Los “ongi etorri” que cantan las proezas de los asesinos de Eta se multiplican en las provincias vascongadas. Al frente de Bildu y de Sortu, dos antiguos terroristas: Otegui y Pla. El Gobierno sanchista no toma una sola medida para evitar el blanqueamiento de la banda terrorista Eta. Y tampoco hace nada en favor de las víctimas, que contemplan, impotentes, los homenajes públicos rendidos a los que asesinaron a sus familiares. Se trata de una vergüenza nacional. “Da asco”, me decía un destacado político del felipismo. Y le asiste toda la razón. Da asco. Da asco que en un Estado de Derecho se homenajee a los condenados por la Justicia, sentenciados por sus crímenes y tropelías.
Pablo Casado, que lidera la oposición con pulso firme y general acierto, ha denunciado la situación, haciendo referencia a lamentables acontecimientos. Además, el presidente del Partido Popular ha denunciado el motivo del despropósito que España padece: “Sánchez no hace nada ante los homenajes a Eta porque necesita esos votos”.
Y como los bilduetarras son insaciables, además de vulnerar el Estado de Derecho y la Constitución, con la apología de Eta, le sacan a Pedro Sánchez copiosas cantidades de dinero público que destinan a la propaganda secesionista. Se han convertido algunas televisiones públicas en instrumentos del partidismo político, y ciertas regiones como Cataluña o el País Vasco en alfiles del secesionismo. No parece fácil que se pueda remediar la situación. Las televisiones públicas autonómicas son además deficitarias y el que paga manda. Pedro Sánchez, por otra parte, precisa de los votos de separatistas y bilduetarras y se mantendrá de rodillas ante ellos.