraordinaria el ámbito de sus preocupaciones y darles una dimensión mucho más universal. Simultáneamente a esta reorientación se ha puesto en marcha una nueva mirada de Els Joglars a los clásicos de la literatura española, y muy particularmente una relectura de Miguel de Cervantes, llevada a cabo en El retablo de las maravillas y En un lugar de Manhattan. La singularidad y la vitalidad de esa reorientación general y su renovado impulso creativo carecerían de una visión de conjunto sin las ediciones críticas de Milagros Sánchez Arnosi.

Entre ellas, es particularmente reveladora El retablo de las maravillas, ya que entra en un diálogo sumamente productivo con el teatro de Cervantes. Albert Boadella mantiene en su pieza el título original cervantino en lo que supone un auténtico homenaje al autor en quien se inspira. Todos recordamos cómo en el célebre entremés, Miguel de Cervantes recogía un cuento satírico documentado en obras muy distantes en el tiempo como Las mil y una noches, El Conde Lucanor, Till Eulenspiegel o El traje nuevo del Emperador, de Hans Christian Andersen, donde los estafadores obligan al público a fingir ver lo que no existe, porque el objeto exhibido tiene la mágica propiedad de no ser visualizado por aquellos que sean hijos ilegítimos o bastardos. Obviamente, nadie ve nada, pero finge que sí en una aparente alucinación colectiva. La genialidad y el peligroso atrevimiento de Cervantes consistieron en añadir, en su entremés, que el maravilloso –e inexistente- retablo de Chanfalla y de Chirinos no lo podrían ver ni los hijos bastardos ni tampoco los descendientes de judíos conversos. Esa nueva condición constituía un ataque ferozmente satírico contra los Autos de limpieza de sangre de la Santa Inquisición, la arrogancia de los castellanos viejos y el pavor generalizado de la población, dispuesta a ver lo que fuera necesario ver. Albert Boadella retoma el espíritu crítico que había animado a Miguel de Cervantes atacando verdades vacías que se imponen socialmente sobre una colectividad intimidada.

Hoy no estamos amenazados por el Tribunal de la Inquisición. El poder cambia de rostro y de manos, pero no modifica su naturaleza manipuladora y coactiva. El “retablo” de Els Joglars perpetúa el espíritu cervantino dando un gran salto adelante en el que se muestra, no ya a Sansón en el Templo, sino a Escrivá de Balaguer, a José María, un artista experimental, al chef Ferran Adrià y a los políticos Felipe González y José María Aznar. La obra de Boadella se transforma así en una pieza radicalmente iconoclasta. Siguiendo la doctrina del creador de la Comedia, Aristófanes, cada uno de estos personajes representa el Eiron, es decir, el protagonista indigno que es necesario desenmascarar. Una seta alucinógena permite a los héroes cervantinos avanzar hacia el futuro para ser espectadores de un desternillante episodio donde Escrivá de Balaguer experimenta un tremendo ataque de pánico escénico que le impide recibir a sus seguidores, de modo que su ayudante presenta en el escenario a: nadie. Un “nadie” donde todos ven a Escrivá de Balaguer moverse, dialogar, dar sabios consejos, levitar y hacer milagros. Los desperdicios reunidos al azar por un disminuido psíquico son expuestos como fabulosas obras de arte posvanguardista en una galería que los cobra a precios exorbitantes. Ferran Adrià oferta comida “deconstruida”, en la que el alimento ha desaparecido y las ganancias se han disparado, y Felipe González, ante la falta de credibilidad de Rodríguez Zapatero, se empeña en adoctrinar a José María Aznar para que diga lo contrario de lo que piensa. En todos los casos nos encontramos con una radical libertad de conciencia para realizar una feroz crítica contra el degradante arte de manipular hasta crear realidades tan ilusorias como rentables.

Pero no nos engañemos. La diana última contra la que dispara Boadella no es Ferran Adrià o Felipe González, sino el público que está dispuesto a dejarse engañar por falta de llevar a cabo un ejercicio crítico. En tal caso, es el propio público quien se convierte en el verdadero títere de este “retablo de las maravillas”. Albert Boadella no se ha rendido a un Cervantes arqueológico y erudito, sino que, lejos de cualquier academicismo, ha retomado su fuerza crítica adaptada a la circunstancia del siglo XXI. Este Retablo de las maravillas deEls Joglars es una muestra muy elocuente del nuevo rumbo de la compañía de Boadella y de su presencia central en la creatividad escénica española de ahora mismo y del inmediato futuro.


Por Rafael Fuentes
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