El equipo de Arteta empata en casa ante un coloso alemán que pudo ganar (2-2). Trossard negó el protagonismo a Harry Kane.
Hacía 14 años que el Arsenal no pisaba los cuartos de final de la Liga de Campeones y eso es mucho tiempo. Tanto, que puede llegar a construir una barrera mental en el club. El rutilante líder de la Premier League, que marca más y recibe menos goles que nadie en Inglaterra -con cifras que recuerdan a los 'Invencibles' de Arsene Wenger'-, saboreó este martes en el Emirates la profundidad de esa frontera psicológica en la visita del Bayern. El viejo zorro alemán, aparentemente moribundo, le tendió una trampa y se salió con la suya.
Mikel Arteta conoce las dificultades que conlleva trasladar el fluir del torneo local a Europa. En octavos de final sobrevivieron ante el Oporto gracias a la tanda de penaltis y en esta fecha se medían a la peor versión de los bávaros en años. Era su oportunidad para regalar a sus aficionados una victoria de prestigio que respalde el brillo nacional. Y el evento no pudo empezar mejor para los 'Gunners'. Salieron al verde con agresividad y tendiendo emboscadas efectivas de las que sacaron recuperaciones peligrosas.
Empieza mejor el Arsenal y pica el Bayern
La primera de ellas aconteció en el minuto 7, cuando Eric Dier perdió el cuero y Martinelli chutó desviado por poco. El mediocentro inglés -reconvertido a central- ha convencido a Thomas Tuchel al lado de De Ligt. El estratega germano parece haber desterrado a Upamecano y a MinJae en busca de la solidez defensiva de la que han carecido en estos meses. Aunque, más bien, a su colectivo le afecta una dolencia conocida como motivación guadianesca. El pasado fin de semana cayeron en Heidenheim a pesar de ir 0-2 a favor y este martes han rendido con consistencia. Cosas del vestuario muniqués.

El segundo error en cancha propia le costó al Bayern el 1-0. Alphonso Davies había empezado mal -ganándose una amarilla incomprensible que no le dejará jugar el partido de vuelta- y cometió una imprecisión en el cierre de un magnífico pase de Odegaard, se activó entonces la frenética circulación británica y Buyako Saka colocó su zurdazo pegado a la cepa del poste -minuto 12-. Ese boquete en la línea defensiva casi sentenció rápido a los visitantes. El creativo noruego -amo y señor con espacios- filtró otro pase, marró Gnabry otro despeje y Ben White perdonó en el mano a mano ante Neuer -minuto 16-.
Arteta ideó un señuelo colocando a Saka por dentro -le siguió Davies- y ordenando incorporarse por fuera al lateral White. Esta maniobra comprometió a Gnabry a una labor de achique completa a la que no está acostumbrado. Pero el atacante, que goza de un físico muy maltratado por las lesiones, dispone de un veneno raro en la plantilla germana. Y lo demostró en el minuto 18, cuando embocó una asistencia extraordinaria de Goretzka para el empate. Un fallo de coordinación de la zaga local -salida muy arriesgada de David Raya para jugar y mala entrega de Gabriel Magalhaes- bastó para que el Bayern diera un zarpazo de pedigrí.
A Tuchel sólo le queda la Liga de Campeones para despedirse de Múnich con media sonrisa. Ha pensado y repensado la manera de solventar el pobre rendimiento de algunos peones ilustres y la plaga de lesiones, y ha llegado a la conclusión de que Kimmich es lateral y Goretzka es interior llegador. Vuelta a los orígenes. En el Emirates se comprobó está decisión como un acierto, pues el capitán secó a Martinelli y el todoterreno se liberó de la cárcel que le supone el mediocentro. Esos ajustes y la inclusión de Laimer como corrector -ante la baja del juvenil Aleksandar Pavlovic- entregaron la consistencia añorada a un escuadrón teutón más pragmático que de costumbre.
