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Mutua Madrid Open. Vuelve el mejor Nadal en tierra batida

EL ESPAÑOL SE IMPUSO A THIEM EN LA FINAL DE MADRID POR 7-6 y 6-4

M. Jones | Domingo 14 de mayo de 2017
El ganador en Montecarlo y Barcelona apunta a Roland Garros en plenitud de rendimiento y tras exhibir su mejor tenis en el torneo capitalino. Por M. Jones

"Cuando llevas varios partidos perdiendo sabes que eso está ahí, y mis dos últimos años no habían sido buenos y sí para él (Djokovic). Pero es un partido más. Para mí lo importante es estar en otra final porque cuando pasan los años lo que quedan son los títulos, no los rivales", proclamó Rafael Nadal instantes después de haber aleccionado a Nole en la pista Manolo Santana. La jerarquía con la que el balear rompía una racha de siete derrotas consecutivas con el serbio reafirmó el extraordinario momento de forma del zurdo legendario. Sin embargo, el manacorí, en su resurrección de 2017, no entiende de romanticismo: está centrado en galopar sobre su refrescado nivel para alimentar su palmarés después de la sequía precedente. Y con esa mentalidad hambrienta afrontaría el último peldaño que le separaba antes de alzar su quinto entorchado en Madrid. Con su décimo Roland Garros en el horizonte.

Ese obstáculo se llamaba Dominic Thiem, uno de los nombres llamados a liderar el cambio de guardia generacional en el tenis mundial. El completo jugador austriaco, de 23 años, ganador en Río de Janeiro ante Pablo Carreño y finalista en el Godó mientras que su oponente de este domingo celebraba su décima victoria en la Ciudad Condal, está confirmando este curso la potencialidad esbozada en 2016, cuando alcanzó el séptimo puesto en la ATP al confirmarse como especialista en tierra batida (semifinalista en París). "Thiem llega tres de la Race, es joven y tiene un gran potencial y aquí en altitud la bola le bota mucho y será difícil de controlar", aventuró Nadal en la previa de la final del Masters 1.000 de Madrid que volvería a citarles para calibrar el punto de cocción de cada uno en la preparación del asalto a la Copa de los Mosqueteros. Lo cierto es que el aspirante había padecido un torneo más duro que el español (salvó cinco bolas de partido ante Dimitrov y hubo de lidiar en cuartos con Corcic, el verdugo de Andu Murray), por lo que el cansancio se antojaba como un factor a tener en consideración.

Con la Caja Mágina vibrando por el colofón de la sensacional semana vivida (guinda sabatina con la maratoniana final femenina ganada por Halep) se alzó el telón de la final, posiblemente el partido de mayor nivel sobre la arcilla en el presente. Y lo arrancó con titubeos el tenista local, que gana más del 90% de los partidos que disputa sobre esta superficie. Defendió su saque en el primer juego nervioso y equilibrado. El servicio inaugural del visitante, novena mejor raqueta del mundo, se abrió con una doble falta, pero Thiem traduciría ese imprevisto en una anécdota al empatar el set con comodidad en el prólogo de la batalla. Y tardaría en afinar el toque Nadal. El intercambio tenso de errores no forzados se decantaría en favor del austriaco (1-3, tras arrancar un break al español en el tercer juego).

Daba la impresión que el joven se soltó antes la presión que el veterano. No lograba activar ritmo el jugador nacional, penalizado por el cúmulo de desatinos. Y tampoco comenzó con chispa en las piernas Nadal y las primeras derechas ganadoras de Thiem se reprodujeron desde temprano. Pero una doble falta cedida en el cuarto juego encendió la mecha del manacorí, al grito de su primer "¡Vamos!". El centroeuropeo corría (y llegaba) a todas las pelotas, hiperactivo de arranque, por lo que el zurdo hubo de destapar su astucia estratégica en la apertura de ángulos y con la pulida ejecución en el servicio como herramientas para salir a flote. Una defensa estratosférica, uniformada de punto de inflexión, allanó el break que empataba a tres el duelo y cambiaba la inercia.

