Aportó al cine un lenguaje y técnica narrativa innovadores en su época.
El cineasta, productor y guionista Basilio Martín Patino (Lumbrales, Salamanca; 1930), uno de los principales directores españoles enmarcados en el llamado "cine de autor", ha fallecido este domingo en Madrid a los 86 años. Aportó al cine un lenguaje y técnica narrativa innovadores en su época, con películas como "Nueve cartas a Berta", "Canciones para después de una guerra" y "Caudillo".
La obra del cineasta ha sido objeto de amplio número de estudios, además de varias tesis doctorales, alguna de ellas aún en curso.
Según la web de la Fundación que lleva su nombre, Martín Patino nació en una familia de padres maestros de escuela de corte católico-conservador, que en 1940 se trasladaron a Salamanca. Estudió Filosofía y Letras –especialidad de Filología moderna (inglés e italiano)– en la Universidad de la ciudad (1950-1955).
Desde su ingreso en la facultad se sumó al cuadro artístico del TEU (Teatro Español Universitario) e intervino en varias obras como actor; la más llamativa, Antígona (Jean Anouilh), en marzo de 1953. Promovió y organizó las Nueve Cartas a Berta, que recibió la Concha de Plata a la mejor ópera prima en el Del amor y otras soledades, que concurre a la sección oficial de la Mostra de Venecia, donde se recibe con ovaciones, pero en España la película origina un encendido debate a raíz de la situación del matrimonio protagonista, centrado en torno al divorcio. La censura dispuso cuarenta y dos cortes en la obra. Como consecuencia de los problemas generados por su segundo largometraje, tanto por la censura oficial como la empresarial, el realizador decide prescindir de los circuitos oficiales de producción y organizar sus proyectos desde posiciones de independencia. Continúa su dedicación a los spots publicitarios.
En los bajos de su casa madrileña, en 1970, Martín Patino, asociado como productor con Julio Pérez-Tabernero, reunió a un escueto grupo de colaboradores que trabajó libremente y sin sumisión a la industria para lo que se señaló como un montaje de materiales documentales según el cartón de rodaje solicitado. Meses después,
Queridísimos verdugos, con el apoyo documental y literario de Daniel Sueiro. Una obra estremecedora con los últimos verdugos en torno a la “administración de justicia”, película que no pudo estrenarse hasta abril de 1977, pero que recibió premios en festivales como los de Taormina y Prato.
Con el film
Caudillo el realizador dejó otra nueva muestra de su maestría en el montaje de materiales cinematográficos en torno a la figura de Franco, materiales que, al no poder acceder a archivos oficiales por actuar desde la clandestinidad, en un buen porcentaje eran inéditos al proceder de archivos extranjeros. En su estructura compleja, se contraponen las imágenes de los dos bandos en guerra. Al morir el dictador, Martín Patino trabajaba en una segunda parte de la película, que abandonó al entender que ya no tenía sentido continuar su trabajo. Se estrenó en octubre de 1977, tras una intensa peripecia censora y en medio de algaradas propiciadas por sectores franquistas. Recibió premios en festivales de Berlín, Londres, Karlovy Vary.
En el otoño de 1974 el realizador comenzó a preparar una nueva película, con guión basado en el libro
“La crisis”, del periodista Joaquín Bardavío, sobre el atentado de ETA que asesinó a Carrero Blanco. El film –de tono documental, se indicó entonces—ensamblaría celuloide filmado a lo largo del tiempo junto a imágenes rodadas en el momento de la producción. El director indicó antes de terminar el año que dejaba el proyecto por creer que “la figura de Carrero y los sucesos posteriores a su muerte han pasado a segundo plano”.
Poco después, Basilio M. Patino volvió a trabajar en otro proyecto frustrado, en este caso sobre Federico García Lorca. En el guión también estuvieron involucrados Daniel Sueiro y Francisco Umbral, y posteriormente Jorge Semprún. La coproducción con Italia imponía a Jean María Volonté para interpretar al poeta, pero Martín Patino se negó a que García Lorca figurara incorporado por un actor, a modo de gran ausente.
Con una amplia etapa de dedicación preferente a encargos comerciales, Basilio M. Patino –que había rechazado algunas propuestas para regresar al entramado del cine comercial--, comenzó a explorar las posibilidades creativas que ofrecía el vídeo, conjuntamente con José Luis García Sánchez, su mano derecha desde el comienzo de la etapa clandestina. La primera muestra de ese avance en el campo electromagnético se plasmó en la novedosa serie de audiovisuales
Los paraísos perdidos, primera producción de envergadura de La Linterna Mágica, representó el regreso a la ficción, articulada en torno a la proyección de la Berta de la primera película del director, con el hilo conductor de textos Hölderlin, en escenarios de Toro, Zamora, Ávila y Salamanca. Concurrió a la sección oficial de la Mostra de Venecia.
Basilio Martín Patino figura entre los firmantes del acta fundacional de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, el día 8 de enero de 1986.
