Noche relevante en la ribera del Manzanares. En juego el lustre del estatus recién adquirido por el Atlético de Madrid como candidato legitimado para escalar la cima de la aristocracia del balompié tradicional continental, y, además, el pase a la segunda fase de la presente edición de la Liga de Campeones en un grupo tan competido como indigesto. No en vano, a estas alturas de calendario todavía no hay un club que ejerza el rol de líder de grupo y dominador del mismo.
Por todo esto y debido a que el entrenador visitante es un icónico ex madridista que ha derribado los complejos de humildad sureña de una institución griega que ya obligó el pasado ejercicio a estirar hasta el extremo la capacidad competitiva del Manchester United, el duelo de este miércoles representaba la enésima piedra de toque para testar la evolución del equipo rojiblanco en la asimilación del aumento de calidad recibida en el mercado estival.
Apostó Diego Pablo Simeone de inicio por el esquema con el que ha superado la adolescencia su proyecto. Gabi y Tiago como ordenadores tácticos, Koke y Raúl García en el papel de de interiores que creen líneas de pase y labren el rocoso muro de la medular colchonera y Mandzukic ajustando su figura a la movilidad del migrante Diego Costa. Para la banca quedaba relegada, una ocasión más, la clase y creatividad de Griezmann y Cerci. La asociación inteligente con la pelota sobre el césped quedaba arrinconada ante la intensidad y físico en el primer envite decisivo de la temporada.
Michel, que denegó toda posibilidad de comparación entre el potencial de los suyos y el de su rival de esta noche, estableció un sistema ordenado, destinado a no ceder y crecer con el paso de los minutos con el cimiento de las efervescentes transiciones comandadas por el renacido Affelay, el talento natural del “Chori” Domínguez y la puntiaguda astucia del goleador Mitroglou. El centro del campo quedaría sembrado por una red musculada dispuesta con N´Dinga como principal roca. Roberto regresaba al Calderón bajo el paraguas de una dupla de centrales conocida -Botía y Abidal- y que adolece de sufrimiento ante la velocidad del oponente.
Con este paisaje arrancó un duelo de presión y de altura de la línea defensiva como elemento de inflexión. El cabezazo de Mandzukic que Roberto envió a saque de esquina esbozó una suerte de toque de corneta que los pupilos de Simeone asimilaron como el resorte idóneo para reflejar sobre el césped un despliegue similar a la primera media hora de los pasados cuartos de final que eliminó al Barça de Messi y Martino.
Con un esquema de ayudas y solidaridad en la presión en campo ajeno, el Atlético ahogó con presteza la seguridad visitante y, con ello, toda opción de salida limpia de pelota. Además, identificada la principal fisura del oponente por el sector del lateral zurdo Masuaku, Juanfran ocupó desde el arranque la plaza del extremo derecho con Arda Turan trazando desmarques al espacio en banda con vehemencia sistemática. Fruto del trabajo de esta situación el registro de oportunidades creadas en el primer resuello de choque llegó a nueve.
En el cuatro, el lateral diestro envió al área sin encontrar remate de Mandzukic por muy poco; instantes después, Gabi realizó un chut tras despeje de la zaga visitante sin encontrar portería; Koke surgió para buscar las cosquillas a Roberto en un centro chut sin consecuencias en el 12 de juego; el testarazo desviado de Godín tras saque de esquina compartió minuto; Resurrección repitió disciplina de remate para probar suerte en el 16; un centro raso y venenoso de Ansaldi desde la izquierda no encontró al punta croata de milagro.
El avance en tromba se cerró en al borde del minuto 30. La pizarra con amague en el saque de una falta lateral y en el remate al primer palo -con conclusión final muy desviada de Tiago- mostró el nivel de comodidad de un Atlético dominador por incomparecencia de la consistencia sugerida por los de Michel en jornadas precedentes. Minutos después, pasada la media hora, Raúl García ejecutó una tijereta sin éxito que recalcó el bagaje espiritual local.
