El catedrático de Derecho Constitucional Juan José Solozábal ha publicado ‘La democracia en apuros’ donde recopila las columnas –o los recuadros, como le gusta llamarlos, en homenaje a Azorín- que han aparecido semanalmente en EL IMPARCIAL. Tras “Cuadernos de un constitucionalista. Recuerdos y ensoñaciones” (2012) e “Ideas y nombres. La mirada de un constitucionalista” (2015) llega la tercera colección de estas características.
De nuevo, el lector puede encontrar reflexiones “al paso” que aportan luz y hondura a asuntos de actualidad, bajo la personal mirada del autor. Comprenden los años de 2015 a 2018, un periodo marcado por el desafío secesionista catalán, el auge de los populismos, el Brexit o el mandato de Donald Trump al frente de la Casa Blanca. La reflexión sobre el constitucionalismo es una constante, aunque también hay semblanzas de sus autores predilectos, comentarios sobre lecturas y otros desafíos intelectuales.
-Este que presenta ahora es el tercer volumen donde recopila las columnas, o los recuadros, como le gusta llamarlos, citando a Azorín, que ha publicado en El Imparcial.
Es el tercer volumen y responde un poco a la misma idea de hacer comentarios “al paso”. Los llamo así porque, de algún modo, pretenden ser una reflexión no exactamente ocasional, procuro profundizar un poco en las razones últimas de las cosas que pasan. Sobre todo en el plano constitucional, pero evitando opiniones manidas o demasiado frecuentadas.
-Le iba a preguntar por eso. Explica precisamente en el libro que este trabajo pertenece al género de las acotaciones, formuladas ocasionalmente o, como dice, “al paso”.
Lo que no son es repentizaciones, no es una respuesta intempestiva, ni poco meditada, se refieren al fondo de la actualidad, pero pretenden no ser simples. De hecho me llevan bastante trabajo. Además, muchas son comentarios a libros o a artículos que aparecen especialmente en revistas un poco de pensamiento, digamos anglosajonas, que quizá no utiliza el lector. También hay semblanzas…
-En todo caso, la columna, tal y como la plantea normalmente, tiene una gran hondura, es un pequeño ensayo pero tiene la frescura de algo cogido al vuelo.
Muchas gracias. Es de lo que se trata. No son intemporales pero tampoco están tan pegadas al suelo que se pueda decir que son reacciones circunstanciales. Patxo Unzueta decía que era un “diario de ideas”, de lecturas.
-Tenemos una recopilación de más de cien columnas que comienzan con una reflexión sobre el propio columnismo que es de lo que estamos hablando, dice que en su caso “consiste en la exposición del núcleo esencial o alguno de los detalles más llamativos de una cuestión concreta, evitando el riesgo de la elucubración abstracta en que suelen incurrir los académicos en el tratamiento de los problemas”. Y también: “Las más de las veces me limito a sugerir o evocar, evitando la rudeza de la exposición frontal de lo que quiero o pienso, prefiriendo la invitación al dialogo a la imposición de lo evidente”. Este sería el espíritu.
Son columnas cordiales y moderadas, aunque a veces puedo reaccionar porque hay problemas de la vida española que me incomodan especialmente. No voy a decir que sean columnas amables pero sí tienen un tono comprensivo, digamos, quizá demasiado comprensivo. Alguno cree que demasiado comprensivo. No me gusta el choque frontal, eso es cierto, entonces hay a veces una mirada un poco oblicua, lateral. No van a lo más llamativo o a lo más obvio necesariamente. Dan un cierto rodeo a las cosas.
-Estoy de acuerdo, y efectivamente eso es lo que busca el lector, esa mirada lateral o heterodoxa. En todo caso son unas columnas publicadas entre 2015 y 2018 y quizá esos años se podrían caracterizar por el auge del populismo. Usted titula el libro “La democracia en apuros”.
Efectivamente, en el libro hay una suerte de preocupación por la suerte de la democracia. Está cuestionada la democracia constitucional. Esto es muy importante. Quien habla es un constitucionalista y, efectivamente, la democracia no es un simple modo de designar gobiernos con mayoría. La democracia tiene un contenido, tiene unas exigencias como forma política moderada en la que se respeta el Derecho, en la que hay división de poderes. Y hay unas condiciones, digamos, espirituales de libertad. Eso para mí es muy importante.
Son los años del desafío del independentismo catalán. Se transformó lo que era un nacionalismo, integrado, y que no cuestionaba el marco, en un nacionalismo independentista que supone un peligro claro para el sistema constitucional.
Hay una denuncia del independentismo porque pone en cuestión el sistema constitucional y porque yo entiendo que no es solidario y que es, desde un punto de vista histórico, un movimiento reaccionario. Estamos en un periodo en el que se trata de construir formas políticas en el más amplio espectro. Entonces, esta regresión a unas coberturas políticas de espacios limitados me parece que no va con la historia.
