Comenzó el partido igualado, en parte porque el cuadro anfitrión perdonó mucho en situaciones propicias de cara al aro contrario y desperdició así la oportunidad de distanciarse en el marcador. No estuvo mucho más acertado su rival y por ello, con seis minutos jugados, apenas habían metido veinte puntos entre los dos.
Al segundo cuarto entró más entonado el Maccabi, con un parcial de 2-6 que le permitió tomar algo de ventaja. Esa, y las posteriores de las que dispusieron, las fue anulando el Mónaco hasta el descanso. Y gracias a ello consiguió irse a los vestuarios solo tres abajo, metido de lleno en el choque pero con peores sensaciones (33-36).
Ese acercamiento fue un espejismo ya que, de vuelta al parqué, dieron los israelíes el golpe de autoridad que llevaban tiempo buscando. Un parcial de 0-9, construido sobre varias pérdidas e imprecisiones ofensivas de los locales, les otorgaron una renta de +11 que apenas se vio reducida hasta el minuto 30.
Así las cosas, los monegascos estaban obligados a ofrecer su mejor versión. El 0-6 con el que empezó el tramo decisivo, de nuevo con una pérdida en ataque, supuso un mal augurio que se fue confirmando para un anfitrión negado a canasta, con un 4 de 26 en triples e incapaz de meter más de 17 puntos en ninguno de los cuartos.