Con la aprobación de los presupuestos generales del Estado en Consejo de Ministros, Pedro Sánchez se ha asegurado culminar la legislatura. Ha cedido a todas las medidas exigidas por Podemos, ha elevado el gasto a cifras nunca vistas y ha colado medidas contraproducentes para la economía para complacer al partido morado. Pero ya vuela solo. Ya no necesita la coalición con Yolanda Díaz e Ione Belarra. Es más, probablemente desea que se rompa para aparecer como un socialdemócrata de pura cepa.
Defenderá con sus argumentos oxidados las bondades de los nuevos presupuestos y repetirá hasta la saciedad que su política económica, a diferencia de la del PP, busca proteger a las clases medias trabajadoras. Sin olvidar convertir el “atraco” a las grandes fortunas y a las empresas en un gesto de “solidaridad” con los más vulnerables. Solo le queda acordar los presupuestos con sus aliados más fieles como ERC, Bildu y el PNV. Pero no le resultará difícil.
A partir de ahora, Pedro Sánchez empleará su tiempo y sus esfuerzos en lo único que le interesa: ganar las próximas elecciones. Sabe que lo tiene muy difícil, pero ya se sabe que cuenta con un potentísimo Ejército mediático y con una herramienta letal, como es el BOE. Y nunca hay que descartar que sea capaz de revertir el sentido de las encuestas independientes que coinciden en vaticinar una clara victoria del PP y el hundimiento del PSOE. Porque desde la trinchera de La Moncloa y con las Instituciones del Estado controladas va a recrudecer su batalla contra el partido de Feijóo hasta intentar hacerlo añicos. La propaganda ocupará el futuro de España el próximo año. Gobernar es lo de menos.