Funambulista. Madrid, 2023. 274 páginas. 18 €.
Por David Lorenzo Cardiel
«Había resuelto olvidar su pasado, y que lo olvidara también el lector de este relato: no quería recordar sus años de cirujano cardiaco; no deseaba dar apenas datos sobre sí mismo, ni sobre lo vivido antes de su llegada a Roma. A menudo practicaba una amnesia deliberada y fingía no recordar dónde nació, ni quién era su padre, ni su edad ni su profesión: nada».
El escritor Ricardo Lladosa acaba de publicar en la editorial Funambulista su tercera novela, Roma en el bolsillo. Se inició como narrador con Madagascar (2018) y, más tarde, con otra novela peculiar, Un amor de Redón (2019). Ahora, un lustro después, ofrece a sus lectores otro baño de fantasía, aunque esta vez, muy probablemente, más cercano para el imaginario europeo, como es el caso de Roma. Aquella Roma, banal y profunda, generosa en su infinidad de fuentes públicas y desbordante cuando llevas más de una hora de caminata y deseas sentarte en algún rincón que no sea la terraza de un restaurante, sin demasiado éxito.
Lladosa insiste, en Roma en el bolsillo, en un tópico que comienza a ser una costumbre en su obra, el viaje iniciático. Es bien sabido por toda persona con más de un par de décadas a sus espaldas que los rigores de la vida ofrecen, en multitud de ocasiones, la necesidad de abandonar la hogareña rutina y enfrentarse al desafío de lo desconocido. Es el juego de la oca: en el camino puede ocurrir cualquier cosa. El amor, la fortuna, la desgracia, la muerte y, por qué no, la eternidad. Nos conmueven los personajes que viajan para transformar su vida o para olvidarla por completo. También existen vivencias que son como viajes a pie, con su atemporalidad medida en pasos cansados bajo el peso del sol que nos han de cambiar para siempre.
Piero, el protagonista de esta novela, deja atrás una vida acomodada. Viaja a Roma, a una ciudad invadida de turistas y de diletantes, pero que muestra su esencia renovadora a quien la sabe mirar bajo idéntica mirada. En sus libros publicados hasta la fecha, Ricardo Lladosa ofreció al lector en su debut literario un protagonista que viaja hasta Madagascar y, en su segunda novela, lo condujo hasta los châteaux bordeleses.
Roma en el bolsillo sigue el mismo esquema. Sin embargo, el truco narrativo funciona. La novela es un prodigio de la narrativa. Con un tono paciente, calculando la descripción exacta de cada detalle y siendo capaz de sumergir al lector en los peculiares y bellos paisajes romanos, es capaz de profundizar en la idiosincrasia italiana y, cómo no, en unos personajes construidos con sagacidad psicológica. Da gusto leer esta clase de narrativa, que parece recuperada de tiempos pretéritos. Roma en el bolsillo invoca el estilo de William Somerset Maugham o del Stefan Zweig narrador.
Esta novela se paladea, se disfruta y se lee de un tirón. No duele tampoco cuando se termina: está tan bien contado el relato de Piero Hermil que es imposible sentirse huérfano ante su final. Sencillamente, este libro ha sido creado para paladear y gozar con cada palabra. Por supuesto, adornado en un imaginario que es, en todo momento, discreto y elegante. Soñar, viajar y gozar leyendo. Todo esto es Roma en el bolsillo. Les invito a descubrirla y a juzgar por ustedes mismos si merece la pena esta novela más allá de mis impresiones, acertadas o equivocadas.