"La clase política española, especialmente los dos grandes partidos, estaban manifestando una cierta oxidación”
Por otro lado, el populismo nuestro denuncia lo que llama “el régimen”. No valora lo que ha supuesto en nuestra historia el asentar un sistema de verdadera libertad, que es el sistema constitucional. Aunque pueda hacerlo de boquilla, pero en el fondo yo creo que hay un menosprecio por lo que se hizo en la Transición y por el propio sistema que, como digo, es un sistema espiritual, no es un mero edificio institucional sino que requiere de la aceptación de determinados valores.
Y esto, el populismo, a través de la simplificación que supone el atribuir todos los problemas y todos los males a una malevolencia, a “la casta” enfrentada a lo que llama “pueblo” y tal, con una visión tan superficial… pues bueno, me parece que no es satisfactoria.
Y, aunque se da con tonos especiales en el caso español, sabemos que no es un fenómeno estrictamente nuestro, es un fenómeno que desgraciadamente tiene unas manifestaciones muy preocupantes en algunos casos, afectan a sistemas que se orientan al autoritarismo y es preocupante por lo que tiene de fondo, de formas poco sofisticadas, demasiado elementales y simplificatorias.
La democracia es un sistema deliberativo y utiliza argumentos de peso y veraces, mientras que el populismo tiene tendencia al asambleismo y a una democracia demasiado decisionista, especialmente con lo que respecta a los líderes.
Esto no quiere decir que no haya aspectos a comentar sobre este auge del populismo. Primero, que las cosas tienen una causalidad. La clase política española, especialmente los dos grandes partidos, estaban manifestando una cierta oxidación.
Las élites dirigentes, es una cosa muy estudiada por la sociología, sobre todo a comienzos de los años 20 del siglo pasado, se aletargan, se aburguesan, diríamos, pierden reflejos, no se renuevan. Todo esto agudizado por lo que ha sido el sistema de renovación y de designación de los líderes que ha fomentado quizás un hiperliderazgo. Pero en fin, esto tampoco hay que exagerarlo porque creo que los liderazgos fuertes en estos momentos de crisis son bastante inevitables.
La cuestión es que respeten el marco. Y el marco obliga a todos, a todas las instituciones, no solo al Gobierno, porque la democracia es un sistema político moderado y a veces se quieren hacer demasiadas cosas y demasiado rápidas. El Gobierno no puede transformarlo todo.
"Hay una opacidad preocupante en algunos temas, por ejemplo en los relacionados con la política exterior española"
-El nacionalismo secesionista que se ha visto durante estos años puede ser también un avatar del populismo, mutó en otra cosa, ya no era el nacionalismo catalán al que estábamos acostumbrados. En todo caso, hay un cuestionamiento de las instituciones que comienza aquí y que sigue de actualidad.
Hay problemas, aunque no soy muy partidario de resaltarlos de manera que olvidemos que estamos en una situación de normalidad institucional, aunque ha habido desafíos muy graves. La pandemia, la crisis económica y ahora la guerra.
Y la responsabilidad afecta a todos. Yo he sido crítico con el Tribunal Constitucional en relación a la pandemia. El problema jurídico-constitucional que se ha planteado en España es bastante inédito en otros países de nuestro entorno y la situación ha sido grave porque se ha desarmado jurídicamente al Estado y al Gobierno en el tratamiento sobre todo de una crisis de la magnitud de la pandemia. Creo que el Tribunal tenía otros medios de afrontarlo no de manera tan drástica. Lo hizo dividido y lo hizo en unos términos que me parece a mí que… Podía haber recurrido las sentencias interpretativas, estimatorias, y sin embargo descalificó las dos decisiones más importantes del Gobierno: dijo que el estado de alarma debería haber sido estado de excepción cuando no había más remedio y, cuando se intentó implicar a las comunidades autónomas, que seguramente se hizo de modo poco cuidadoso, la respuesta del Tribunal fue muy contundente.
Se ha provocado una crisis entre el Gobierno y el Tribunal Constitucional, qué vamos a hacer. Hay muestras de una problemática bastante preocupante. Un Gobierno que no tiene la unidad que se debe requerir en un órgano constitucional y que dirige la política del Estado y esto también es grave.
Con todo, no creo que estemos en una situación como a veces se plantea en términos de liquidación, a veces soterrada, del sistema constitucional. Yo creo, por el contrario, que ha habido un funcionamiento parlamentario que ha respondido. Se han sacado adelante los Presupuestos, hay una producción legislativa muy alta. Cierto que se hay un abuso evidente de los decretos-leyes y también es cierto que determinados temas no se están planteando en el nivel que deben, a nivel parlamentario.
