Pilotos de aviación y equipos de emergencia que colaboraron en las labores de rescate del accidente de Spanair, en el que fallecieron 154 personas, han sido las primeras personas en llegar a la catedral de La Almudena, donde se ha celebradp el solemne funeral por las víctimas.
Poco antes de las 20:00 horas, hicieron su aparición en la esplanada de La Almudena los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía que fueron recibidos por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, la vicepresidenta del Ejecutivo, María Teresa Fernández de la Vega, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y el alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón.
El lateral izquierdo de la catedral está completamente abarrotado por una treintena de trabajadores, vestidos con los uniformes de SAMUR y Emergencias Madrid, además de personal de bomberos y empleados sociales. Los pilotos, convocados por el SEPLA y liderados por el presidente del sindicato y piloto de Spanair, José María Vázquez, y Javier Navas, jefe de la sección sindical y compañero de la tripulación fallecida, también han tomado posiciones preferentes en la iglesia.
En el crucero de La Almudena se han sentado los directivos de Spanair, encabezados por su presidente, Lars Lindgren, y numerosos voluntarios de la compañía aérea y personal de Boeing, constructora del aparato siniestrado.
Pero los protagonistas de esta celebración son los familiares de las víctimas, invitados a participar en la ceremonia. A ellos se ha dirigido el cardenal Azobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela. Durante su homilía, el cardenal Rouco ha ofrecido su oración por los fallecidos pero también por sus familias que “vais a cargar inevitablemente con este pesada cruz. Esta pérdida irreparable - ha añadido - no pasa nunca”. El arzobispo de Madrid les ha ofrecido “el testimonio de la esperanza” de Cristo “que no defrauda” y que asegura podrá ayudarles ”enderezar vuestras vida”.
En nombre de la sociedad española, Rouco Varela ha explicado que “no dejaros solos en estos difíciles momentos es para todos un imperativo ineludible del amor cristiano”. También ha pedido a los familiares que no busquen el porqué de lo que les ha pasado porque “todas las respuestas humanas resultan insuficientes e incapaces de dar satisfacción a las más ondas preocupaciones”.
“En la vida y en la muerte somos del Señor”, ha afirmado el cardenal refiriéndose a la carta de San Pablo leída durante la ceremonia. Y, antes de concluir, el arzobispo ha pedido a los familiares que sus oraciones pidan a Dios que sus hijos, hermanos, padres o esposos “hayan participado en su muerte el amor del Cristo crucificado y hayan encomendado su espíritu en manos del Padre”. El arzobispo ha tomado como ejemplo a la madre que pidió que salvaran a su hija antes de morir. “Ella, ha asegurado el cardenal, ha ayudado a su niña con el amor de Cristo crucificado”.
Durante las peticiones a Dios, el Nuncio del Vaticano en España, Monseñor Monteiro de Castro, ha ofrecido la oración de todos los presentes también a las víctimas heridas en este siniestro aéreo que bien continúan en el hospital o se encuentran ya en sus casas.