Fue este último el encargado de abrir el marcador en el 9 de envite. Una de las múltiples paredes de seda dibujadas entre Arda y Juanfran que culminó con un centro del lateral mal despejado por la zaga griega ejerció de caldo de cultivo para el tanto de apertura. El envío in extremis de Roberto fuera de su área fue recogido por el ex de Osasuna que, controló y volvió a centrar para encontrar el pié de Raúl García para significar el primer tanto. El ardoroso arranque colchonero tomaba cuerpo con el primer tanto. Ni rastro del Olympiakos

Las líneas en repliegue griegas se deshilachaban ante el amanecer de las dudas en las coberturas. Gabi, Arda y Juanfran llevaron con elegancia la frenética salida ofensiva rojiblanca, que lució, además, una fluidez asociativa notable. El desajuste entre líneas en el repliegue griego con inferioridad en las bandas quedaba al descubierto sin disimulo.
Del balón parado llegó la primera oportunidad del equipo visitante: un córner lanzado por Domíguez que, tras un despeje de la zaga madrileña, remató en volea desviada Abidal. Corría el minuto 22 y se cerraba la mochila ofensiva helena en el primer acto. No conseguían trazar posesiones, siquiera horizontales, que sacudieran el mando local. Los redundantes intentos en largo para que Mitroglou bajara la pelota morían como alimento de Godín y Giménez.
Perdonó Mandkuzic la sentencia prematura en un mano a mano tras error garrafal de cohesión y concentración de la zaga visitante en el 35 para sollozo de una grada escéptica con el rendimiento goleador del croata. Sin embargo, un guiño de la fortuna tapó el borrón anterior. En el 37, Mario cazó sin oposición una pifia de Botía terrible en el despeje al primer poste. La propuesta de tensión competitiva y la ausencia de respuestas en ambas fases del juego de los helenos dejaban el duelo visto para sentencia antes del descanso. Michel debía luchar para recomponer la deshilachada confianza griega. Inferior en todo aspecto del juego.
E intentó con rapidez encontrar un pico en la inercia de los suyos. Implementó un doble cambio antes de la reanudación: Kasami -desborde y velocidad ofensiva- y David Fuster -remate- tomaron el relevo de un desacertado Affelay y un desconectado en el equilibrio de los suyos, Maniatis. Simeone sentó a Tiago por problemas físicos para dar entrada a Mario Suárez. Así pues, movía ficha de voluntad atacante Michel.
Se desperezó el segundo acto con una falta lateral botada con pimienta por Koke en el 52 que Roberto logró sacudirse con un despeje no exento de fortuna. El Atlético no había cedido una pulgada de su presión a toda cancha y el Olympiacos se veía abocado a reflejar el mismo despliegue previo. Mandzukic confirmaba el escenario en el 59 de juego con un remate que no encontró su meta por despeje de Botía. No parecía haber hueco imaginable para revertir el dominio de los espacios y el ritmo colchonero. Mitroglou estrenó presencia ofensiva con un cabezazo demasiado cruzado pasado el primer cuarto de hora de la reanudación.
Pero el partido convertido en exhibición de fuerza rojiblanca no encontraba freno. Un nuevo esbozo de finura entre líneas de Arda Turan con recepción, giro y centro al segundo poste, encontró la testa de Mandzukic que, esta vez sí, ganó legitimidad de cara a portería ajustando su remate a la cepa del poste del impotente Roberto. Tres a cero incontestable con media hora por jugar y el liderato en plena consecución efervescente. Daba fe de este último adjetico el cuarto tanto del partido, o hat-trick del rematador croata. Un centro a balón parado de Gabi encontraba su cabeza en envío picado al fondo de la red. Corría el minuto 65.
Simeone entendió entonces que el duelo había concluido en su indefinición inicial y sentó a Arda Turan para que el Calderón rindiera tributo a su genio. Raúl Giménez recuperaba otra oportunidad para sumarse a la inercia de seguridad en el rendimiento colectivo. Mandzukic corrió la misma suerte en la opinión de la tribuna al dejar su puesto a Griezmann en el 70. Michel completó sus sustituciones retirando el talento apagado y maniatado de Domínguez y otorgando minutos a Bouchalakis.
Quedó abocada la batalla en su epílogo a la pugna por el brillo de los recién incorporados en el bando local -Griezmann no encontró portería tras el centro del voluntarioso Ansaldi en el 75- y la lucha por el amor propio visitante en explícita mezcla por el deseo del advenimiento del final de los 90 minutos con el ritmo en coherente anestesia. Y éste arribó con la parsimonia del duelo inter pares arrasado por uno de los contendientes. El Atlético manejó su versión enriquecida de intensidad y toque bajo las riendas de Arda y Koke y encontró, al fin, el olfato de Mandzukic para lanzar su candidatura y su progresión en esta Liga de Campeones.