El fútbol no está atravesando su mejor racha en este curso con respecto a lo social. El fraude fiscal de los astros de LaLiga, los presuntos malos tratos de algunos futbolistas destacados de equipos de Primera División y, ahora, un supuesto abuso sexual copan la crónica balompédica más allá de lo deportivo. Este último epidosdio deleznable es el argumento de la deuncia que pesa sobre Santi Mina, delantero del Valencia.
El jugador fue detenido en la madrugada del pasado viernes en la localidad de Garrucha, en Almería. Además, el ex jugador del Celta, que goza de vacaciones tras el término del curso futbolístico, fue retenido en el calabozo de la Guardia Civil. Un mujer presentó una denuncia en su contra por un delito de abusos sexuales. Al parecer, la denunciante pasó la menconada noche en un local de fiesta de Mojácar junto al delantero y a un amigo suyo.
Tras salir del lugar, la joven y el futbolista se dirigieron a una caravana. Según ha testificado la denunciante, acompañó a Mina al automóvil de manera voluntaria. Pero en el interior del vehículo el jugadro habría aparecido desnudo y efectuado tocamientos a la mujer. Todo ello en presencia del amigo del valencianista. La denuncia recoge que la chicha se opuso a mantener relaciones sexuales.
Así pues, el denunciado fue retenido esa noche y tras un juicio rápido realizado en la localidad de Vera fue puesto en libertad sin fianza. El proceso está, por tanto, a la espera de que el juez dicte sentencia.
El club levantino ha admitido que conoce la denuncia y que ha trabado contacto con el jugador. Según el análisis del equipo, el jugador niega la veracidad de los hechos denunciados. El conjunto de Mestalla ha pedido "prudencia y sentido común" en torno a este asunto y ha remitido a la decisión de la Justicia antes de efectuar un juicio sobre la esfera privada del futbolista. Los valencianistas han exigido la atención a la "presunción absoluta de inocencia" que asiste al joven delantero.