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Calderón hoy: Actualidad del universo barroco

lunes 20 de febrero de 2012, 21:26h
Vienen estas líneas a propósito de la representación de la obra de Pedro Calderón de la Barca En la vida todo es verdad y todo es mentira que la Compañía Nacional de Teatro Clásico ha estrenado hace unos días en el Pavón de Madrid bajo la dirección, fiel al original a la vez que creativa, de Ernesto Caballero. Es de justicia añadir que ha contado con la asesoría de Antonio Regalado, el mejor conocedor de la ingente obra de Calderón, como atestigua las más de mil quinientas páginas de su obra Calderón y el espíritu de la modernidad.

Hablar de la “actualidad” del mundo del barroco sería acaso un anzuelo para justificar una recomendación de la obra si no fuera porque el título de la misma, perfectamente acorde con su contenido, nos sugiere, a poco que reparemos en él, que expresa un tipo de realidad que se aproxima mucho a la que disfrutamos hoy: en efecto todo lo que nos cuentan en los telediarios, lo que vemos en las pantallas de plasma, en las minúsculas de los teléfonos móviles o en las intermedias de nuestros ordenadores, todo, repito, es a la vez verdad –ahí están las formas, los rostros, las voces, los mensajes-- y todo es mentira en su propio devenir camino de la nada, urgido por la siguiente imagen que ya expulsa a la anterior. En suma, sugiero al lector que pruebe a pensar si no es apropiado describir la realidad virtual que habitamos –tomando la expresión en sentido literal y analógico— diciendo que en ella todo es verdad y todo es mentira.

La obra escenifica la duda profunda a la que se ve sometido un tirano, Focas, en la tesitura de tener que elegir entre dos muchachos, uno puede ser su hijo; el otro hijo puede ser del emperador que destronó y por tanto el heredero que le deslegitima. A uno lo busca para amarlo al otro para matarlo. No hace al caso comentar la trama tan ingeniosa como verosímil a la que recurre el genio poético del autor, muy bien trasladada a la escena por el montaje, sino el trasfondo de ideas y formas que aproxima asombrosamente la obra a nuestro presente.

Asombro ante la próxima imagen que va a herir nuestra retina, sorpresa ante la fragilidad de las cosas y las personas, mudando continuamente en esas grandes avenidas por donde deambulan masas a la deriva, metáfora clásica de otro deambular por las páginas de la web o por los canales de TV. Y al mismo tiempo la urgente, imprescriptible necesidad de certidumbres en el amor, en el trabajo, en los viajes, en las diversiones y, los ricos de la tierra, en las inversiones. Ante la desesperación de no poder saber cuál de los dos mancebos es su hijo y cuál el de su enemigo decide recurrir a la ciencia –entonces magia—de un mago que promete resolver el acertijo. Los protagonistas se ven sometidos a un viaje imaginario con estancia en un maravilloso palacio donde lucidas señoritas y un servicio esmerado satisfarán todas sus necesidades, así del cuerpo como del alma. El recurso evoca el episodio central de La vida es sueño y surte un efecto semejante: permite descubrir el fondo del corazón humano en cada uno de los muchachos sometidos a la prueba. Aunque el experimento fracasa en cuanto a la finalidad que ansía Focas de salir de una duda que literalmente le está matando, él, hombre de Estado acostumbrado a tomar decisiones que se vuelven verdad por el poder que las sostiene, no lo hace por cuanto provoca el desenlace de la obra que no es menester contar aquí.

No es el menor de los aciertos que el director, que optó por una caracterización intemporal de los personajes, que no habría chocado al propio Calderón, elija unos atuendos absolutamente modernos, casi postmodernos, como llegados desde un futuro que es nuestro presente. El mago los envía a una realidad virtual de hotel-resort de cinco estrellas y campo de polo de donde decaerán encontrándose al cabo del sueño con sus burdos ropajes de todos los días. Y tampoco lo es la introducción de un micrófono muy años veinte cuando el príncipe Federico declara la guerra a Focas. Calderón da una magnifica lección de realismo político a su rey Felipe IV, ante quien se estrenó la obra: cuando el poder enferma, la noticia vuela. El micrófono convertido en un signo de nuestra modernidad política subraya la intemporalidad de las relaciones de poder y la tentación fascistizante que le es esencial, al margen de las ideologías.

Proliferación de signos, razón de Estado, duda vital alimentada por un mundo en ebullición en el que la magia-técnica aleja a los dioses haciendo que el azar desplace a la Providencia. Y sin embargo y aunque el diablo anda suelto el bien tiene su oportunidad en la jornada. Este es el universo que recrea la obra de Calderón. No dejen de verla. Hacía más de cien años que no se representaba.

José Lasaga

Doctor en Filosofía

José Lasaga Medina es Catedrático de Filosofía.

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