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LIGA DE CAMPEONES - SEGUNDA JORNADA: ATLÉTICO 1 BAYERN 0

El Atlético desespera al Bayern y se lanza en Europa | 1-0

miércoles 28 de septiembre de 2016, 22:39h
Actualizado el: 29/09/2016 03:20h
El Atlético desespera al Bayern y se lanza en Europa | 1-0
El gol de Carrasco reafirmó la autoridad colchonera. Estadio Vicente Calderón

Jugarse el porvenir todavía en septiembre podría parecer una descripción de situación un tanto pretenciosa. Pero no resultaba tan alejada de la realidad para Atlético y Bayern. Ambos colosos, inmersos en el punto de despegue del curso, afrontaban esta empresa precoz, de dura altura, con el primer peldaño del grupo D en el horizonte. Si se atiende a ediciones pretéritas de la Liga de Campeones, concluir en la cima la primera fase se torna en epígrafe de (casi) obligado cumplimiento. Por tanto, los teutones (ocho de ocho, arranque en récord histórico de la entidad) y los colchoneros (que no han hincado la rodilla todavía) medían el punto de cocción de sus transiciones (de técnico, los visitantes, y de estilo, los locales) escudriñando sus actuales pedigrees de mejores defensas de Europa (uno y dos tantos concecidos hasta la fecha). Todo ello bajo la atmósfera de las frescas cuentas pendientes y la dimensión de constituir el primer combate neurálgico del campeonato más elitista de clubes.

 


Diego Pablo Simeone leyó esta cita clave, este primer capítulo de la trama que se cerrará en Munich, como lo que era, el test nuclear de su intento de viraje estilístico. Por ello, deshizo el doble pivote exento de destrucción con que que goleó en Liga y acompañó a Saúl con Gabi. Koke fluctuaría por delante, como interior (rol también extensible a Ñíguez) y Carrasco abriría el campo desde la cal. Griezmann, desde su escaño predilecto, el de segunda punta, completaba una ofensiva en la que Torres bailaría al espacio y en estático con los zagueros. La retaguardia, ancestral, abrigaría a Oblak y, en su perfil lateral, ejercería como tapón y avanzadilla de superioridades que generaran centros al área (una argucia compartida por ambos púgiles). El crecimiento en la gestión del balón y su coherencia con la consistencia en repliegue cedería focos ante la primaria pulsión competitiva que exacerba el Calderón. Este miércoles se trataba de recordar el estatus arrancado a la aristocracia y cultivar un paso suavizado de camino a octavos. Gaitán, Gameiro y Correa transmutaban su voluntad a la de revulsivos. El nivel de tensión y ritmo impuestos marcaría la profundidad de la mixta idea del Cholo.

 

Carlo Ancelotti avanzó en la previa que tratarían de imponer su paleta alegre de juego y contrarrestar la presumible intensidad oponente igualando los vatios. Para lograr propósitos aparentemente inconexos, apostó por la calidad y sufrimió físico. Hummels no llegó a tiempo y Javi Martínez ejercería como pareja de Boateng. Serían Thiago y Vidal los encargados de sostener y crear un sistema clausurado y engrasado por Xabi Alonso. Como en Chamartín, Vidal habría de uniformarse de Di María si no quería que su colectivo se viera expuesto a la fiera contra madrileña. La ruptura de líneas sigue siendo el fantasma primordial del bloque bávaro. Lahm y Alaba actuarían como carrileros amenazantes, con el as de Kimmich en el banco. Lewandowski y Müller fijarían la estructura, con Ribery como elemento desequilibrante. La pelota debía ser alemana, según su hoja de ruta, y la vigilancia tras pérdida, un aspecto elemental para mandar sin padecer. La proclamada metamorfosis hacia la verticalidad y la relativización del toque estático quedaban en suspenso ante una trinchera como la atlética. Robben, Coman y Renato Sanches aguardarían turno de inicio, con vistas al cauce por el que discurriera el partido.

