Volviendo a nuestro punto de partida, y visto ya que los actuales líderes de los partidos políticos en España no dan la talla para conquistar la voluntad de los ciudadanos y poder conseguir una mayoría suficiente para gobernar; veamos, pues, cuál es el sentido del título de este artículo. Nos referimos a que España necesita actualmente con urgencia algún político de relevancia que sea capaz de engatusar al electorado para conseguir la mayoría suficiente para ser investido Presidente y formar Gobierno. La proposición, aquí expuesta, puede parecer poco moral, pero es que en política lo que vale son las apariencias de verosimilitud, el saber convencer con las palabras y los gestos a la gente para conseguir los votos suficientes y encaramarse al poder. Veamos, sino, algunos ejemplos. Suárez supo ganarse la voluntad de la gente a la hora de votar con afirmaciones como estas: “No vengo con fáciles palabras a la conquista de votos fáciles. Sabemos que todo no se puede hacer de la noche a la mañana, pero sabemos cuáles son nuestros problemas. Se hace necesario un equipo con experiencia política y de gobierno capaces de dirigir los intereses de la nación. Soy una persona normal y he procurado gobernar desde la normalidad. No puedo asegurarles que se arreglen rápidamente todos los problemas, pero puedo prometer y prometo que nuestros actos de gobierno constituirán la progresiva solución de nuestros problemas.” Vamos ahora a examinar dirigentes de otros países, que triunfaron con sus propuestas. Así, Tony Blair en el Reino Unido adoptó la política de la denominada “tercera vía”, frente a los conservadores neoliberales y los socialdemócratas, embaucando al electorado con las siguientes palabras, como si ofreciese algo nuevo y distinto de la política rutinaria: “Nuestro deber no es cruzarnos de brazos y regodearnos, sino que estriba en avanzar más por el camino del cambio en lo que se refiere a la política competitiva, a la empresa, a las pensiones, a la justicia penal, a la administración pública y, sin duda, a los servicios públicos”. Por su parte, Sarkozy se presentaba con esas palabras ante la concurrencia de los votantes: “Tengo la exigencia de no defraudar ni decepcionar al pueblo y de respetar la palabra dada y cumplir los compromisos. Los franceses están hartos de sacrificios impuestos sin que nada mejore en su vida cotidiana. La República real es aquella que no se contenta con inscribir la libertad, la igualdad y la fraternidad en sus monumentos, sino la que los inscribe en la realidad de la vida cotidiana.” Fueron verdaderos encantadores de serpientes, dejando hipnotizados a los electores, aunque luego llegaron a caer en desgracia y tuvieron que retirarse, como ocurre casi siempre, al perder la credibilidad y abrir los ojos la gente que ya no ve la parte reluciente de la persona en quien pusieron su esperanza. Creo que la mayoría de los actuales dirigentes políticos de los partidos mayoritarios en España han perdido su lustre y su antorcha ya no ilumina lo suficiente para requerir, siquiera, un mínimo de esperanza al electorado. Deberían retirarse, pues la ciudadanía demanda savia nueva. Tiene que surgir algún nuevo personaje vivificador que siembre la ilusión en los corazones de la gente. De lo contrario, no valdrán ni terceras ni cuartas elecciones.
Creo en definitiva que España necesita urgentemente un cambio de líderes hasta encontrar alguno que pueda concitar de nuevo la esperanza de los ciudadanos. Los actuales ya están amortizados y ninguno alcanzará la mayoría suficiente para sacar al país adelante y elevarlo de la postración en que se encuentra. Al fin y al cabo la política tiene algo de religión, pues siempre se espera un nuevo mesías, un salvador. Si bien deben tenerse en cuenta aquellas palabras de Suárez que recordaba lo siguiente: “No vale ofrecer utopías. Sé muy bien que quienes alcanzan el poder con demagogia terminan haciéndole pagar al país un precio muy caro”.