Hay una opacidad preocupante en algunos temas, por ejemplo en los relacionados con la política exterior española, pero yo creo contra lo que se ha dicho que hay algunas líneas rojas y algunos elementos del edificio constitucional algunas vigas que son muy importantes que están siendo tratadas como se merecen. Me estoy refiriendo al tema del referendum, donde estoy convencido de que la posición del Gobierno es firme, que no puede haber un referendum de autodeterminación ni explícito ni implícito y, por otra parte, a mí me parece muy satisfactoria la actitud del Gobierno en relación con la Corona.
Me refiero a la cancelación de esa idea que había de que quizás fuera necesaria una ley de la Corona que en definitiva hubiese supuesto dejar que el legislador ocasional pusiese sus manos sobre esta institución que está reservada a la Constitución
Y esas dos cosas denotan un propósito por parte del Gobierno que he tenido en cuenta a la hora de hacer este balance que efectivamente plantea aspectos muy críticos, sombras, pero que no hay que exagerar
Lo cual no quiere decir que no haya un sector muy importante que quizá esté pensando en cambiar de Gobierno, me parece la cosa más lógica del mundo. En eso consiste el Gobierno, en que la oposición tenga sus chances.
Ahora, la oposición tiene también que ser cuidadosa. El sistema constitucional es el marco para el Gobierno pero también para la oposición y en este sentido, la insistencia a no renovar el Consejo General del Poder Judicial me parece que es una pena que no se corrija. Porque sería muy importante para la normalidad del sistema institucional.
"El edificio institucional del 78 está bien hecho y resiste"
-Hay voces que aseguran que otro gobierno de coalición con apoyos similares a los actuales nos llevarán a un proceso constituyente.
Ya he comentado, sobre la salud democrática del país, que hay cosas que no son de recibo, que no están bien, pero de ahí a pensar en que hay un propósito desconstituyente del Gobierno que, como no se ha podido materializar ahora, se llevaría a efecto en un Gobierno con la misma coalición que podría darse en el futuro, yo creo que eso es demasiado. No comparto esa idea.
Por las razones que he dicho. No creo yo que podamos hablar de un deterioro cualitativo en el edificio institucional de España. Hay problemas graves pero pienso que no hay ninguna duda razonable, digamos, para pensar que el edificio vaya a ser demolido o desustancializado, vaciado, yo no veo eso, no comparto esa idea.
-Pero, con un gran consenso, ¿sería bueno reformar la Constitución?
Ahí tenemos un problema. Hay un número de diputados que cuestionan los soportes básicos o los rasgos básicos de nuestra Constitución.
De manera que no deja de ser una anomalía que efectivamente no se pueda proceder a una reforma constitucional. En aspectos técnicos, en puntos concretos, si empezásemos a hablar sobre deficiencias de la Constitución yo creo que no acabaríamos, pero hay que ver qué entidad tendrían esos cambios.
Los derechos de los extranjeros, no están bien reconocidos, cierto. La misma reforma del 168. Hay cantidad de asuntos que podrían cambiarse y no pasa nada. No está bien que no se puedan modificar, como se modifican otras constituciones.
Ahora, si estamos pensando en una reforma que introduzca la autodeterminación o que suprima o limite o deje en unos términos nominales la Corona, o que refuerce el presidencialismo… Estaríamos hablando de cosas muy serias.
Entonces, depende de qué tipo de reforma estamos hablando. Habría que ver si se trata de cuestionar el edificio institucional. Una reforma de esas características debería contar con la aceptación de la ciudadanía. No saldría adelante. El edificio institucional del 78 está bien hecho y resiste.
-El libro no sólo trata sobre asuntos de reflexión constitucional.
Efectivamente, hay recuadros sobre los autores que me interesan, semblanzas. Esta generación foralista vasca de los años 50 y 60, Caro Baroja, Azaola, que es un autor que se habla mucho en el libro, José de Arteche. También Idígoras. Todos ellos autores muy interesantes. Son foralistas constitucionales capaces de compatibilizar un vínculo afectivo y político con el País Vasco, Euskadi, y España.
Hay gente por ahí que cree que tiene cierto peligro, el peligro de fortalecer el centrifugismo, pero yo no comparto esa idea. Hablo mucho de democracia, de detalles del foralismo, de los derechos históricos… Quiero decir que hay aquí una base espiritual para establecer una relaciones del País Vasco con el resto de España y que también se podría pensar en lo importante que sería que eso sucediese también en el caso catalán.
Algunos recuadros tratan sobre personas que han fallecido: José Ramón Recalde, Txiqui Benegas, Francisco Rubio, Alfredo Pérez Rubalcaba, Patxo Unzueta. También hay un elogio sobre el discurso de Javier Fernández al dejar la gestora del PSOE, que me pareció un ejemplo de dignidad política.