Todavía en un compás comprimido, en el que las imprecisiones dominaban al despliegue técnico fino, los dos comparecientes defendieron su saques con más dificultades que placidez. Se explicitó, entonces, la dejada como la fórmula del español para romper el tempo a su rival. El fondo de la pista era la zona de confort del austriaco y esa argucia sirvió a Rafa para hacer caja y encarrilar el set. La enésima serie de defensas agónicas y rebosantes de calidad de Nadal desconcentraron a Thiem, que entregó la primera manga sin volver a ceder su saque (salvó tres bolas de break y de set, en un respingo de personalidad). La primera derecha cruzada sedosa y paradigmática del balear selló su triunfo en un primer parcial de creciente nivel tenístico que se resolvería en el tie-break agotador y delicioso (7-6, en hora y 18 minutos).

El segundo set de la sexta final de 2017 que disputa el mejor deportista español de la historia alzó su telón cuando el enfrentamiento ya había tocado techo en cuanto a calidad y tensión competitiva. Sobrevivió Rafael al vibrante tú a tú, de paseo mutuo por el alambre. No había podido disfrutar y mandar el jugador nacional como en la semifinal ante Djokovic, por contradictoria que resulte y, por eso, salió de vestuarios con más agresividad ofensiva. Olió sangre al comprender el peso psicológico que conlleva caer en un duelo tan exigente e igualado y trató de aprovecharlo atacando a su rival desde el resto. La categoría de Thiem reviró el guión de su contrincante pero no pudo evitar ceder su saque en el primer juego. Un punto soberbio y de desgaste descorchó el esperanzador break inicial.

Estrenó la relación de aces en la confirmación de la ruptura que solventó con seriedad desde su saque (2-0). Soltaría el pie del acelerador el balear tras granjearse esta ventaja precoz para guardar energía y Thiem respondió, exigente, de inmediato. Su portentosa gestión del servicio le sirvió para apretar el marcador, pero cada vez acumulaba más errores no forzados un austriaco que debía luchar contra sí mismo, pues su inercia a soltar latigazos arriesgados le suponía una merma a estas alturas de desgaste. Nadal reactivaría su ardor para sellar el 3-1 con un desempeño lúcido al saque y especulador al resto. Así se concatenaron cuatro juegos en blanco al servicio (dos de Thiem y dos del español). Se aproximaba el momento de partido y de torneo.

Le costaría un quintal sostener el peso del partido al joven austriaco. Ya no ganaría su saque con placidez y Nadal conseguiría mantener el listón para apuntarse el 5-3 y restar para alzar su quinta copa capitalina. Thiem parecía no soportar la dinámica y trató de acortar los puntos, ante los síntomas de desplome físico que le circundaban. Y la jugada no le saldría bien. Rafael, más entero y resabiado, disponía del fuelle necesario para prolongar la duración de los peloteos e ir erosinando lo mental de su rival. Así, con Manuela Carmena y Cristina Cifuentes al lado de manolo Santana, el primer cabeza de serie en las apuestas de cara a Roland Garros concluiría una muesca más en su prestigioso currículo con un break que dio paso al paroxismo del recinto, tras el punto más largo del combate (6-4). El rey de la tierra sigue muy vigente.

"Gracias a todos por hacer esta semana única. Todos somos unos afortunados. Yo el primero, por jugar en casa. Y no puedo dejar de agradecer a Madrid por el gran apoyo que da a este evento. Sin el apoyo de la comunidad sería imposible organizar uno así. Hay que estar satisfechos y orgullosos de tenerlo aquí en Madrid", declaró un jugador que afirmó que "siempre recuerdo lo difícil que es ganar". "Para intentar ganar en París se necesita jugar muy bien al tenis, da igual estar el cuatro o el cinco o el 17. Esto es circunstancial. A estas alturas de mi carrera estar el cuatro y el cinco me cambia poco. Lo que me ilusiona es ganar aquí en Madrid, un titulo muy importante", sintetizó un Nadal satisfecho.

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