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DESDE 2018, ENVIAREMOS SEÑALES A LOS "GEMELOS" DE LA TIERRA

La Ciencia se vuelca en la búsqueda de otros mundos

La Ciencia se vuelca en la búsqueda de otros mundos
(Foto: METI)
Eduardo Villamil
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eduardovillamilelimparciales/16/7/16/28
sábado 25 de noviembre de 2017, 11:53h
En 50 años, el debate sobre si estamos solos en el cosmos ha pasado de los libros a los laboratorios y círculos académicos.

15 de agosto de 1977. 23:16 horas. Radiotelescopio Big Ear (Ohio, Estados Unidos). En una estrellada noche de verano, durante uno de sus rastreos automáticos del firmamento, el instrumento recoge un mensaje insólito cuyo origen no parece natural. Dura 72 segundos, proviene de la Constelación de Sagitario y su intensidad es 30 veces superior al ruido de fondo originado por el Big Bang.

Varios días después, el joven profesor de la Universidad Estatal de Ohio, Jerry R. Ehman, que trabajaba como voluntario en el proyecto SETI, revisando los registros de la computadora, descubre la señal anómala más intensa detectada hasta la fecha. El científico, entre estupefacto y emocionado, escribe por una vez con el corazón y no con la mente: Wow!

La celebérrima señal Wow! catapultó al proyecto SETI (acrónimo de ‘Search for Extraterrestrial Intelligence’) a la fama mundial, y pese a que aún hoy en día la Ciencia sigue sin encontrar una respuesta satisfactoria para explicar su causa, el número de aparatos humanos que escrutan el cielo ha aumentado exponencialmente.

La señal Wow! | Wikimedia Commons

Tal es el caso de la LOFAR (una red de sensores de baja frecuencia situada en Holanda que rastrea el cielo en busca de posibles señales no humanas) o de la Matriz Murchison de Campo Amplio de Australia, la Matriz de Telescopios Allen de California (financiada por el cofundador de Microsoft, Paul Allen) o el Telescopio Lowell del Reino Unido, todos ellos usados por el SETI.

Otra iniciativa famosa ha sido [email protected]. Este “experimento científico” (tal y como lo definen sus creadores) se basa en aprovechar la capacidad de proceso de cientos de miles de ordenadores domésticos para ayudar en el tratamiento de los datos recogidos por los radiotelescopios. Mediante la descarga de un sencillo programa, cualquier usuario de internet puede convertirse en el potencial descubridor de un nuevo Wow!

Sin embargo, tras medio siglo de búsqueda, el SETI no ha vuelto a recibir ninguna señal parecida al Wow! El Universo permanece mudo, en un “Gran Silencio”, como lo ha definido el científico y escritor de ciencia-ficción, David Brin.

Esa es la razón por la que desde hace algunos años ciertos científicos del SETI decidieron (no sin pocas objeciones por parte de sus colegas) pasar de la escucha pasiva a la llamada activa. Y ese precisamente es el leitmotiv que subyace en la génesis del METI. En oposición a su proyecto hermano, el METI (acrónimo de ‘Messaging Extraterrestrial Intelligence’) no se basa en captar señales, sino en enviarlas.

El radiotelescopio de Arecibo | Wikimedia Commons

Carl Sagan y Frank Drake serían los primeros (con la excepción de la señal rusa enviada en 1962 a Venus) en emitir un mensaje hacia las estrellas. La comunicación se efectuó el 16 de noviembre de 1974, desde el radiotelescopio de Arecibo (Puerto Rico) hacia la constelación de Hércules, adonde se espera que llegue dentro de ¡25.000 años! En esa primera botella lanzada al mar estelar, los científicos incluyeron diversas pistas para que cualquier navegante espacial pudiera seguir, paso por paso, el mapa del tesoro: desde los números del sistema decimal a los números atómicos de los elementos en que se basa nuestra vida, pasando por un diagrama de la anatomía humana o un mapa del Sistema Solar. Sabrán cómo somos y dónde estamos…

Desde ese primer intento, la comunidad científica ha lanzado muchas otras “botellas” al océano sideral y lanzará muchas más desde 2018, cuando el METI comenzará de verdad su actividad. Hasta la fecha se han emitido 28 mensajes hacia diferentes constelaciones, elegidas generalmente por su proximidad. De hecho, sus supuestos destinatarios no deberán esperar tanto como los de Hércules para recibir su carta interestelar. La mayoría llegarán en los próximos 50 años.

Y si no fuera tan buena idea…

La última de esas señales fue enviada hace poco más de un mes, el pasado 16 de octubre, con destino al exoplaneta GJ 273, en el sistema de la estrella Luyten, uno de los más próximos a nuestro vecindario espacial (algo más de 12 años luz), donde se espera que recale en poco más de 12 años, es decir, los astrónomos volverán a apuntar sus instrumentos de escucha hacia esa zona en junio de 2043, cuando la hipotética respuesta llegaría hasta nosotros.

Tras el anuncio de esta nueva transmisión, muchos científicos han mostrado su rechazo por una iniciativa que consideran “peligrosa”. "El noventa y ocho por ciento de los astrónomos y los investigadores del SETI, incluido yo mismo, creemos que el METI es potencialmente peligroso. No es una buena idea", afirma Dan Werthimer, investigador del SETI en la Universidad de California en Berkeley. "Es como gritar en un bosque antes de saber si hay tigres, leones, osos u otros animales peligrosos allí".

Desde su puesta en marcha, el proyecto METI, que comenzará a emitir de forma continuada a partir de 2018, ha generado reacciones similares en la comunidad científica. El astrofísico y cosmólogo británico Stephen Hawking ya ha advertido a este respecto en varias ocasiones. “Si los extraterrestres nos visitan, el resultado sería tanto como cuando Colón aterrizó en América, lo que no salió bien para los nativos americanos”, declaraba a la BBC hace unos años.

