Y el setubalense fue muy crítico con el arbitraje: "La influencia de los árbitros en nuestros partidos es una cosa a la que ya estamos acostumbrados, pero en una final europea no me lo esperaba". "Basta con ver la boca de Ibáñez y se entiende todo, con ver a Lamela que ha tirado un penalti y que tenía que haber sido expulsado; basta con ver que el equipo que jugó mejor en el primer tiempo es el que ha terminado con tres amarillas. Pellegrini se cae y es amarilla, Ocampos simula y no hay amarilla", señaló.
La derrota dejó muy tocado al conjunto 'giallorosso', que llegó a Budapest con la ilusión de levantar el segundo trofeo europeo consecutivo. "Se lo he dicho a los jugadores al final del partido, con ellos hablo siempre de manera honesta. He ganado cinco finales antes que esta y no me voy a casa menos orgulloso esta vez que en las otras cinco que he ganado. Muy orgulloso de los chicos", ponderó. "Se lo he dicho también antes. O salimos de aquí con la copa o salimos muertos. Y salimos muertos. Los jugadores están muertos de cansancio, yo también, física y psicológicamente. Ha sido una final durísima, creo que hemos jugado casi 150 minutos porque los descuentos han sido increíbles", sentenció.
Las palabras contra el arbitraje del técnico de la Roma han tenido consecuencias al día siguiente. Este jueves, en el aeropuerto húngaro, el colegiado de la final se ha visto rodeado por aficionados italianos que trataban de agredirle. La seguridad tuvo que intervenir para evitar que el árbitro Anthony Taylor y su mujer sufrieran violencia física y consiguieron entrar rápidamente en la pasarela. Una imagen lamentable que ha provocado que analistas y las redes sociales culpen a Mourinho de esta actitud impresentable de algunos de los hinchas de su equipo.