En la película Madrid (1987) el realizador volvió a emplear materiales de archivo como recurso que utiliza el protagonista alemán que elabora un trabajo cinematográfico en torno a la personalidad de la ciudad de Madrid y sus habitantes, para lo que simultáneamente filma imágenes sobre la actualidad madrileña, lo que conduce a una serie de estados y análisis en torno a la imagen y su representación, así como la trasgresión a determinadas normas habituales en el cine. Recibió el Gran Premio Internacional de Cine de Autor de Bérgamo, y el mismo galardón en los Festivales Internacionales de Troia (Portugal) y de San Remo (Italia), además de participar en los festivales de Barcelona, Viena y Estambul.
Con Ojos verdes (92´) se centra en la copla.
El grito del Sur. Casas Viejas (61´) encara la rebelión anarquista en la localidad andaluza en 1933.
El Museo japonés II (72´) se desliza por el campo del flamenco.
Paraísos (80´) se introduce en el río de utopías colectivistas.
De esas obras, quizá la más analizada haya sido El grito del Sur, que se ha exhibido en diferentes países y foros, como la muestra Face a l´historie, en el Centro Georges Pompidou.
21 de septiembre de 1996, recibe la Medalla de Oro de la ciudad de Salamanca, concedida por acuerdo unánime de los grupos políticos del Ayuntamiento de la ciudad.
Posteriormente, en marzo de 2000, recibió el Premio Salmantino del Año en el campo de la cultura otorgado por la institución cultural Alfonso X el Sabio de Salamanca.
La Filmoteca de la Generalitat Valenciana edita el libro Basilio Martín Patino. Un soplo de libertad, escrito por Adolfo Bellido y otros colaboradores, coincidiendo con la celebración del festival de Cine Jove del Mediterráneo, que dedicó un ciclo retrospectivo a la obra del cineasta.
En el mes de diciembre, Basilio M. Patino recibe el Premio a la Creación Audiovisual que concede la Comunidad de Madrid, galardón que reconoce su destacada aportación como cineasta.
En 2002, aunque reacio a regresar al relato cinematográfico, finalmente Martín Patino introdujo una nueva vuelta en un antiguo guión y, en coproducción con el Consorcio Salamanca 2002, realizó Octavia, filmada en Salamanca y puntos de la provincia en otoño de 2001. De nuevo, una obra compleja en torno al eje de Rodrigo Maldonado, que regresa a la ciudad, donde se reencuentra con su pasado, en una familia prestigiosa venida a menos y con problemas latentes de marginalidad en su seno. La que ha sido la última película del realizador concurrió al Festival de Cine de San Sebastián, con buenas críticas, y se estrenó en Salamanca el 1 de octubre de 2002. Se le otorgó el premio a la mejor película en el Tiburon International Film Festival 2003, y también participó en festivales de Londres, Roma, Estados Unidos, Canadá y países de Iberoamérica.
La Semana Internacional de Cine de Valladolid dedica el “ciclo de autor” a la obra del director salmantino y le concede la Espiga de Oro por su dedicación cinematográfica. La Seminci edita el libro de Juan Antonio Pérez Millán La memoria de los sentimientos. Basilio Martín Patino y su obra audiovisual.
Medalla de Oro de la Academia del Cine en 2005
La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas –a pesar de no pertenecer a la sociedad–, entrega el día 7 de noviembre la
Espejos en la niebla
Un ensayo audiovisual representa una nueva incursión de Martín Patino en la búsqueda de la capacidad expresiva de la imagen a través del “juego” del montaje. Con el personaje salmantino de Inés Luna Terrero y la deriva de sus antiguos colonos expulsados como foco central, a través de una serie de “celdillas independientes” o “casetas”, organiza un relato en forma de caleidoscopio que aporta materiales sobre el personaje central y el entramado social de una época cargada de motivos inquietantes. Como siempre, el autor deja espacios para que el espectador enriquezca sus criterios. Producida para el Círculo de Bellas Artes de Madrid, la propuesta –que contó también con materiales mostrados en vitrinas-- se trasladó a Salamanca y a Soria en 2009.
El Centro de Arte Reina Sofía, al reorganizar en el mes de mayo la instalación del Guernica de Pablo Picasso, como complemento de esa obra pictórica reservó un espacio para la proyección de Canciones para después de una guerra, como muestra de lo que se señaló “grito en imágenes que contra la penuria de los años posteriores al conflicto profirió Martín Patino”.
Se publica el libro de Alberto Nahum García Martínez El cine de no-ficción en Martín Patino, por Ediciones Internacionales Universitarias, Pamplona, que recoge en parte el contenido de la tesis doctoral “Realidad y representación en el cine de Basilio Martín Patino: montaje, falsificación, metaficción y ensayo”, Universidad de Navarra, 2005.
En junio de 2009 el 37 Festival Internacional de Cine de Huesca entregó el Premio Ciudad de Huesca a Martín Patino, con la programación de un ciclo de seis de sus películas, con protagonismo especial de Espejos en la niebla, sobre la que se editó un estudio a cargo de varios autores.
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