Por su parte, los partidarios de enviar saludos a nuestros hipotéticos vecinos galácticos argumentan que sería demasiado tarde, puesto que cualquier civilización extraterrestre capaz de detectar nuestra presencia ya lo habría hecho. Según Douglas Vakoch, director del METI y exdirector de SETI, que esta semana publica un artículo en la revista New Scientist, “durante casi un siglo, hemos estado transmitiendo evidencias de nuestra tecnología a través de señales de radio y televisión que se filtran al espacio, lo que una civilización ligeramente más avanzada podría detectar fácilmente. Y durante 2.500 millones de años, la atmósfera de la Tierra ha estado emitiendo señales de vida, a través del oxígeno de nuestro aire”, señala Vakoch.

Presentación del METI | METI

Esta explicación, no obstante, sigue sin convencer a muchos. Uno de los más críticos ha sido el popular científico y escritor de ciencia-ficción, David Brin, quien lleva una década reprobando la búsqueda activa de civilizaciones alienígenas. En opinión de Brin, aunque es cierto que las emisiones de calor y ondas posibilitarían que un viajero espacial nos detectara sin demasiados esfuerzos, el recorrido de estas señales, siempre será “mucho menos visible que un haz directo emitido desde cualquier radiotelescopio terrestre”.

Según Brin, los investigadores del METI están actuando de forma “irresponsable” y “nada científica”, acuciados por la frustración “de no haber tenido éxito en más de medio siglo”. “Si los alienígenas son tan avanzados y altruistas... y sin embargo están optando por permanecer en silencio... ¿No deberíamos considerar seguir su ejemplo y hacer lo mismo? ¿Al menos por un tiempo? ¿Es posible que guarden silencio porque saben algo que nosotros ignoramos…?

¿Hay alguien ahí?

Lo cierto es que, hasta la fecha no se ha recibido nada, ni tenemos evidencia alguna de que existan otras civilizaciones extraterrestres, tal y como pronosticaba la famosa ecuación de Drake. Según esta fórmula, que tiene en cuenta variables como la cantidad de estrellas de la Vía Láctea o el número de planetas que orbitan en torno a ellas, la vida (inteligente) sería un fenómeno bastante común en el Cosmos. Si se tiene en cuenta que existen dos billones de galaxias en el Universo conocido, y que cada una debería albergar decenas o centenares de miles de planetas similares a la Tierra, todo parecería indicar, por una mera cuestión estadística, que no estaríamos solos.

Sin embargo, hasta la fecha el espacio sideral permanece mudo. Sin brillo, más allá de las estrellas. Desde Wow! no hemos recibido ni una sola señal que nos haga pensar en vecinos galácticos. Esta es la contradicción que el físico Enrico Fermi señaló en los años 60, dando lugar a la celebérrima Paradoja que lleva su nombre: si hay tantas civilizaciones ¿por qué no hemos encontrado trazas de vida extraterrestre inteligente, por ejemplo, sondas, naves espaciales o transmisiones?

Se han formulado todo tipo de teorías para tratar de responder a esta pregunta. Desde que realmente somos los únicos y la vida en la Tierra es consecuencia de una increíble serie de casualidades (hipótesis de la Tierra especial), hasta que ellos (los extraterrestres) nos observan pero no quieren comunicarse con nosotros porque a sus ojos somos poco menos que hormigas (hipótesis del Zoo).

Representación artística de la Vía Láctea | Wikimedia Commons

Una teoría más moderna (Transcepción) elaborada por el futurista John Smart sugiere que en el proceso evolutivo de toda civilización subyace un mismo destino, "el espacio interior". En oposición a la clásica escala de Kardavesh (que valora la evolución de las civilizaciones en función de su dominio de los recursos exteriores de su planeta, su estrella y su galaxia, sucesivamente) Smart propone un proceso inverso, que toma como base la creciente tendencia a la miniaturización computacional, cuyos máximos exponentes hoy en día serían los ordenadores cuánticos y la nanotecnología.

Según Smart, el destino final de toda civilización no sería el dominio exterior de su galaxia, sino la "transcepción", es decir la capacidad de controlar a su antojo el espacio-tiempo. Si esta hipótesis es correcta, las civilizaciones más avanzadas se situarían en el centro de la Vía Láctea, la parte más antigua de nuestra galaxia, y es probable que hubieran hallado formas de refugiarse en otras dimensiones o universos (teoría del Multiverso). Esta tesis enlazaría con las actuales teorías de supercuerdas (las más aceptadas en mecánica cuántica), que elevan el número de dimensiones espaciales hasta al menos 10.

Otra teoría aún más exótica, propuesta por el filósofo de la Universidad de Oxford, Nick Bostrom, sugiere que el Universo es "en realidad" una simulación efectuada por una civilización posthumana cuya tecnología ha rebasado los límites de la trascendencia. Formaríamos parte (según Bostrom) de una gran "mentira": una inmensa simulación computacional tan real que nunca seremos (al menos en principio) conscientes de ella. La ausencia de contacto con extraterrestres estaría "programada" de antemano por estas inteligencias "creadoras". Bien porque ni si quiera los han llegado a diseñar o bien porque aún no quieren que los encontremos.

Sea como sea, lo que parece claro es que con las actuales y limitadas capacidades del homo sapiens, la Ciencia parece ser la única respuesta "verdadera" ante los enigmas universales, que nos afectan menos de lo que deberían y más de lo que pensamos. Sin olvidar lo sugestivo de la teoría, nuestros esfuerzos deben concentrarse en la práctica, la experimentación y la demostración científica. Sólo así sabremos qué responder si alguna vez volvemos a oír un nuevo Wow!

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