 

Se alzó el telón de la mitigada contraposición de estilos con un desafío posicional mutuo. Las defensas yacían muy adelantadas y la presión a toda cancha causaba estragos cual soga. La reducción de espacios se hizo palmaria y el envío en largo tomó la escena ante la imposibilidad de trasladar el cuero por vía terrestre. La disparatada intensidad desplazó a la técnica en el primer cuarto de hora para desplegar un críptico intercambio de imprecisiones y evidencias de respeto, o lo que es lo mismo, ninguna querencia por arriesgar. Así, el transcurrir del minutaje fue pintando de granate el cuero, con dificultades pero con firmeza, y la posesión empezó a pertenecer al líder de la Bundesliga. Pero el subcampeón europeo no iba a encerrarse tan fácilmente y en este prólogo se describieron las líneas argumentales de los contrincantes: cerrarían, por colapso, la parcela central, conduciendo al rival hacia el envío parabólico exterior e intercalarían la horizontalidad con el ataque directo según la tesitura. La penalización y amortización hambrienta del desatino ajeno también compartía jurisdicción.

 

Con el tempo más domado y sin que cayera en un gobierno nítido del Bayern, hubo de ser la exigencia táctica local la que descorchara el pentagrama de llegadas. Un deficiente control de Martínez, víctima de una emboscada, entregó la pelota a Torres en el área alemana. Recortó el anunciado titular pero el vasco se rehizo y taponó el intento -minuto 12-. Acto y seguido aconteció la respuesta del gigante: un despeje defectuoso rojiblanco se topó con la distinguida imaginación de Thiago. El internacional español ideó un hueco en el centro de la zaga local y lo materializó con un pase sedoso y aéreo que ofreció un mano a mano a Müller. Oblak repelió, entonces, la opción más seria de un Bayern que divagaba de lado a lado sin saborear más optimismo ofensivo que el infructuoso balón colgado hacia los centímetros de sus dos rematadores. El modelo asociativo no rendía y las superioridades buscadas por Ribery-Alaba y Thiago-Lahm se apagaba desactivadas por la red de ayudas local.

 

Había cedido metros un tanto el sistema de Simeone, que hasta entonces sólo concedió a la posesión de Ancelotti un buen sustento de densidad en triangulaciones inocuas, cercenadas del último tercio de terreno. Y, en torno a 20, como si el enfrentamiento estuviera sujeto al dictado del patrón local, multiplicó su jerarquía en el juego, contaminó la comodidad alemana con el cuero hasta que la discusión por la posesión supusiera una enmienda a la totalidad y alzó el ruido energético. De tal manera, el equilibrio del Bayern empezó a verse comprometido, pues la incipiente deflagración española por ráfagas al contragolpe estaba desestabilizando la espalda de su medular. Alonso daba síntomas de no dar a basto en las coberturas, desnudo sin ayudas, y Carrasco, Filipe y Koke crecían en el devenir. El cambio de dirección del viento se torno tangible en el 19, cuando una presión local, que ganó los rechaces en la frontal alemana, fue traducida por el extremo belga en una conducción paralela al área y salpicada de amagues, que confluyó en el chut raso que Neuer sacó por mor de sus reflejos. Hasta seis piezas rojiblancas olisqueaban la segunda jugada en el corral teutón. El dominio local en la ocupación de los espacios y los duelos ya no era interpretable.

 


El Bayern se revolvía, buscando la anestesia en estático para congelar el respingo rival, pero no alcanzó su propósito, pues cada imprecisión accionaba una transición que exponía la endeblez sistémica alemana. La amenaza atlética persuadió a la ambición visitante, que empezó a contemporizar para no verse dañado. Sin embargo, la asimetría de pasión y ejecución, amén del envoltorio táctico, generó fugas tras pérdida bávara que terminarían por diluir la seguridad del candidato a todo. El balón parado afianzó la inercia y Torres tuvo el grito de la tribuna con un testarazo que abrazó la madera -minuto 22-. Neuer atajó el segundo remate y templó el respiro de su camarín. La intención de rearmar el resuello y la convicción acudiendo al integrismo combinativo sólo funcionó a intervalos y redujo la producción de peligro al centro de Lahm y cabezazo de Lewandowski que desperezó a Oblak. Caminaba el conjunto alemán sobre la débil certeza de la circulación de la pelota como método de autodefensa, sin profundidad ni ritmo de pase, y cada resbalón haría sonreír al hiperactivo juego de robo y salida capitalino.