Experiencia contra ardor juvenil
Se negaron a dominar la posesión. La receta ganadora del técnico alemán pasa por mandar desde la presión, el rigor táctico y la potencia física, pero nada de eso puso sobre la mesa esta vez. Apostó todo a su achique en campo propio y a la explosividad de su contragolpe. Esa medida de urgencia le proporcionó la supervivencia cómoda durante gran parte del minutaje. De hecho, en el primer acto Neuer no trabajó más allá de un par de acciones a balón parado, el otro arma predilecta 'Gunner'. Y el peligro correspondió a la transición que alimenta, entre otros Leroy Sané. Llegó justo al duelo y sobresalió con conducciones volcánicas como la que provocó la remontada. En el minuto 32 retrató a Kiwior en la medular y aceleró para dejar atrás a varios rivales hasta que Saliba le derribó en el área. Harry Kane facturó el penalti con una calma de impresión en su regreso al feudo de una de sus víctimas predilectas.

Se marchó al descanso el aristócrata germano con dos tiros y dos goles en su casillero. Perdieron la redonda rápido (30% de posesión) y concedieron ocho remates, pero su portero casi no trabajó por el buen hacer de los zagueros. Sin querer exponerse con valentía posicional, diseñaron un escenario incómodo para un Arsenal frustrado. Nadie le había metido dos tantos en su casa desde que lo lograse el Liverpool el pasado 7 de enero. Y Sané, Musiala y la excepcional visión de juego de Kane les descosieron a la espalda.
Arteta señaló a un Kiwior superado e introdujo a Zinchenko para reforzar el carril zurdo y para tratar de agilizar las combinaciones... pero no cambió demasiado el guion en la reanudación. Un centro-chut de Declan Rice susurró una mejoría inglesa que no terminaría de constatarse. Su mejor futbolista fue William Saliba, a pesar de que las contras visitantes siguieran amenazando de forma impía. Con Davies desatado -amarró a Saka y se soltó en ataque-, Goretzka, Laimer y Gnabry remataron cerca del arco defendido por Raya antes del minuto 60. El preparador español del sistema londinense leyó el problema y respondió con más riesgo. Dejó en la banca a Jorginho, retrasó a Rice para ejercer de ancla y colocó a Gabriel Jesús cerca de Havertz. Doble delantera y piernas frescas por el perfil izquierdo con la entrada de Trossard. Este futbolista no acapara los focos aunque algunos de los goles trascendentales de su equipo llevan su firma. Forzó la prórroga en la visita del Oporto y esta noche anotó el 2-2 después del robo de Rice y la maravilla de Jesús -minuto 76-. El brasileño pescó una pelota fulgurante para anular en el área a De Ligt y ceder para el remate certero del atacante belga.
El desenlace sobrevino con ambos entrenadores protegiéndose. Tuchel aprovechó el enésimo infortunio de Gnabry para formar una doble marca sobre Saka con Davies y Guerreiro; y Arteta recurrió a Thomas Partey para ganar equilibrio en el tramo final. Los fuegos artificiales del juego 'Gunner' se apagaron en unas tablas valiosas desde el prisma anímico, porque Kingsley Coman remató a la madera en el minuto 90, a pase de Musiala. El campeón bávaro sigue siendo un tótem de este torneo, por más dudas coyunturales que parezca que arrastra.
Ficha técnica
2- Arsenal: David Raya; Kiwior (Zinchenko, min. 45), Gabriel Magalhaes, Saliba, Ben White; Declan Rice, Jorginho (Gabriel Jesús, min. 67), Odegaard; Martinelli (Trossard, min. 67), Bukayo Saka y Havertz (Thomas Partey, min. 86).
2- Bayern: Neuer; Alphonso Davies, Eric Dier, De Ligt, Kimmich; Laimer, Goretzka, Jamal Musiala; Gnabry (Guerreiro, min. 70), Leroy Sané (Coman, min. 66) y Harry Kane.
Goles: 1-0, min. 12: Bukayo Saka; 1-1, min. 19: Gnabry; 1-2, min. 32: Harry Kane (penalti); 2-2, min. 76: Trossard.
Árbitro: Glenn Nyberg (Suecia). Amonestó a Alphonso Davies, Harry Kane y a Thomas Partey.
Incidencias: partido correspondiente a la ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones, disputado en el Emirates Stadium (Londres, Inglaterra).