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EL 20D ABRIÓ PASO A UNA ETAPA QUE ACABARÍA EL 29 DE OCTUBRE

2016, el año del bloqueo político

Antonio Hernando y Mariano Rajoy se saludan tras la votación de la que el líder del PP salió investido presidente del Gobierno.
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Antonio Hernando y Mariano Rajoy se saludan tras la votación de la que el líder del PP salió investido presidente del Gobierno. (Foto: Efe)
jueves 29 de diciembre de 2016, 18:58h
España recordará 2016 como el año que vivió sin Gobierno. O, mejor dicho, con un Ejecutivo en funciones. Y sobrevivió. La noche electoral del 20 de diciembre de 2015 abrió paso a una desconocida e incierta etapa política que, supimos diez meses después, acabaría el 29 de octubre de 2016.

España buscaba Gobierno, pero no lo encontraba, hasta que ese día el Congreso logró investir, al fin, jefe del Ejecutivo: el PP, que en una inédita repetición de las elecciones fue el único partido que el 26J logró mejorar el resultado con respecto al 20D, sumó a sus síes los de Ciudadanos, el de Coalición Canaria y una abstención mayoritaria del PSOE. Mariano Rajoy lograba así la ansiada investidura.

La suerte que llevó hasta ese sábado de finales de octubre fue un camino marcado por el bloqueo en el que, en lo político, casi todo lo que ocurría en España era imprevisible y novedoso. Tanto que en no pocos momentos hubo que consultar esa brújula llamada Constitución. Y siempre bajo la sombra de unas terceras elecciones.

No obstante, el año había nacido con nuevos aires: el bipartidismo enterrado y un Parlamento multicolor. Aquel 20D las mayorías absolutas se convirtieron en un recuerdo del pasado: había que sentarse a hablar, negociar, ceder y sumar. ¿Misión imposible?


XI Legislatura: Rajoy dice "no" al Rey

La XI Legislatura se puso en marcha en el Congreso, Mariano Rajoy dijo “no” al Rey (eso también era nuevo) y Pedro Sánchez pidió intentar un “Gobierno de cambio, progresista y reformista”. Pretendía que el PSOE sumara con Podemos y Ciudadanos, pero morados y naranjas en casi nada se parecen. Y, claro, esto iba de algo tan serio como gobernar España. Se seguía intentando, pero aquello parecía, definitivamente, misión imposible.

Corría marzo. Rajoy simulaba estar borrado del panorama político, pero, ahora sabemos, decidió esperar. Dejar pasar el tiempo. Que hicieran los demás. Y ahí estaban Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera. Todos decían que España necesitaba Gobierno, pero nadie se sentaba a negociar con nadie para desbloquear la situación. Y si alguien lo hacía, los números no daban.

El tiempo se agotó y Felipe VI, siguiendo la Carta Magna, disolvió las Cortes y llamó a España a las urnas… con todo lo que ello conlleva: precampaña, campaña, debates, reproches, promesas electorales… La fotografía del Rey firmando la convocatoria de nuevas elecciones quedará para la historia de la España del siglo XXI.


XII Legislatura: el PP sube; todos los demás bajan

A golpe de junio, la indignación de los españoles se mezclaba con el pasotismo. A pesar de todo, o precisamente por ello, el PP volvió a ganar las elecciones. No solo eso. Rajoy se convirtió en el gran triunfador del 26J: cayeron todos menos él, que mejoró resultados. Por lo demás, todas las encuestas fallaron. Todas. Y el sorpasso volvía a quedarse en un sueño, a pesar de que Podemos e IU habían decidido concurrir en coalición bajo la marca Unidos Podemos.

Así que vuelta a empezar, una y otra vez con titulares que conformaban una sucesión de noticias que, en el fondo, decían siempre lo mismo: España era incapaz de formar Ejecutivo. Y durante muchos meses nada haría presagiar que algo fuera a cambiar: el fantasma de volver a las urnas por tercera vez en menos de un año era cada vez más corpulento.

Así pasamos todo el verano. Rajoy, esta vez sí, aceptó el encargo del Rey y acudió al Congreso a pedir su confianza. No lo logró, pero, al menos, el reloj de la democracia se ponía en marcha: si el 31 de octubre no se había investido presidente del Gobierno, Felipe VI volvería a disolver las Cortes y convocar elecciones. Otra vez.

Así las cosas, la abstención socialista, llave del Palacio de la Moncloa al fin y al cabo, solamente empezó a tomar forma con la llegada de los colores ocres del otoño, cuando en Ferraz se empezó a vislumbrar que el futuro podía tornarse muy negro. De hecho, si algo aprendió el PSOE en 2016 es que si las circunstancias pueden ir a peor, van a peor. Siempre. O casi siempre. Y eso ocurrió, precisamente, en Galicia y en el País Vasco: las autonómicas del 25 de septiembre fueron un duro y doble revés para los socialistas en general y Sánchez en particular.


El PSOE 'estalla'

El soniquete de las críticas se convirtió en estruendo. Y la confusión se apoderó de un partido que, con absolutamente todo en contra, tenía que elegir la manera de morir: seguir en el “no al PP” y provocar elecciones o facilitar la formación de Gobierno con su abstención.

Los acontecimientos se precipitaron en menos de una semana. Dimisión de buena parte de la cúpula del secretario general, bochornoso Comité Federal, adiós de Sánchez y el partido en manos de una gestora, que materializaría una de las decisiones más complicadas y trascendentales de la historia socialista: abstenerse en la votación de investidura de Rajoy y permitir un Gobierno del PP en minoría.

Al final, fueron necesarios algo más de diez meses, dos elecciones generales, cinco rondas de consultas con el Rey, tres intentos de investidura con sus seis votaciones y más de trescientos días en funciones. Al caer la noche del sábado 29 de octubre Mariano Rajoy era investido presidente del Gobierno de la XII Legislatura: su segundo mandato cerraba una agria etapa en funciones y ponía fin al periodo más largo de bloqueo político en la España constitucional.

Desde ese día nuestro país vive inmerso en una nueva era política marcada por un Gobierno en minoría obligado a dialogar y alcanzar acuerdos. La negociación parlamentaria es permanente, casi diaria. Si después de todo la legislatura es inviable, Rajoy tiene en su mano convocar elecciones a partir del 3 de mayo de 2017. ¿Cuánto aguantará?

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