 

Sobre los cimientos de esta tesitura, en la que el Atlético se metió bajo la piel del Bayern, emergió la versión más eficaz del escuadrón de Simeone. En un escenario de radicalidad de presupuestos -achique de unos y tiqui-taca de los otros-, navegó con mayor determinación y acierto el proyecto que lleva más de un lustro trabajando en torno a los mismo conceptos. Y la fluida combinación entre Carrasco y Koke que esquinó a Torres en el área pequeña ejercería como aperitivo de lo venidero. 'El Niño' no supo encuadrar su angulada posición y remató al lateral de la red -minuto 35-, pero, segundos después, otra llamarada de ese arranque a borbotones local incendió la igualdad. Un mal cálculo defensivo de Thiago abrió la autopista para que Griezmann (intermitente pero sagaz) transitara con elegante fugacidad y Carrasco diera continuidad al galope con una solitaria entrada en el área. El belga, protagonista de la eficiencia ofensiva global, ajustó su zurdado a la cepa del palo largo. Neuer sólo pudo comprobar cómo el contacto con la madera embellecía al primer gol del partido -minuto 36-. Pagó caro Ancelotti su apuesta alegre desprovista de arneses y sangró por la misma herida por la que había sangrado en cada visita a la Ribera del Manzanares cuando vestía merengue.

 

Se abría un camino acelerado hacia el intermedio en el que los alemanes susurraron algo de la dureza mental característica. Dos minutos después de acusar el mordisco se atisbó uno de los pocos cortocircuitos provocados por la pareja Alaba-Ribery. El francés perforó en diagonal y trazó una pared extremada con Lewandowski. El polaco impuso su anatomía a su sombra, cedió para la llegada del galo y éste estrelló en el primer poste el cierre de jugada. Desde el pico del área pequeña del meta esloveno. Y el pitido del colegiado que decretaba el descanso sobrevendría sin mayor sobresalto. Velaron armas en la última recta de un delicioso primer tiempo, exigente desde todo parámetro. La victoria parcial no hacía sino especificar el control del libreto de Simeone sobre el de Ancelotti. La vuelta de tuerca teutona, de golpeo en vuelo y verticalidad implementada, quedó neutralizada al estrechar los espacios un Atlético que no padeció cuando obligó a crear en parado al Bayern. Thiago y Vidal no conectaban con sus puntas por la ausencia de juego entre líneas y el 1-0 no revestía subjetividad. La astucia aventajaba a la calidad. La posesión, cercana al 66%, fue propiedad alemana, pero las llegadas entre palos obedecían al diseño español.

 

Le urgía al Bayern un salto de página en su visualización del duelo. Y lo intentó por el conducto de ardor, de la intensidad. Aplicó a los lances un mayor brío y equilibró la relación de fuerzas. Ahora sí mandaba y profundizaba. El Atlético diseñó un espejismo de inicio (de posesión controladora) pero encerró su repliegue y se abandonó a sus preceptos ortodoxos. No le quedó otra. Vidal y Thiago figuraban en tres cuartos de cancha y la suma de Lahm y Alaba a la medular dotaba de mayor velocidad a la circulación visitante. Le tocaba a los locales enseñar entereza en la capacidad de sufrimiento ante una de las ofensivas más venenosas del Viejo Continente. Müller inauguró la reanudación con un cabezazo destinado al lateral de la red en un córner. El advenimiento de la tipología de duelo que cerraría la trama, con el campeón alemán monopolizando el ritmo, se experimentó desde temprano, lo que duplicaba la exigencia de los dos contendientes en amabs fases del juego. Alaba probó a Oblak en el 55 tras una combinación de espacios reducidos sensacional con Ribery (único elemento diferencial visitante) en la constatación del paradigma.




Los contragolpes sin concreción que desató el Atlético como anzuelo para tomar aire en el esfuerzo de encierro no somatizaron en Ancelotti, que antes de 63 revolucionó su propuesta. Sacó del verde a Müller -oscuro desde segunda línea-, Boateng y Thiago -el duelo nunca siguió su batuta- e introdujo en la fórmula a Robben -que devolvería la tradicional lógica de los extremos con Ribery como homólogo-, Hummels (amenaza por alto y salida cara de pelota) y Kimmich (un lateral multidisciplinar, con llegada y remate, que va para todocampista). Por el camino, Saúl se descolgó en la única presión alta colchonera del segundo acto y lanzó fuera de arcos -minuto 60-. Carletto entendió que si mantenían la entrega y la cohesión, la apertura del campo y la acumulación de talento en cancha contraria abrirían rutas en estático. Y la pareja Robben-Lahm iba a conllevar más atención atlética que la precedente por banda diestra, por lo que, se supone que en la parcela central y entre líneas tendría, al fin, su oportunidad. En conclusión, los últimos 20 minutos, con Gameiro en el campo en sustitución de Carrasco (el peón más afinado en ataque era suplido por un otra flecha que refrescara la amenaza), repesentaban la regresión hasta semifinales de la Liga de Campeones que concluyó en San Siro: los rojiblancos defenderían desde la cueva la exigua ventaja, entonces autografiada por Saúl. Los giros estilísticos se reservaban para otras ocasiones.

