Tallin. 18 de septiembre de 1944. Las tropas alemanas se retiran ante el avance del Ejército Rojo. Hay un repliegue, pero la capital estonia no ha caído en el caos. Juri Uluots (1890-1945), último primer ministro de Estonia antes de la guerra y jefe de Estado en funciones, nombra a Otto Tief primer ministro. La República de Estonia tiene gobierno. La continuidad del Estado nacido en 1918 y que luchó por su independencia entre 1918 y 1920 se mantiene. Al final, todo acabará de modo trágico y heroico, pero aún faltan cinco días.
Los estonios confían en los compromisos políticos de los aliados. Los británicos y los estadounidenses han firmado en plena guerra la Carta del Atlántico (14 de agosto de 1941). Han proclamado su respeto por “el derecho que tienen todos los pueblos de escoger la forma de gobierno bajo la cual quieren vivir, y desean que sean restablecidos los derechos soberanos y el libre ejercicio del gobierno a aquellos a quienes les han sido arrebatados por la fuerza”. Han hecho votos por “una paz que permita a todas las naciones vivir con seguridad en el interior de sus propias fronteras”. Estos principios se han trasladado a la Declaración de las Naciones Unidas, que no sólo han firmado el Reino Unido y los Estados Unidos, sino la propia Unión Soviética. Todos ellos se han comprometido con “una victoria absoluta sobre sus enemigos para defender la vida, la libertad, la independencia y la libre profesión de cultos, así como preservar los derechos humanos y la justicia, tanto en su propio suelo como en otras tierras, y estando en el presente empeñados en la lucha común contra fuerzas bárbaras e inhumanas que tratan de subyugar al mundo”. Cuando el III Reich caiga y termine, la República de Estonia podrá recuperar su lugar en el concierto de las naciones. Este gobierno, pues, encarna una esperanza, pero también una promesa.
En Moscú ven las cosas de otro modo.
Ya desde el nacimiento de la República de Estonia, la URSS la ha visto no sólo como una amenaza, sino como una enemiga. Los estonios lucharon entre 1918 y 1920 por su independencia, que los bolcheviques han aceptado a regañadientes en el Tratado de Tartu (1920). Cuando acordaron con el III Reich repartirse los países vecinos, la URSS se quedó con Estonia: en junio de 1940 Moscú ocupó las tres repúblicas bálticas. En 1943, en Teherán, Stalin ha acordado con Churchill y Truman que las repúblicas bálticas seguirán en la URSS después de la guerra. Estonia, Letonia y Lituania no volverían a conocer la libertad hasta 1989.
Sin embargo, Estonia no ha desaparecido. El Comité Nacional Estonio encarna el gobierno del país mientras los alemanes se retiran y los soviéticos avanzan. Los diplomáticos estonios en el exilio también se someten a la autoridad de este órgano. Todos ven en Jüri Uluots a la autoridad legítima en Estonia. Hay que actuar rápido: si se logra detener el avance soviético hasta que Alemania se rinda ante los aliados occidentales, tal vez Estonia sobreviva. Ellos no parecen saber lo que se ha acordado en Teherán. Ignoran, aunque tal vez lo sospechen, que esos aliados en cuya victoria confían los han abandonado en manos de los soviéticos. Uluots nombra primer ministro a Otto Tief (1889-1976), abogado.
Leí por primera vez la historia de Tief en “Estland im Zweiten Weltkrieg” (Tallin, 2005), un librito escrito por el historiador y exprimer ministro estonio Mart Laar. Luego pude profundizar en el periodo gracias a la colosal “Estonia 1940-1945. Reports of the Estonian International Commision fon the Investigation of Crimes Against Humanity”. Es un personaje interesantísimo en su trágico destino. Sólo tuvo cinco días, pero le bastaron para salvar la continuidad del Estado.
El 18 de septiembre Tief proclama la independencia de Estonia, es decir, restaura esa independencia que la República había tenido y que sucesivas invasiones habían impedido. También declara la neutralidad. El país había sufrido dos ocupaciones, pero no había desaparecido. Debieron de ser horas gloriosas y terribles. El gobierno se reúne el día 19 e intenta organizar la defensa. La tarde del día 20, soldados estonios izan la bandera tricolor -azul, negra y blanca- en lo alto de la torre Hermann, donde el gobierno tiene su sede. La Gaceta Oficial -el equivalente del BOE- comienza a imprimirse y publica los nombres de los nuevos ministros el día 21. Se adoptan medidas para que los efectivos estonios protejan la capital en un acto de heroísmo formidable e inverosímil. La máquina soviética era, a la altura de 1944, casi imparable. No hay tiempo. ¡No hay tiempo! El 21 de septiembre la aviación soviética bombardea la ciudad.
Los estonios combaten a la desesperada. El gobierno trata de huir al exilio y hace un llamamiento al pueblo para que conserve la idea de la nación y la independencia “mientras dure la ocupación”. Los soviéticos toman Tallin el día 22. El gobierno espera que una embarcación proveniente de Suecia llegue a la costa estonia para evacuarlos, pero sufre una avería en el motor y casi todos caen en manos de los soviéticos. A algunos los someterían a un juicio farsa y los deportarían a Siberia. A otros, los condenaron a muerte en juicios sin garantía. Uluots, que logró escapar, murió en un hospital sueco en enero de 1945. Tief daría con sus huesos en el Gulag, donde sufrió condena hasta 1956. No se le permitió regresar a Estonia. Tuvo que vivir exiliado en Ucrania y en Letonia. Tampoco se permitió que se le enterrase en su patria. Sólo después de recuperada la independencia, en 1993, pudieron sus restos descansar en Tallin.
Los combates en Estonia, por cierto, duraron hasta noviembre de 1944. Hubo resistencias y guerrillas anticomunistas incluso después, pero eso nos daría para otra columna.
Aquellos pocos días de septiembre -se suele hablar del “Gobierno de los Cinco Días”- supusieron, sin embargo, la continuidad de la República de Estonia y marcaron un punto de inflexión en la historia del país. Los soviéticos no liberaron nada -Estonia ya era independente “de iure” y sólo ellos impedían que lo fuese también “de facto”. El dominio soviético supuso para los estonios décadas de opresión -no es exagerado hablar de una tercera ocupación de Estonia- pero ellos no renunciaron a aquella república que, durante cinco días, había vuelto a la vida. El comunismo fue una prisión, pero no bastó para asfixiar la aspiración de libertad. Estos acontecimientos se conmemoran el día 22 de septiembre en Estonia como Día de la Resistencia Combatiente o Día del Gobierno de Otto Tief.
Esta columna recuerda hoy, pues, a Otto Tief y el Gobierno de los Cinco días.