Opinión

Vayan a ver esta exposición

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Lunes 28 de agosto de 2023

Desde el pasado 23 de agosto, la Catedral Magistral de los Santos Justo y Pastor de Alcalá de Henares acoge la exposición “La familia Ulma. Muerte por humanidad”. Comisariada por el Instituto Nacional de Memoria en Rzeszów y el Comité del presidente de la República de Polonia para las celebraciones que acompañan la beatificación de la Familia Ulma, la muestra ha llegado a España gracias a la colaboración de la Fundación Nacional Polaca, del Padre Sławomir Wiktorowicz, presidente de la Asociación Polonia Domus Nostra, y del Instituto Polaco de Cultura.

Se trata de la colección de paneles de fotografías y textos que narran las circunstancias de la ocupación alemana de Polonia entre 1939 y 1945 y el asesinato de Józef y Wiktoria Ulma y de sus siete hijos en Markowa, un pueblo de la comarca de Łańcut, en el distrito de Rzeszów. En el verano de 1942, los alemanes mataron a casi todos los judíos de Markowa. Los sacaron de sus casas, los tirotearon y los enterraron en un terreno donde antes se enterraban animales. Unos pocos judíos lograron escapar y esconderse en los alrededores. Dos familias judías de la zona, los Szall y los Goldman, pidieron a los Ulma que los escondiesen e su granja. Józef y Wiktoria accedieron. Probablemente los delató un policía que sabía que los Szall habían sobrevivido y que podían estar por los alrededores. La noche del 23 al 24 de marzo de 1944 policías alemanes al mando de Eilert Dieken llegaron a la granja y encontraron a ocho judíos. Primero los mataron a ellos y después a toda la familia Ulma. Wiktoria estaba embarazada de nueve meses. En 1995, Yad Vashem reconoció a Józef y Wiktoria Ulma como Justos entre las Naciones.

Sin embargo, la exposición no se centra sólo en cómo murieron los Ulma, sino que dedica una parte importante a cómo vivieron. Gracias a ella, aprendemos, por ejemplo, que Józef era aficionado a la fotografía. Podemos ver un retrato suyo en el que aparece muy serio, con bigote, tocado con una gorra y un abrigo oscuros. Mira a lo lejos como si inspeccionase unas obras o viera acercarse una tormenta. Debía de ser un hombre muy habilidoso porque no sólo se construyó una cámara fotográfica, sino también una radio, un aparato para encuadernar y una pequeña central eólica. Su casa fue la primera del pueblo en tener luz eléctrica. Wiktoria había participado en el grupo de teatro de Markowa. Los dos eran católicos y así criaron a sus hijos. Creo que no es preciso decir nada más de su fe: por ella habla su sacrificio y el de sus hijos.

Hubo gente así.

Polonia, primera en combatir a los nazis en el campo de batalla, nunca se rindió. El III Reich y la URSS se la repartieron. Los aliados occidentales la dejaron sola. Sin embargo, los ocupantes nunca conocieron un momento de paz en la Polonia ocupada. La resistencia -el famoso Estado Clandestino que describió Jan Karski- luchó en el interior mientras el gobierno polaco en el exilio mantenía la continuidad histórica. Los pilotos polacos defendieron los cielos de Inglaterra. Su infantería combatió en África y en Italia. Inquebrantables, inasequibles al desaliento, heroicos hasta el extremo, los polacos no claudicaron jamás. Gracias a la resistencia polaca, el mundo tuvo las primeras noticias de los campos de exterminio alemanes. Alemania, por cierto, todavía no ha indemnizado a Polonia por los daños causados al país y al pueblo.

En medio del horror, los Ulma son un ejemplo para toda la humanidad. Ellos escondieron, alimentaron y dieron refugio a dos familias judías a quienes los nazis querían matar. Arriesgaron y sacrificaron sus propias vidas y las de sus hijos. Eligieron el camino más difícil, pero hicieron lo correcto, lo justo, lo humano. Esta pequeña exposición, que se ve en un rato sin fatiga ni agobio, nos enseña una de esas lecciones que la historia de las grandes batallas y las presidencias decisivas a menudo oculta: los seres humanos seguimos siendo capaces de hacer el bien incluso a riesgo de lo más preciado. Si me preguntan cómo es posible, responderé que para Dios nada hay imposible y que la fe de los Ulma es central para comprender lo que hicieron, pero no me escuchen a mí. Vayan a la exposición, vean sus rostros, lean sobre sus vidas y sobre la heroicidad de preservar la claridad moral en las horas más oscuras de Europa.