El bloqueo político en España, el Brexit, Colombia, Trump...
Al final, fueron diez meses sin Gobierno, pero pudieron ser más. Roto el bipartidismo, el resultado del 20D nos llevó al 26J. Y pudo ser peor: la incapacidad de los líderes políticos para negociar, a pesar del mandato de las urnas, a punto estuvo de llevarnos a vivir tres elecciones generales en menos de doce meses.
Eso sí, la amenaza permanente no nos la quitó nadie… hasta que el PSOE saltó por los aires en un surrealista e inolvidable Comité Federal que enterró el “no es no” de Pedro Sánchez, cuya dimisión despejó el camino a una abstención que resolvió el entuerto a pocas horas del límite legal. Hay Gobierno, sí, pero también muchísimas dudas con (y en) un Partido Socialista que intenta coser sus profundas y sangrantes heridas, para las que, de momento, no encuentra hilo. Mientras tanto, la hemorragia la intenta contener con una gestora que capitanea Javier Fernández… bajo la sombra de Susana Díaz.
Pero Podemos sigue echando sal. Y ese es, precisamente, el otro fantasma que sobrevuela Ferraz. Eso sí, las últimas semanas del año dejan un partido morado roto prácticamente por la mitad: las diferencias entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón ya no solo no son veladas, sino que han dejado paso a una guerra abierta entre pablistas y errejonistas, que se acusan mutuamente de llevar a la formación por el camino de la “destrucción”. El PSOE evitó dos veces un sorpasso que las encuestas daban por seguro. El efecto Podemos se desinfla: ¿hasta dónde?
Ciudadanos también se las prometía muy felices en 2016. España pedía cambio (tranquilo) y las encuestas nos lo daba, no así las urnas. Buenos resultados para un partido nuevo, pero muy lejos de lo que auguraban los sondeos. En un año marcado por los vetos cruzados y las líneas rojas hay que reconocer que los de Albert Rivera se sentaron a negociar, primero con el PSOE y luego con el PP. Lo hicieron, siempre defendieron, “por el bien de España” y para “ser útiles” a un país que se tenía que “poner en marcha”.
En el ámbito nacional, corrupción es una de las palabras que define 2016. En 2016 se han celebrado los juicios de corrupción más sonados de los últimos años: Nóos, Gürtel, tarjetas black… Conceptos ligados, sobre todo, a esa retahíla de nombres propios inimaginables en un banquillo hace solo unos años: Cristina de Borbón e Iñaki Urdangarin; Luis Bárcenas, Francisco Correa y Luis Sepúlveda; Rodrigo Rato y Miguel Blesa. Acaba 2016, quizás el año judicial más mediático que se recuerda.
En una de sus caras más dramáticas, España sigue sumando muertas y huérfanos por violencia machista. Una realidad que llevó a que el 15 de noviembre el Pleno del Congreso alcanzase el primer gran acuerdo de la legislatura al aprobar por unanimidad la creación de una subcomisión que tiene por objeto articular un pacto de Estado para combatir una lacra tristemente convertida en habitual en las páginas de sucesos.
Y a todo esto Cataluña, donde 2016 empezó con la negativa de la CUP de investir a Artur Mas, una postura que presagiaba la repetición de las elecciones. Pero no hizo falta. El último día del plazo legal para formar Gobierno, Juntos por el Sí lograba el apoyo de los anticapitalistas. Eso sí, el presidente de la Generalidad habría de ser cambiado: el elegido fue Carles Puigdemont. De marcado perfil independentista y desconocido hasta entonces fuera de los límites catalanes, en sus manos depositaba Mas el desafío soberanista.
Durante estos meses, unos y otros han redefinido una hoja de ruta que tiene como meta un referéndum “indefectible” en 2017. Un trabajo que se perfila en pleno pulso con los tribunales. La unidad gubernamental se tambalea, aunque si por algo resiste, es para promover una consulta soberanista antes de un año y para arropar a quienes tienen que responder ante la Justicia: Artur Mas, Joana Ortega, Irene Rigau, Francesc Homs, Carme Forcadell… Por delante un año en el que Cataluña volverá a ocupar muchos titulares: si la CUP no apoya los Presupuestos (que incluyen una partida de 5,8 millones de euros para el referéndum), forzará nuevas elecciones.