Martín-Miguel Rubio Esteban | Viernes 11 de julio de 2008
El gran escritor religioso José Antonio Pagola ha escrito un libro polémico por no incorporar al mismo elementos insoslayables. Se trata de su Jesús. Aproximación histórica. La verdad es que lo de “aproximación histórica” lo encuentra uno un poco pretencioso, en cuanto que no añade nada a los grandes y ya clásicos estudios históricos sobre la cuestión. A lo máximo es una aproximación ambiental, al humus étnico, a la atmósfera cultural y religiosa que existía en la época de Jesús. A mí la verdad no me gusta para nada este libro. Además de sus erratas escandalosas, v. gr. “Galilea constituía un territorio de unos 20.000 metros cuadrados” (pág. 20), y sus numerosas fechas equivocadas, Pagola nos presenta un Jesús que jamás es consciente de su misión transcendente, que no se tiene por el Hijo de Dios, y que su vocación nace sólo con su contacto con Juan el Bautista, con el que colabora como simple discípulo, y del que, tras su ejecución política, se convierte en un epígono con ciertos añadidos originales: Jesús se convierte en un profeta itinerante del Reino de Dios. Es cierto que toda biografía es una humilde interpretación del personaje sobre el tremedal equívoco de la vida, pero esta interpretación está demasiado sesgada, es demasiado “política”.
Jesús no sólo es un santo extraordinario, un verdadero menhir vivo de la divinidad, era también la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Su Madre, María, era Virgen; era hijo único, y sobre estas cosas esenciales Pagola parece decir lo contrario o Diabolus loquitur. Y por ese camino es incapaz también de superar la Vida de Jesús, de Ernesto Renán. En todo caso, el sabio teólogo se nos queda en el pórtico de la biografía de Jesús. En la sociología precristiana, incluso en la antropología precristiana, pero como dijese G. K. Chesterton: “And all these things are less than dust to me // because my name is Lazarus and I live.”
Hace veinticinco años José Antonio Pagola escribió un ensayo escatológico sobre el significado de la Resurrección de los Muertos desde lo que para él era la mundivisión cristiana. Eran los primeros y tumultuarios años de la democracia española. Para él la Resurrección de los Muertos constituía una especie de venganza histórica de los descendientes de tantos esclavos y personas humilladas y explotadas que en el mundo han sido, y esa especie de venganza revestía la forma de la instauración edénica de una sociedad comunista. No estaba mal aquella escatología marxista comprometida en la época de la Transición, con los últimos rescoldos de la época postvaticanista. Pero Juan Pablo II dejó las cosas en su punto para desgracia de los Pagolas del momento. Ahora nos vuelve con la biografía de un Jesús no Dios, maravilloso sí, pero no Dios.
El Jesús de José Antonio Pagola es un mediocre Che Guevara de la Galilea clásica, más simpático y más pacífico, desde luego. Para Pagola el Reino de Dios hay que interpretarlo en la clave y contexto de un precomunista Jubileo, en el año de gracia, en donde, entre otras cosas, las deudas desaparecen, y restaura la vieja traducción del padrenuestro: “Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”, sin quererse percatar que los vocablos latinos “debita” y “debitores” no tienen nada que ver con el “aes alienum”, que significa precisamente la “deuda” sensu stricto, y la única que parece interesar al Sr. Pagola. “Debeo” tiene que ver con la etimología de “de+hibeo”, y está más relacionado con el mundo de la obligación moral que pecuniaria. Con este libro no sale Pagola de un círculo que no para de volver sobre sí mismo desde que comenzó a identificar hace treinta años la antropología marxista y la antropología cristiana.
Para Pagola la intuición de Jesús sobre Dios no es mayor que la de sus contemporáneos. Y esto es puro arrianismo. Pero no todo es digno de acerba crítica e invectiva inclemente. También hay hermosos pasajes en este libro, como esa descripción del Reino de Dios haciéndose “in latentia”, por debajo de lo que vemos, como germinan las semillas silenciosas bajo el suelo. “¿Qué queremos cosechar al final? ¿El resultado de nuestros esfuerzos o el fruto de la acción de Dios? ¿Un reino construido por nsotros o la salvación de Dios acogida de manera confiada y responsable?”. Omnis liber boni aliquid habet. Y José Antonio Pagola es un gran escritor.
TEMAS RELACIONADOS: