Aunque suele afirmarse que el Universo permanece en completo silencio desde aquella noche del 15 de agosto de 1977, cuando el radiotelescopio Big Ear captó la archiconocida señal Wow!, ese extremo no es del todo correcto. Lo cierto es que desde esa fecha los científicos han recogido decenas, sino cientos de miles de señales procedentes de otros mundos. El problema es que la inmensa mayoría de ellas, bien porque se descubre que su origen es natural, bien porque obedecen a interferencias del propio ser humano, acaban siendo desestimadas.
El principal inconveniente a la hora de detectar señales de posibles vecinos siderales es su extrema fugacidad. Una vez detectadas, se pierden en el ruido de fondo y jamás vuelven a ser captadas, para desesperación de los científicos que las estudian. Eso sucedió, por ejemplo, con la señal procedente de HD 164595, una estrella parecida al Sol, situada en la constelación de Hércules, con una edad estimada de 6.300 millones de años y a una distancia de 95 años luz de la Tierra; que fue captada en mayo de 2015 por un equipo de científicos dirigido por Nikolai N. Bursov y Claudio Maccone en el radiotelescopio RATAN-600.
La potencia de esta señal, que se movía en una onda de 11 GHz, hizo pensar a sus descubridores que, de ser artificial, sólo una civilización de tipo II en la escala Kardashov sería capaz de emitirla. En otras palabras, sólo alguien que jugase a los bolos con la antimateria, aprovechase la energía de múltiples estrellas o realizara viajes interestelares podría estar detrás de esta señal. Desgraciadamente, pese a que el SETI ha puesto sus oídos en la citada estrella, hasta la fecha los investigadores no han vuelto a oír nada.
En este sentido, quizás la línea de investigación que más fascina a la comunidad astronómica en la actualidad sea la de los FRB's. Un FRB (por sus siglas en inglés, Fast Radio Burst) es una ráfaga de alta energía equivalente a cientos de millones de soles que se manifiesta como un pulso de radio cuando es captada por un instrumento humano. Desde su descubrimiento en 2007 hasta hoy se han detectado 33 señales FRB, tres de ellas este mismo mes. El Observatorio Parkes de Australia registró FRB 180301, FRB 180309 y FRB 180311 los días 1, 9 y 11 de marzo del presente año.
La diferencia entre este tipo de señales y las clásicas es su duración: un FRB apenas es perceptible durante unos pocos milisegundos. La Wow!, por ejemplo, fue captada durante 72 segundos. En lo que sí que coinciden con las señales tradicionales es en su fugacidad: debido a su escasa duración, su origen resulta imposible de rastrear y en la práctica totalidad de los casos no se repiten. Estas especiales características (corta duración, amplia longitud de onda y alta intensidad) hacen pensar a los científicos que, sea lo que sea lo que las origina, se encuentra a cientos, sino miles de millones de años luz de nosotros. Lo único que los investigadores tienen claro es que no obedecen a nada conocido. Solo sé que no sé nada...
La más extraordinaria de estas señales es sin duda FRB 121102, precisamente por ser la única que sí se ha repetido. Ello ha posibilitado que numerosos investigadores se hayan animado a profundizar en el fenómeno y plantear teorías acerca de su misterioso origen. La más reciente de todas ellas sugiere que FRB 121102 proviene de una estrella de neutrones (lo que queda cuando uno de estos astros agota su combustible y estalla en una supernova). No obstante, otras teorías exploran otras posibilidades, que van desde agujeros negros, púlsares, blitzars a posibles conexiones con los rayos gamma.
Pero hay una posibilidad más: que se trate de civilizaciones alienígenas. Esa es la hipótesis que apuntan Avi Loeb y Manasvi Lingam de la Universidad de Harvard: "Las FRB's son extremadamente brillantes debido a su corta duración y origen a grandes distancias, pero no hemos identificado una posible fuente natural con ninguna confianza", explica Loeb. Y añade: "Vale la pena contemplar y verificar un origen artificial". Estos autores han analizado la posibilidad de que detrás de estos misteriosos pulsos se encuentre una inteligencia extraterrestre. Para ello calcularon qué haría falta para que una estructura artificial fuera capaz de enviar señales de esta magnitud. Sus resultados fueron, cuanto menos, llamativos.
Según los investigadores, si el transmisor funcionase con energía solar, una superficie de dos veces el tamaño de la Tierra sería suficiente para poder conformar un pulso semejante. Pero ¿para qué demonios querría nadie construir algo semejante, aunque tecnológicamente estuviese a su alcance? En opinión de los científicos la opción más viable es que se tratase de un avanzado mecanismo de propulsión espacial basado en absorber toda la energía de una estrella y concentrarla en un único rayo que sería enviado a la hipotética nave, actuando como combustible.
Para alimentar una nave como esa, el transmisor necesitaría enfocar un rayo continuamente. Los observadores en la Tierra verían un breve destello porque la citada nave y su planeta, estrella y galaxia se mueven en relación a nosotros. Como resultado, el rayo recorría el cielo y solo apuntaría en nuestra dirección por un momento. Las repetidas captaciones, que no pueden explicarse por eventos astrofísicos cataclísmicos, podrían proporcionar pistas importantes sobre su origen artificial. De acuerdo a los cálculos de los astrónomos, la cantidad de energía involucrada sería suficiente como para impulsar una carga útil de un millón de toneladas, 20 veces más que el mayor buque de nuestro planeta, el Harmony of the seas. "Eso es lo suficientemente grande como para transportar pasajeros vivos a través de distancias interestelares o incluso intergalácticas", comenta Lingam.
Sean lo que sean, los FRB's en particular, y las ondas de radio espaciales, en general, siguen constituyendo uno de los principales campos de trabajo de la astronomía actual, y a buen seguro continuarán aportando valiosa información sobre algo de lo que cada vez sabemos más y también menos: el Universo. Seguimos 'en el aire'.