www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Se precisan politicos solventes

lunes 05 de septiembre de 2016, 20:08h
Se precisa un cocinero, se precisa un camarero, se precisa un dependiente...Son los reclamos que hemos visto muchas veces como anuncio para un puesto de trabajo. Pero, aquí y ahora, nos referimos a la necesidad urgente de cubrir un puesto primordial en la política de España: Se precisa Presidente del Gobierno. Para ello, se necesita de alguien solvente que pueda solucionar el impasse en que se halla la soberanía del pueblo al no alcanzarse la mayoría suficiente en el Congreso de Diputados por ningún candidato de los propuestos para la Presidencia del Gobierno, tras varias elecciones generales. Se ha visto en los debates parlamentarios que todo está emponzoñado y la maquinaria política desquiciada, sin que pueda llegarse a solucionar el problema que se ha enquistado por falta de sintonía entre los líderes de los partidos. En definitiva, creo que los actuales dirigentes políticos están quemados ante la opinión pública general, sin que otras elecciones puedan recomponer tal desbarajuste. Fijémonos en los discursos y posturas de los actuales dirigentes. Rajoy tan sólo se congratula de los supuestos éxitos de su pasado: “hemos hecho... hemos conseguido... etc.”, sin ninguna propuesta digna de crédito para el futuro en su discurso de investidura, que pronunció con una entonación cansina dando la sensación de que ni él mismo está convencido de lo que dice, sintiéndose prisionero de los pactos que ha tenido que firmar con Ciudadanos en contra de su interés y voluntad. No ha dado muestras de convencer ni siquiera a los suyos, tras una serie de fracasos y meteduras de pata en su gestión política que le han marcado negativamente, siendo el último caso el de la propuesta de nombrar al dimitido exministro Soria para un alto cargo en el Banco Mundial, decisión que ha dejado con mal sabor a propios y extraños. Por su parte, Pedro Sánchez ha basado todo su discurso parlamentario en la venganza contra Rajoy, echándole en cara las mismas palabras que tuvo que aguantar él mismo cuando se presentó como candidato a la Presidencia en las anteriores elecciones, pagándole así con la misma moneda; si bien tiene en su mano la capacidad de dejar gobernar a Rajoy o de negarle su investidura. Con respecto a los líderes de los nuevos partidos emergentes, parece que Iglesias ya ha aprendido la lección de que nada se gana haciendo el ganso en el Congreso con manifestaciones y espectáculos fuera de tono, habiéndosele puesto en su contra sus propios antecedentes y los apoyos de otros líderes extranjeros, como los dirigentes de Venezuela o Grecia, países que nada tiene que envidiar España. (Por cierto, han quedado en el baúl de los recuerdos y del olvido algunas entrevistas a Iglesias en las que valoraba positivamente las supuestas bondades de las políticas de los dirigentes de dichos países, que han fracasado económica y socialmente. No sé por qué no las vuelven a sacar a colación en los medios de comunicación para observar, por lo menos, los cambios que va haciendo Pablo Iglesias en sus ideales y propuestas políticas, desde unas elecciones a otras, según sus conveniencias). En relación a Rivera, líder de Ciudadanos, resulta un querer y no poder. Saca a relucir oro de dónde ni siquiera alcanza la plata, pues los pocos escaños obtenidos no pueden otorgarle de momento la esperanza y el deseo de poder gobernar España, como él mismo ha manifestado; aunque, por lo menos, tiene la suficiente humildad, cuando emula al presidente Suárez, al indicar que le gustaría poder llegar a un 40 por ciento de lo que fue aquél. Y es que Suárez ha sido, sin duda, el político más carismático y fascinante que España ha tenido en los últimos tiempos y que, en su momento, supo llevar a cabo en paz la transición política en nuestro país.

Volviendo a nuestro punto de partida, y visto ya que los actuales líderes de los partidos políticos en España no dan la talla para conquistar la voluntad de los ciudadanos y poder conseguir una mayoría suficiente para gobernar; veamos, pues, cuál es el sentido del título de este artículo. Nos referimos a que España necesita actualmente con urgencia algún político de relevancia que sea capaz de engatusar al electorado para conseguir la mayoría suficiente para ser investido Presidente y formar Gobierno. La proposición, aquí expuesta, puede parecer poco moral, pero es que en política lo que vale son las apariencias de verosimilitud, el saber convencer con las palabras y los gestos a la gente para conseguir los votos suficientes y encaramarse al poder. Veamos, sino, algunos ejemplos. Suárez supo ganarse la voluntad de la gente a la hora de votar con afirmaciones como estas: “No vengo con fáciles palabras a la conquista de votos fáciles. Sabemos que todo no se puede hacer de la noche a la mañana, pero sabemos cuáles son nuestros problemas. Se hace necesario un equipo con experiencia política y de gobierno capaces de dirigir los intereses de la nación. Soy una persona normal y he procurado gobernar desde la normalidad. No puedo asegurarles que se arreglen rápidamente todos los problemas, pero puedo prometer y prometo que nuestros actos de gobierno constituirán la progresiva solución de nuestros problemas.” Vamos ahora a examinar dirigentes de otros países, que triunfaron con sus propuestas. Así, Tony Blair en el Reino Unido adoptó la política de la denominada “tercera vía”, frente a los conservadores neoliberales y los socialdemócratas, embaucando al electorado con las siguientes palabras, como si ofreciese algo nuevo y distinto de la política rutinaria: “Nuestro deber no es cruzarnos de brazos y regodearnos, sino que estriba en avanzar más por el camino del cambio en lo que se refiere a la política competitiva, a la empresa, a las pensiones, a la justicia penal, a la administración pública y, sin duda, a los servicios públicos”. Por su parte, Sarkozy se presentaba con esas palabras ante la concurrencia de los votantes: “Tengo la exigencia de no defraudar ni decepcionar al pueblo y de respetar la palabra dada y cumplir los compromisos. Los franceses están hartos de sacrificios impuestos sin que nada mejore en su vida cotidiana. La República real es aquella que no se contenta con inscribir la libertad, la igualdad y la fraternidad en sus monumentos, sino la que los inscribe en la realidad de la vida cotidiana.” Fueron verdaderos encantadores de serpientes, dejando hipnotizados a los electores, aunque luego llegaron a caer en desgracia y tuvieron que retirarse, como ocurre casi siempre, al perder la credibilidad y abrir los ojos la gente que ya no ve la parte reluciente de la persona en quien pusieron su esperanza. Creo que la mayoría de los actuales dirigentes políticos de los partidos mayoritarios en España han perdido su lustre y su antorcha ya no ilumina lo suficiente para requerir, siquiera, un mínimo de esperanza al electorado. Deberían retirarse, pues la ciudadanía demanda savia nueva. Tiene que surgir algún nuevo personaje vivificador que siembre la ilusión en los corazones de la gente. De lo contrario, no valdrán ni terceras ni cuartas elecciones.

Creo en definitiva que España necesita urgentemente un cambio de líderes hasta encontrar alguno que pueda concitar de nuevo la esperanza de los ciudadanos. Los actuales ya están amortizados y ninguno alcanzará la mayoría suficiente para sacar al país adelante y elevarlo de la postración en que se encuentra. Al fin y al cabo la política tiene algo de religión, pues siempre se espera un nuevo mesías, un salvador. Si bien deben tenerse en cuenta aquellas palabras de Suárez que recordaba lo siguiente: “No vale ofrecer utopías. Sé muy bien que quienes alcanzan el poder con demagogia terminan haciéndole pagar al país un precio muy caro”.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (10)    No(0)

+
0 comentarios