 

Con los 10 jugadores de campo del Bayern en territorio atlético y los locales basculando con rutilancia, atrincherados con severidad, se reprodujeron más ocasiones de lo que un paisaje tan constreñido pudiera sugerir. Dos antes del 75. Localizó su primera contra de entidad en siglos la estructura de Simeone para que Torres desbordara en potencia a Javi Martínez y centrara hacia el segundo poste tras tocar línea de fondo. Esperaban Gameiro y Griezmann pero fue este último el encargado de cabecear por encima del larguero. La segunda, obra de la testa de Lewandowski, que concatenó dos remates desacertados en un pestañeo. Y no aflojaría el flujo creativo aunque, de nuevo, el dominio de la pelota no significaría más cercanía al gol. Robben estrenó magnetismo con una incursión y disparo final desafinado por muy poco -minuto 80-, pero el bloque agazapado, el expectante, volvería a asumir la potestad del golpe sobre la mesa. Chutó desde larga distancia Filipe como interudio antes de que una triangulación (en el córner diestro muniqués) entre Koke, Gaitán (que entró por Torres para recuperar la equidistancia de presencia en la medular) y Filipe supiera a provocación a Arturo Vidal. El chileno, fuera de eje, derribó al lateral carioca (omnipresente) en una negligente intervención que significó la pena máxima. Aquí resplandeció el novel gusto por el toque atlético. Virtuosismo determinante.

 

Griezmann tomó el cuero y engañó a Neuer. Pero el larguero negó la sentencia a los locales y le saldría esquivo el cierre plácido de partido en lo estadístico. No así en las sensaciones, pues los últimos diez minutos defragmentaron la trayectoria marcada por el paso de las etapas del envite y el Atlético conseguiría enfangar de interrupciones el continuo control fijado por los visitantes. No sólo eso: el 90 arribó con asiduas transiciones punzantes madrileñas y dos remates claros (la volea desviada de Godín en saque de esquina y el cañonazo de Gameiro que descerrajó sobre el lateral de la red). La ovación postrera a Griezmann en su sustitución por Thomas se entreveró con la cerrada pitada que la tribuna dedicó al tiempo añadido. Aún así, sin sobresaltos, los tres puntos más importantes de este ejercicio se quedaron en Madrid con total justicia. El Atlético fue mejor en lo suyo y el Bayern no descifró el desafío que vuelve a verle besar la lona. "El fútbol actual gira hacia la verticalidad", diagnosticó Ancelotti (que confirma su bestia rojiblanca) en la previa. En efecto, este sublime duelo de aspirantes, de paladar elevado en lo estratégico y lo peleado, corrobora tal axioma. No pudo el técnico transalpino llevar a sus pupilos hacia esa tendencia. O, más bien, Simeone volvió a negárselo (62% de posesión alemana y más tiros fuera -16 a 13- y a puerta -5 a 4- locales). Horizonte despejado para los locales ante el pinchazo del PSV y renacimiento del enamoramiento súbito a la vertiente agónica de este deporte en el Paseo de los Melancólicos. Con una ligera pátina de vivacidad combinativa.

Ficha técnica:
1 - Atlético de Madrid:
Oblak; Juanfran, Savic, Godín, Filipe; Saúl, Gabi, Koke, Carrasco (Gameiro, m. 71); Griezmann (Thomas, m. 91) y Fernando Torres (Gaitán, m. 79).
0 - Bayern de Múnich: Neuer; Lahm, Boateng (Hummels, m. 62), Javi Martínez, Alaba; Arturo Vidal, Xabi Alonso, Thiago (Kimmich, m. 64); Müller (Robben, m. 59), Lewandowski y Ribery.
Gol: 1-0, m. 35: Carrasco.
Árbitro: Szymon Marciniak (Polonia). Amonestó al local Saúl (m. 15) y a los visitantes Lahm (m. 25), Thiago (m. 33) y Boateng (m. 39).
Incidencias: partido correspondiente a la segunda jornada del grupo D de la Liga de Campeones, disputado en el estadio Vicente Calderón ante unos 54.000 espectadores, unos 3.000 aficionados del Bayern Múnich.
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