Hace ya cinco años anunciábamos el que, a juicio de este triste comentarista, era el proyecto editorial más alegre de los últimos tiempos: la publicación – a razón de un volumen por año – de la contribución del Magister Laetus, Gilbert Keith Chesterton, a la Ilustrated London News. Una contribución que se extendió durante treinta años, lo que nos auguraba treinta volúmenes en su traducción al español, es decir, treinta años gozosos. Tenemos, a día de hoy, veintiséis por delante y contamos ya con cuatro magníficos volúmenes. “No hay quinto malo”, dicen los taurinos, y estas líneas quieren sancionar esa profética afirmación. “Muchos vicios y algunas virtudes” es el título que han recibido en conjunto los artículos con los que G.K. C. contribuyó a la I.L.N. en el año 1910 y que verán la luz en estas primeras semanas de 2023[1].
El programa de la editorial Encuentro puede añadir a la Navidad, si esto fuera posible, un nuevo encantamiento, si hacemos coincidir esa fecha con el regalo del libro oportuno. Cada año podremos anhelar la nueva publicación y usar el libro como una suerte de almanaque, leyendo cada artículo semanal en la semana correspondiente del año actual. Leeríamos el 2 de abril de 2023 lo que Chesterton dio a la luz el 2 de abril de 1910, constataríamos así que este curioso calendario es signo de un año eterno.
La revolución que este uso esconde es un asombroso ardid de periodista – en un sentido ontológico – es decir: del experto en la dimensión invariablemente recurrente o periódica de la vida humana. El periodista es, en este sentido, el más agudo antropólogo: el verdadero conocedor del hombre común que es el hombre en su vida cotidiana. Es un modo de empleo de esta colección que nos permitiría adoptar la posición del enorme antropólogo que siempre fue el maestro inglés.
Chesterton, en efecto, se sitúa siempre en ese terreno antropológico desde el que puede trascender las oposiciones meramente políticas; de esa disposición procede su asombrosa capacidad de resultar diverso entre contrarios, practicando con una alegría inesperada esa cosa que, con gravedad germánica, se nombra aufhebung; sustantivación del verbo aufheben. Chesterton es capaz de conservar los antagonismos en su oposición más extrema y, sin embargo, trascenderlos sin desarmarlos. Esa disposición se nombra también con el latín tollere y supone una tolerancia real, la que sostiene una verdadera democracia. Por eso no hay un Chesterton de izquierda, ni un Chesterton de derecha, aunque haya hombres parciales que se reclaman chestertonianos pero que no pueden serlo íntegramente y de manera universal a causa de su hemiplejia política y moral.
Hay un modo de vencer esa hemiplejia: mediante el ejercicio de una tolerancia positiva (no hablo de la actitud débil y negativa a la que la corrección política alude hoy con ese término). Es la toleranacia que requiere de la práctica del convivium y el connubium, verdadero medio de incorporación del prójimo. Verdadero porque alcanza a las raíces antropológicas de la existencia y no se limita a integrar al otro económica o políticamente, por el expediente gris de darle un trabajo y facilitarle el acceso al consumo.
En el año 2017, más de 400.000 personas participaron – en Alemania – en el programa Deutschland Spricht. Estas personas fueron emparejadas entre sí en función de sus ideas políticas contrarias y se les invitó a encontrarse en cafés, cervecerías o iglesias de todo el país. Los participantes, casi sin excepción, aceptaron la reunión en semejantes lugares, repárese bien: cafés, cervecerías o iglesias. Repárese bien – decía – si se quiere entender el valor de lo que, los menos sensibles de sus críticos, llaman alcohocatolicismo chestertoniano. Un programa parecido, organizado en Bristol bajo el nombre de 91 ways to build a global city, también utiliza el poder unificador del convivium para aproximar a gente de ideologías opuestas.
Así pues, gentes de toda procedencia se reunieron a lo largo y ancho de Alemania. Los resultados se pueden resumir con facilidad. Sólo dos horas de conversación bastan para que se produzca una sutil apertura y comprensión de la posición del prójimo y se superen – sin negarlos – prejuicios opuestos. La mayoría de los participantes dijeron estar dispuestos a incluir a sus compañeros de reunión, antagonistas ideológicos, en su propio círculo social. Seguramente sorprenda a muchos que la respuesta más extendida ante la nueva disposición aluda al descubrimiento de lo que tenían en común, lo que en muchas ocasiones se resumía en la importancia que todos daban a la familia. El connubium es, con el convivium, el pilar fundamental de la condición humana y el cristianismo chestertoniano tiene su centro vital en una ceremonia de milagrosa comunión nutricia, en la más pura forma de verdadera alimentación.
Chesterton ha sabido siempre cuál es la matriz de la alegría de vivir o la verdadera fuente de la vida humana. Su inclinación a los lugares donde beber en compañía – lejos del estúpido hedonismo individualista – es un momento de su asombro ante la potencia comunicativa del parentesco y la filiación. No se olvide que el cristianismo chestertoniano, que es el viejo cristianismo que definió a Europa, articula un parentesco universal sobre una filiación trascendente.
Estas indicaciones sumarias acaso permitan empezar a entender que el afán por asignarle el título de magister laetus pretende tener una razón de ser menos evidente que la gracia de su estilo o su facilidad para la paradoja, quiere fundarse en la alegría incontenible que brota – a través de su persona – de esa fuente trascendente, una fuente que se encuentra a un nivel de realidad infinitamente más profundo que el indudable gozo de su estilo. Es el nivel de realidad desde el que Chesterton contempló siempre la vida común de los hombres y desde el que la agradeció con la más pura alegría. Esa alegría que debemos encontrar, como el Barioná del joven Sartre, en la desnuda existencia; con su carga inexcusable de dolor y sufrimiento, para poder decir finalmente: “quiero que muráis en la alegría, ebrios de cantos, de vino y de Esperanza”
Si quieren contrastar estos sumarios atisbos no tienen más que volver, un año tras otro, sobre los ejemplares que la editorial Encuentro nos ofrece y arroparse con las páginas de elemental bondad que salieron de la pluma del más alegre de los maestros de nuestro tiempo.
[1] Gilbert Keith Chesterton. Muchos vicios y algunas virtudes. Artículos 1910. Encuentro. Madrid. 2023.