Los catalanes se tuvieron que conformar con un empate en otro rendimiento discutible a domicilio (dos tiros entre palos). El gol de Griezmann y la actuación de Ter Stegen, sin embargo, dieron una amplia ventaja a los azulgranas de cara a la vuelta en el Camp Nou. Busquets y Arturo Vidal no estarán. Por M. Jones
Quique Setién y su Barcelona se presentaron en Nápoles con la intención de refutar el respingo liguero en la ida de los octavos de final de la Liga de Campeones. Querían espantar la mala reputación como visitante, y en Italia, que persigue a los catalanes en este lustro. Refrendando su mejoría y la validez en el cambio de paleta estilística ante un conjunto que navega en la indefinición. Los partenopeos se engalanaron para acoger a un coloso del Viejo Continente desde su maltrecho ánimo, pues viajan sextos en la Serie A, a nueve puntos de la frontera de la Champions. Tras haber despedido a Carlo Ancelotti.
Gennaro Gattuso, el entrenador rebatible que ha aceptado el cargo y tiene a sus pupilos a 24 puntos del liderato, no pudo contar con su zaguero referencial Kalidou Koulibaly. Pero no tuvo problema en elevar un muro que avisaría de lo venidero. Di Lorenzo, Maksimovic, Manolas, Mario Rui y el mediocentro Demme protegerían al portero Ospina. Por delante, el talento de Zielinski, Insigne, Callejón y Mertens sería puesto al servicio del trabajo solidario. Esa era la apuesta de supervivencia local, con Allan, Milik y Politano como revulsivos.
Setién, en su caso, no se estrenaría en la máxima competición desde el banquillo de Barça con los lesionados Jordi Alba, Sergi Roberto, Luis Suárez y Ousmane Dembèlè. Dichas ausencias fueron suplidas por Junior Firpo, Nelson Semedo, Rakitic y Arturo Vidal. Griezmann y Lionel Messi volvía a repartirse el rol de atacantes únicos, y Piqué,Umtiti, De Jong y Ter Stegen completarían la alineación. Esperarían turno nombres como Lenglet, Arthur, Ansu Fati y los canteranos Riqui Puig, Sergio Akieme y Rónald Araujo. En un retrato descriptivo de la falta de efectivos que arrastran.

Así pues, no tardaría en desnudarse la esencia del envite: la posesión sería reclamada por los catalanes, mientras que los italianos se atrincherarían en su campo, atentos para explotar a la contra. El gobierno de la dinámica le correspondería a un líder de LaLiga que no gozaría traducción de su control en profundidad. Las tres líneas transalpinas, que superpoblaban los pasillos entre líneas con cohesión, irían colapsando a la creatividad visitante. En todo caso, no podían los azulgranas relajarse tras pérdida, pues lo podrían pagar caro.
Gattuso -que ha ganado cinco partidos y perdido otros cinco- ordenó a Mertens marcar al hombre a Busquets, en una declaración de intenciones explícita. Y la red de ayudas desplegada negaría toda relevancia a un Messi que en su debut en el templo en el que se tornó eterno Diego Armando Maradona, ni se pareció al 'Pelusa' ni resplandeció desde sus propias características. Eso sí, de sus botas se desencadenó el único chut culé de todo el primer acto: en el octavo minutos probaría suerte sin éxito.
A partir de ese momento, la densidad de la horizontalidad de la circulación barcelonesa se uniformó de anestesia del ritmo. El rigor táctico local empantanaría todo intento de sorpresa de la ofensiva catalana. Se quemaba el minutaje sin que Arturo Vidal y Griezmann aportaran a la causa, sin que los carrileros sorprendieran por los costados. Con el Barça cayendo la complacencia del que domina. Y cuando se llegó a la media hora, un trueno les congeló. Dries Mertens abrió el marcador. El belga embocaría a la red, con golpeo hacia la escuadra, un centro de Zielinski patrocinado por una indecisión de Junior. Historia del Nápoles, pues el pequeño delantero improvisado se convirtió en el máximo goleador de siempre en el club partenopeo -superó al capitán icónico Marek Hamsik-.
