Opinión

Los Días del Patrimonio Polaco

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Domingo 07 de mayo de 2023

El 3 de mayo es una fecha importante en la historia de Europa. Aquel día de 1791 una multitud celebraba en Varsovia la adopción de la que sería la Constitución más moderna y avanzada de todo el continente. Aparte de establecer la igualdad ante la ley de los nobles y el pueblo, garantizaba la libertad religiosa y la separación de poderes. En 2014, la Unión Europea la distinguió como Patrimonio Europeo.

En memoria de aquel 3 de mayo y de su trascendencia no sólo para Polonia, sino para el resto de Europa, se celebran los Días del Patrimonio Polaco. Por todo el continente, se prodigan las conferencias, las exposiciones y otros eventos que ponen de relieve el patrimonio polaco que compartimos los europeos.

Después de las tres particiones que pusieron fin a la República de las Dos Naciones entre 1772 y 1795, los patriotas polacos mantuvieron viva la llama de la identidad nacional y del deseo de independencia. El Estado había desaparecido, pero la nación seguía viva. En el exilio, en todas las revoluciones de Europa y América, los polacos desempeñaron papeles destacados como soldados y oficiales. No había capital europea sin sus profesores de piano polacos. No había café sin sus poetas polacos. No había conspiración liberal en la que los polacos no participasen. El gran poeta nacional, Adam Mickiewicz (1798-1855) nació cuando la República de las Dos Naciones ya no existía y falleció en Constantinopla, después de haber preparado la intervención de un contingente polaco en la Guerra de Crimea en apoyo de los otomanos contra el Imperio Ruso. Tadeusz Kościuszko (1746-1817), el valeroso general que lideró el alzamiento de 1794 contra los rusos, cayó prisionero y, en 1796, partió camino del exilio. El último rey de Polonia, Estanislao II Poniatowski, moriría en San Petersburgo en 1798. Así, a lo largo de todo el siglo XIX, los polacos inspiraron a Europa y América con su aspiración de libertad y su voluntad de combate.

Esa voluntad volvió a manifestarse cuando, en 1939, Alemania y la Unión Soviética invadieron la República de Polonia, restaurada en 1918 y salvadora de Europa en 1920. Los polacos fueron los primeros en combatir tanto en el campo de batalla como en la resistencia. Los nazis jamás lograron instalar un gobierno títere en Polonia. No conocieron un momento de paz. El Estado clandestino dio nombre al gran libro de Jan Karski (1914-2000), el heroico enviado del gobierno en el exilio que sirvió de enlace con la resistencia interior. El Alzamiento del Gueto de Varsovia, cuyo 80º aniversario se conmemora este año, y el Levantamiento de Varsovia en 1944 marcaron dos hitos en la memoria de la resistencia frente a los nazis. En los días en que, en todo el continente, se suceden las celebraciones por el Día de la Victoria frente a Alemania, cobran especial significado nombres como el de Witold Pilecki (1901-1948), el valiente oficial polaco que no sólo se infiltró en Auschwitz para organizar la resistencia, sino que combatió también a los soviéticos hasta que lo capturaron en 1947. Ya contaremos su historia. Baste, por ahora, señalar que Polonia tiene un lugar de honor en la memoria de la libertad y la lucha contra los totalitarismos. También eso es parte del Patrimonio Polaco que se celebra estos días.

En ese contexto, la Embajada de la República de Polonia y el Instituto De Republica han organizado el próximo día 12 de mayo una conferencia a cargo del profesor Paweł Skibiński, uno de los grandes historiadores polacos actuales, con el título “La línea de los Habsburgo de Żywiec y su relevancia para la historia de Europa”. Tendrá lugar en el Salón de Actos de la Universitas Senioribus CEU, calle Tutor, 35, 28008 Madrid y quienes deseen acudir pueden inscribirse en embajada.madrid@msz.gov.pl. Se trata de una estupenda ocasión de escuchar a un magnífico académico y de conocer un aspecto de la historia de Europa poco tratado en España.

Así, en estos días en que se recuerda la Constitución polaca de 1791, tenemos una oportunidad de volver la vista atrás y recordar aquellas palabras de Mickiewicz en “Libros de la nación polaca y del peregrinaje polaco”: «Y dijo al fin Polonia: “Quienquiera que venga a mí será libre e igual, pues yo soy la libertad”».