Opinión

Un falso héroe

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Domingo 01 de octubre de 2023

“Lucho contra los rusos”. Anthony Rota, presidente de la Cámara baja de Canadá, acababa de pronunciar ante el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, el encendido elogio de un compatriota de ambos: el canadiense-ucraniano y veterano de la II Guerra Mundial Yaroslav Hunka. “Hoy tenemos en esta Cámara a un veterano de guerra ucraniano-canadiense de la Segunda Guerra Mundial que luchó por la independencia de Ucrania contra los rusos, y que sigue apoyando a las tropas hoy en día incluso a sus 98 años de edad. Su nombre es Yaroslav Hunka”. El antiguo soldado saludaba mientras recibía el aplauso del Parlamento puesto en pie. Rota añadía que se trataba de “un héroe ucraniano y un héroe canadiense”. Ustedes ya conocen la tormenta política que vino después y que aún no ha amainado.

Ciertamente Hunka, viejo conocido de organizaciones como el Centro Simón Wiesenthal participó en la II Guerra Mundial, pero en la 14ª División de Granaderos Waffen-SS, conocida también como División Galitzia: una unidad de voluntarios ucranianos que participó en matanzas de judíos y en la limpieza étnica de Volinia. Formada en 1943, esta unidad se dedicó a la lucha contra partisanos polacos, soviéticos y yugoslavos. Dado el tipo de guerra que Hunka libraba, que no distinguía entre combatientes y no combatientes y participaba en represalias, habría que decir más bien que la tarea de aquellos hombres era más la represión que la lucha en la primera línea del frente. Esto ya debería hacer sospechosas las pretensiones de heroísmo.

Los crímenes de esta división son bien conocidos. Hasta su rendición en mayo de 1945 ante los aliados occidentales -a quienes los nazis veían más clementes que a los soviéticos- los hombres de la División Galitzia participaron en matanzas investigadas en profundidad por instituciones polacas y ucranianas. El 28 de febrero de 1944 mataron a un número que, según las fuentes, va de 500 a 1200 polacos en Huta Pieniacka, localidad de la actual Ucrania. El 12 de marzo del mismo año hicieron lo propio en Podkamień (hoy Pidkamin), donde mataron a unos 600 polacos. De nuevo, las cifras varían, pero, en todo caso, no fueron menos de 150. En el pueblo de Palikrowy, ese mismo día de 1944, mataron a otros 385 polacos. Todas estas matanzas formaban parte de un plan para destruir a los polacos de Volinia y, en ellas, no sólo participaron efectivos de la División Galitzia sino también hombres del Ejército Insurgente Ucraniano. Mataron a unos 100 000 polacos en su propia tierra. La vida polaca nunca se recuperó de esa limpieza étnica perpetrada entre 1943 y 1944.

Esta semana se han cumplido 82 años de la masacre de Babi Yar, que Shostakovich recordó en su sinfonía nº 13. Es el primer episodio que narran Vasili Grossman e Ilyá Ehrenburg en “El libro negro” (Galaxia Gútenberg, 2011), el sobrecogedor informe basado en testimonios de las atrocidades cometidas por los nazis y los colaboracionistas contra los judíos en los territorios de la URSS ocupados por los soviéticos.

Entre el 29 y el 30 de septiembre de 1941, efectivos alemanes y ucranianos mataron a 33 771 judíos en el barranco al noroeste de Kiev que lleva ese nombre. A ellos se sumarían prisioneros soviéticos y gitanos. El número de víctimas de aquellas matanzas asciende a unos 100 000. Honrar a un ucraniano que “luchó contra los rusos” sin considerar dónde y cómo lo hizo delata una confusión moral absoluta. Hacerlo en estos días, revela además una profunda desmemoria. Se debe ser muy prudente al hablar de esta parte de Europa en estos años. Los ucranianos colaboracionistas no sólo combatieron contra “los rusos”, sino también contra otros ucranianos que servían en el Ejército Rojo y en las unidades partisanas. Muchos de aquellos ucranianos a quienes la División Galitzia y otras unidades al servicio de los nazis hostigaban eran judíos. Definitivamente hay que ser muy cauteloso cuando se habla aquí de héroes y, sin duda, los asesinos de aquella división estaban muy lejos de serlo.

Así, la historia de la 14ª División de Granaderos Waffen-SS es cualquier cosa menos heroica. Los héroes eligen su propio destino. Estos ucranianos eligieron matar a hombres, mujeres y niños desarmados, es decir, escogieron ser asesinos, no soldados. Aquella división infame sólo combatió contra los soviéticos al final de la guerra y resultó no sólo derrotada, sino casi aniquilada. Asesinar a civiles desarmados era diferente de enfrentarse al Ejército Rojo. Haber pertenecido a esta unidad debería ser motivo de vergüenza para cualquiera. Hunka, lejos de ser aplaudido, debería haber sido juzgado.

Quizás aún pueda serlo.

En efecto, se ha publicado que las autoridades polacas han dado los primeros pasos para solicitar a las canadienses la extradición de Hunka para juzgarlo en Polonia. Arif Virani, ministro de Justicia y Fiscal General de Canadá, ha declarado no haber recibido ninguna solicitud todavía y ha añadido que “hacer comentarios en la fase inicial de un proceso de extradición no es apropiado”. Las cautelas llegan un poco tarde después del homenaje que le hicieron a Hunka delante de Zelenski.