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Sano

La sal

Hasta ahora, si decíamos de alguien que era muy salado, pronúnciese "salao", al estilo de los políticos, o que tenía mucho salero, estábamos dando a entender que se trataba de una persona con la que daba gusto estar, divertida, con gracia; en cambio, llamarle a alguien "soso" equivalía a proclamar su condición de ciudadano aburrido, muermo, triste...
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