Impacto, estremecimiento. Son los términos que mejor describen los últimos segundos en el JK5022 antes de estrellarse contra el suelo y llevarse la vida de 154 personas. Fuentes de Fomento han explicado a "El País" que una cadena de alarmas fueron sumándose en esos segundos finales y que todas ellas quedaron grabadas en el canal de ambiente. Entre ellas se encuentran las llamadas
oral warning, es decir, las alertas de voces prefijadas que montan los sistemas de seguridad de los aeroplanos. Una de ellas, indicaron, es la que alerta de la proximidad de tierra ("terrain"), a la que se suman otras de voz y algunas más que son insistentes pitidos, como las de stick shaker (aviso de pérdida), que funciona por vibración de la palanca del piloto.
Con tanto ruido, apenas se escucha a los pilotos. Justo al final, según las fuentes consultadas por este diario, se escucha nítidamente el grito de un hombre, un conjunto de golpes y, luego, el silencio. Los investigadores han recogido también en los últimos días las conversaciones finales entre la torre de control y la cabina del JK5022. No obstante, las declaraciones de los controladores que trabajaban en ese momento revelan que desde el inicio de la carrera final no hubo contacto entre avión y torre.
Por su parte, "El Mundo" revela que el sistema de despegue del avión de Spanair tuvo dos averías el 18 de agosto, dos días antes del accidente. En esa jornada, un técnico de mantenimiento se vio obligado a revisar el mecanismo que empleaba la aeronave para despegar, en concreto los llamados 'slats', por avisos de los pilotos. El motivo fue que fallaba el sistema de protección que tienen estas partes delanteras del ala para evitar que el avión entre en pérdida.
En el momento en que el avión pierde suspensión por alguna causa y se precipita al suelo, los "slats" -las pequeñas aletas delanteras que se extienden desde el ala cuando un avión despega o aterriza- disponen de un sistema automático que los saca en toda su extensión para que el aparato vuelva a recuperar estabilidad. Ello va acompañado de una luz roja, situada a la altura de los ojos del comandante y del copiloto, así como de una alarma que les advierte de que el aparato va a entrar en pérdida.
Dos días antes del accidente, el Sunbreeze fue revisado por Spanair en Madrid tras detectarse este fallo. El técnico tuvo que examinar también esa alarma roja que advierte en la cabina de los pilotos de que acecha un peligro y les comunica -de forma visual y sonora- que se corre el riesgo de perder el control de la aeronave. Tras superarse el contratiempo, el mecánico asegura que es "imposible" que se repita la misma avería.