El ardor del graderío casi mutó en paroxismo antes del descanso. Kostas Manolas, el central que rubricó la catástrofe romana del equipo de Ernesto Valverde, remataría fuera, con todo a favor, un pase de José Callejón. Se había salvado el conjunto azulgrana de descubrirse en un escenario tan inesperado como problemático. Y el paso por el camarín no ayudaría demasiado, pues la reanudación se abrió con tarjeta amarilla -ejemplo de frustración- a Busquets por una entrada que lesionó a Mertens. El mediocentro se perderá la vuelta por acumulación de tarjetas-.

Mas, ocurrió que el infortunio del belga ejercería de telonero de un punto de inflexión que hirió a los transalpinos. Entró el tanque Milik y Busquets perdió el marcaje al hombre que había venido sufriendo. En consecuencia, el fluir del juego coral culé brotaría de inmediato y el faro del centro del campo catalán iniciaría la jugada que desembocó en el empate. Dibujó un pase quirúrgico que puso en vuelo a Semedo y el lateral luso centró para el tanto de Griezmann. Y con las tablas cambió el pelaje atenazado del combate. Y la táctica dio paso a la ambición despreocupada.
Parecería que el gol a domicilio activó el perfil atacante de ambos esquemas y las ocasiones se repartirían. Sin embargo, en este advenimiento de un ida y vuelta falto de riendas, el Barça no chutaría entre palos -sólo hizo dos veces en 90 minutos- y el Nápoles sí alcanzó a desgastar los guantes de Ter Stegen. Hasta el punto de que Insigne y Callejón bien pudieron haber colocado en el electrónico un 3-1. Pero fallaron. Y Messi no se las apañó para conectar un centro de Arturo Vidal, que sería expulsado por doble amarilla, uniéndose a las no pocas bajas de su delegación.
Con el paisaje tendente a la anarquía del querer ganar sin importar el riesgo, entrarían en la cancha Matteo Politano, Allan, Arthur y Ansu Fati -por Callejón, Demme, Rakitic y un Griezmann que acabó enfadado por no haber sido nutrido de pases por sus colegas-. También comparecería Lenglet, pero fue por la lesión de Piqué que redondearía una noche del todo indigesta para Can Barça. Y los lanzamientos inocuos de Insigne y Arthur bajarían el telón de un encuentro que repartió desasosiego a partes iguales. Los napolitanos -que han ganado a Juventus, Inter y Liverpool en este ejercicio- quedaron cerca de llevarse al Camp Nou un triunfo que les habría brindado más margen de maniobra. Y los culés se despidieron de otra cita italiana muy próxima al marasmo. Con el 67% de posesión pero sin mejora palpable con respecto a eliminatorias continentales precedentes.
- Ficha técnica:
1 - Nápoles: Ospina; Di Lorenzo, Maksimovic, Manolas, Mario Rui; Fabián, Demme (Allan, m.80), Zielinski; Callejón (Politano, m.74), Mertens (Milik, m.55) y Insigne.
1 - Barcelona: Ter Stegen; Semedo, Piqué (Lenglet, m.93), Umtiti, Junior; Sergio Busquets, Rakitic (Arthur, m.56), De Jong, Vidal; Messi y Griezmann (Ansu Fati, m.87).
Goles: 1-0, m.30: Mertens; 1-1, m.56: Griezmann.
Árbitro: Felix Brych (ALE). Mostró cartulina amarilla a Insigne (m.61) y a Mario Rui (m.89), del Nápoles, y a Busquets (m.50), Messi (m.66) y Griezmann (m.83) del Barcelona. Expulsó por doble amonestación a Vidal (m.87 y m.89).
Incidencias: partido de ida de los octavos de final de la Liga de Campeones disputado en el estadio San Paolo de Nápoles ante cerca de 60.000 espectadores.