Lunes 01 de septiembre de 2008
Tras el fatídico accidente del vuelo de Spanair JK-5022, que costó la vida a 154 personas, mucho se ha hablado y se ha escrito sobre los prolegómenos de la tragedia. Comienzan a salir a la luz filtraciones, más o menos interesadas y desde luego precipitadas, acerca de qué habría pasado si el avión finalmente hubiera sido sustituido, si los mecánicos hubiesen hecho esto o el piloto aquello. Por desgracia, nada de ello servirá para paliar el enorme dolor de los familiares de las víctimas. Y no lo hará, porque nada es capaz de compensar la pérdida de un ser querido. Nada. Y menos aún, especulaciones, rumores y declaraciones irresponsables.
Ni Spanair, ni el Gobierno, ni la oposición; por lo pronto -y a la espera de la investigación profesional y responsable que se está llevando a cabo- no hay más culpable que la fatalidad. Bien es verdad que la compañía aérea no atravesaba por su mejor momento, y ello pudo traducirse en un aumento de las horas de trabajo de su personal, algo sobresaturado al no disponer la empresa de más recursos humanos. Tal circunstancia es reprobable, desde luego -y, por otro lado, práctica común en el sector-, pero de momento, nada más. Pero de ahí a criminalizar a una compañía entera va un abismo. Y eso es lo que ha venido a insinuar la Ministra de Fomento, Magdalena Alvarez, espantada porque la opinión pública española, tan aficionada a veces a buscar un chivo expiatorio, responsabilice al Gobierno por el hecho de serlo coincidiendo con el desastre. La respuesta de los trabajadores de Spanair en pleno no se ha hecho esperar: han enviado una misiva al Presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, en la que solicitan su amparo y denuncian la actitud de su ínclita ministra. Y están en su derecho. Cuando concluya la investigación por completo, quizá se pueda llegar a un conocimiento aproximado de lo que ocurrió aquel aciago día. Hasta entonces, cualquier especulación es de todo punto irresponsable. Eso, sin contar con la zozobra que debe causar en los familiares de las víctimas desayunarse cada día con toda suerte de datos y rumores. Basta ya: la sociedad española, en general, y los medios, en particular, deben mostrar ante tragedias como esta un poco más de compostura, serenidad y presencia de ánimo, evitando el síndrome bíblico de buscar un culpable a la vuelta de cada esquina. Que las familias restañen sus heridas, y que la investigación siga su curso. Sin filtraciones ni insinuaciones. Tiempo habrá de determinar científica y serenamente causas y responsables, si los hubiere.
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