Editorial

Daniel Ortega, todo queda en casa

Viernes 05 de agosto de 2016
Hace poco el presidente de Nicaragua dio un auténtico golpe de mano al despojar de un plumazo de sus escaños a la oposición, con el inestimable concurso del Tribunal Electoral que sigue escrupulosamente las órdenes del comandante Daniel Ortega. Al hacer esa maniobra, se especuló también con que nombraría a su mujer, Rosario Murillo, como vicepresidenta para acompañarle en las próximas elecciones de noviembre. Ahora, el líder sandinista lo ha confirmado oficialmente. Él y su mujer se presentarán a unos comicios que tienen mucho de pantomima con la oposición prácticamente anulada y su partido, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), como único.

Con el nombramiento de su mujer, habrá pensado Daniel Ortega que todo queda en casa. Con Rosario Murillo en la vicepresidencia y sus hijos colocados en puestos estratégicos, Ortega acumula poder y se quita estorbos para el negocio del canal de Nicaragua, una obra faraónica cuyo contrato dio de manera exclusivamente personal, y no sin protestas ciudadanas y de algunos correligionarios, a un misterioso empresario chino. El comportamiento de Daniel Ortega está dejando atrás el nepotismo de Somoza, contra el que lucharon los sandinistas.

El presidente de Nicaragua, admirador de Fidel Castro y de Chávez, ha tenido la desfachatez de decir que nombrar a su esposa como vicepresidenta, que, por otro lado, ya actúa en la práctica como tal, es un triunfo para la mujer nicaragüense. Lo siguiente será decir que laminar a la oposición es por el bien del pueblo. Así no tiene que romperse la cabeza, sino votar a Daniel Ortega y Rosario Murillo, la pareja que tanto bienestar proporciona a ese pueblo.

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